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Guerra informativa en Ucrania: Cuando la mentira es la verdad

Leandro Dario

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Kiev está ganando la batalla comunicacional, mientras Putin intenta controlar a las redes sociales en Rusia. El doble juego de las Big Tech: cómo modelan y limitan la información que reciben las audiencias sobre la guerra.

02 Marzo de 2022 17.12

La guerra en Ucrania se libra en el campo de batalla, pero también en los medios de comunicación y en las redes sociales. Si el bombardeo a Irak fue transmitido por la CNN, el conflicto bélico en Ucrania es relatado a través de posteos en Twitter y Facebook y mensajes en Telegram y WhatsApp. Allí, los videos parecen ser unívocos: Ucrania está ganando la guerra informativa. Pero, ¿son veraces? ¿Están chequeados por las plataformas donde se publican o por fuentes independientes?

La invasión interpela a la audiencia con un simple pero acuciante interrogante: ¿qué ves cuando me ves?

Imágenes de bombardeos sobre ciudades, de resistencia de civiles que preparan cócteles molotov y de la aparición de mitos como "el fantasma de Kiev", resistencias heroicas de militares y civiles ucranianos, y la construcción del otro como un enemigo son algunos de los relatos que se transmiten y difunden por estas horas. 

Sin embargo, la guerra que ven (o no ven) en Moscú es diametralmente distinta a la que observa Occidente. El férreo control del Kremlin sobre la población civil, los medios de comunicación, y las compañías tecnológicas garantiza que la mayoría de los ciudadanos rusos interpreten y entiendan el conflicto a través de otra lente. Putin apela a una narrativa nacionalista, de reconstrucción del orgullo nacional y de recuperación de la “Gran Rusia”. Al tiempo, manipula la Responsabilidad de Proteger y azuza una supuesta persecución a los rusos en el Donbass que, la batería de sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea traslada también a su propia población.

Zelenski, Putin

Según el analista militar Peter Singer, Ucrania fue exitosa en su guerra informativa porque desacreditó la narrativa del Kremlin previa a la invasión, que sostenía que ese país era una amenaza inminente para Rusia y estaba gobernada por “neonazis” y, una vez que ésta se consumó, asumió el papel de víctima que, pese a las asimetrías militares, batallaba por su libertad y democracia. Para eso, apeló a historias de heroísmo, martirio y a un rol activo del presidente como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

En tanto, Rusia está perdiendo la batalla informativa por un desajuste entre las necesidades estratégicas de Vladimir Putin (una victoria militar relámpago) y las necesidades operativas en el terreno operacional y comunicacional. El presidente apostaba a imponer a Occidente un hecho consumado, la capitulación y desmilitarización de Ucrania, algo que, por el momento, no consiguió.  

Si en Kiev la guerra informativa tiene distintos receptores (ucranianos y Occidente) y objetivos (levantar la moral a sus ciudadanos y, por otro lado, conseguir asistencia militar, política y humanitaria de Estados Unidos y la Unión Europea), en Moscú la batalla comunicacional apunta a regular a las big techs, para, a su vez, controlar el flujo de información que recibe la población rusa. Volodymyr  Zelensky apuesta a una estrategia comunicacional ofensiva, mientras que Putin se concentra en una defensiva, exactamente lo opuesto a lo que sucede en el teatro de operaciones militares.

 

Cómo juegan las Big Tech

Hace un año, Twitter creó Birdwatch, una herramienta que permite a los usuarios que chequean información insertar una nota a los tuits virales, advirtiendo que pueden ser engañosos y añadiendo contexto y fuentes fiables que desmientan el posteo en cuestión. Externalizando el proceso de chequeo, la red social apostaba por transparentar el proceso e imprimirle velocidad e inmediatez.

Hoy, Birdwatch sigue siendo un pequeño proyecto piloto, invisible para los usuarios y poco promocionado por Twitter. En definitiva, una herramienta inútil para determinar qué videos son veraces y cuáles no y, más importante aún, en qué contexto fueron grabados. El peligro de creer en la propaganda transmitida por las redes es la sobrestimación de la resistencia ucraniana y una lectura incorrecta de lo que pasa en el terreno.

Twitter

Las Big Tech también están en el centro de la polémica en Rusia. El Gobierno de Putin intimó esta semana a Google, Meta, Apple, Twitter, y TikTok, entre otras, a acatar una nueva ley que las obliga a registrarse como entidades jurídicas en Rusia. El plazo para adecuarse a la norma venció el 28 de febrero, cinco días después del inicio de las hostilidades en Ucrania. Obligadas a registrar una cuenta en el ente regulador Roskomnadzor y crear un formulario para que los ciudadanos o las autoridades puedan presentar quejas, las empresas serán más vulnerables al sistema legal ruso y a las exigencias del Gobierno, según expertos y organizaciones de la sociedad civil citados por The New York Times.

Esas mismas compañías señalan y etiquetan en Occidente a periodistas que trabajan en medios estatales rusos, mientras que en Rusia se ajustan a las exigencias de censura del Kremlin. Sin necesidad de una Cortina de Gigabytes que divida al mundo en dos, las big tech se acostumbran a un doble juego, censurando, limitando o desacreditando el contenido que no agrada a las autoridades en Occidente y en Oriente.

No es cierto que la primera víctima de la guerra es la verdad, frase atribuida al ex senador estadounidense Hiram Johnson. La primera víctima son los que mueren bajo las bombas y el fuego de artillería en Ucrania. 

Pero en tiempos de posverdad, hay que observar qué intenta ser tapado por las autoridades. La desinformación y las operaciones tergiversan los hechos y crean una verdad alternativa, que, en definitiva, no es más que una mentira. 

Trasladado al lenguaje rockero, hay que preguntarse qué queda oculto cuando la mentira es la verdad. 

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