El acuerdo UE–Mercosur: Milei capitaliza un hito histórico en medio de la grieta geopolítica
El tratado entre el Mercosur y la Unión Europea crea el mayor espacio de libre comercio del mundo, con hasta 780 millones de personas y cerca del 25% del PBI global. Javier Milei lo definió como “el logro más importante de la historia del Mercosur” y prometió que la Argentina “no se detiene en este acuerdo”. Ahora, el futuro del pacto dependerá de una compleja batalla de ratificación en los parlamentos de ambos lados del Atlántico

La firma del acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea en Asunción consagra, después de 26 años de negociaciones, la creación del área de libre comercio más grande del mundo, con entre 720 y 780 millones de personas y cerca del 25% del PBI global. 

El presidente argentino Javier Milei lo definió como “el logro más importante de la historia del Mercosur”, pero la foto del día también exhibió tensiones: la silla vacía de Luiz Inácio Lula da Silva y la fría reacción del presidente argentino cuando el brasileño fue elogiado desde el escenario.​

Un tratado gigante tras 26 años de idas y vueltas

La escena central fue el Gran Teatro José Asunción Flores, dentro del Banco Central de Paraguay, el mismo complejo donde en 1991 se firmó el Tratado de Asunción que dio origen al Mercosur. Allí, ante unas 800 personas, se rubricó un acuerdo que “al entrar en funcionamiento creará el área de libre comercio más grande del mundo, con 720 millones de personas”.​

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En primera fila estaban Milei, el anfitrión Santiago Peña y el uruguayo Yamandú Orsi, mientras que por la UE firmaron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el titular del Consejo Europeo, António Costa. También participaron los presidentes de Bolivia, Rodrigo Paz, y de Panamá, José Raúl Mulino, países en distintas etapas de incorporación al bloque sudamericano.​

Pese a la presencia de los mandatarios, las firmas formales quedaron en manos de los cancilleres: Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay), Pablo Quirno (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Fernando Aramayo (Bolivia), Mario Lubetkin (Uruguay) y Javier Martínez‑Acha, mientras que por la UE estampó su firma el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič. La ceremonia se celebró a las 13.50, en un gesto de cierre a “un proceso de más de dos décadas de idas y vueltas diplomáticas”.​

Milei, entre el aplauso global y el gesto helado a Lula

En su discurso, Peña celebró a su “querido amigo Javier Milei” y, al mismo tiempo, subrayó el rol del presidente brasileño. “No puedo dejar de mencionar aquí a un gran y querido, hoy lastimosamente ausente, sin el cual no hubiésemos llegado a este día. Me refiero al presidente Luiz Inácio Lula da Silva”, afirmó, desatando un aplauso generalizado al que Milei no se sumó. El gesto, repetido cuando Peña envió un “saludo a la distancia” a Lula, expuso la frialdad que marca hoy la relación entre Buenos Aires y Brasilia.​

La ausencia de Lula quedó en el centro de las crónicas internacionales. El País de España recordó que el brasileño “quería que el acuerdo se firmase en diciembre, durante la presidencia pro tempore de Brasil, y al plantón europeo de ese momento responde ahora con el suyo y envía al canciller, Mauro Vieira”. El diario paraguayo ABC habló de un “vacío protocolar” y remarcó que, aun así, la firma “simboliza el cierre de un proceso de más de dos décadas de idas y vueltas diplomáticas”.​

Milei aprovechó su turno para asociar el logro a su agenda de apertura económica. Afirmó que “el encierro y el proteccionismo son los máximos responsables del estancamiento crecimiento de la pobreza” y prometió que la Argentina “no se detiene en este acuerdo”. “Tenemos que ser más dinámicos y acelerar con una economía global. Argentina continuará impulsando nuevas iniciativas comerciales con todos aquellos socios que compartan una visión de apertura de mercado y libertad”, señaló, mencionando negociaciones con Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes Unidos.​

También anticipó un movimiento clave en el frente interno: “Llevará la firma del acuerdo Mercosur‑UE al Congreso durante las sesiones extraordinarias de febrero” para lograr una ratificación rápida.​

Qué se firmó: aranceles, mercado y proyecciones para la Argentina

Desde el punto de vista económico, el acuerdo UE–Mercosur es de una escala poco frecuente. La Cancillería argentina lo describe como “una oportunidad estratégica” que abarca dimensiones comerciales, políticas y de cooperación, originando “uno de los espacios económicos integrados más relevantes, con cerca de 700 millones de personas y alrededor del 25% del PIB mundial”.​

En el plano arancelario, la Cámara Argentina de Importadores (CIRA) estima que la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones provenientes del Mercosur, “la mayoría inmediatamente, y una minoría con plazo diferido”, mientras que el resto accederá con cuotas desgravadas. Del otro lado, el Mercosur elimina aranceles para el 91% de sus importaciones desde la UE, en forma gradual, dejando excluido al 9% considerado “productos sensibles”.​

El tratado también “propone la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales, la reducción de barreras no arancelarias y la unificación de regulaciones en áreas como inversiones, propiedad intelectual y estándares sanitarios y técnicos”. Se prevé, además, remover obstáculos para el comercio de servicios, permitir a empresas sudamericanas participar en compras públicas en igualdad de condiciones y simplificar trámites mediante el reconocimiento mutuo y normas de origen autocertificables.​

Para la Argentina, la Cancillería proyecta un salto exportador significativo: “Las exportaciones argentinas a la UE crecerán un 76% en los primeros cinco años de vigencia y hasta un 122% en un horizonte de diez años”. En números, las ventas pasarían “de casi U$S 8.641 millones en 2025 a U$S 15.166 millones en el plazo de cinco años y a U$S 19.165 millones en un horizonte de diez años”, con fuerte dinamismo en energía y minería —en especial litio, cobre e hidrocarburos— además de agroindustria y manufacturas de origen agropecuario.​

Hoy, el intercambio comercial entre ambos bloques supera los 111.000 millones de euros, con Europa como mercado clave para productos agrícolas sudamericanos y el Mercosur como destino de maquinaria, automóviles, químicos y farmacéuticos europeos. Para las empresas europeas, se calcula un ahorro anual de hasta 4.000 millones de euros en derechos aduaneros, y la posibilidad de que la inversión extranjera directa hacia el Mercosur se duplique.​

Entusiasmo, advertencias y la batalla de las ratificaciones

En Asunción, el tono fue de celebración, pero puertas afuera no faltaron las advertencias. Ursula von der Leyen destacó que el acuerdo “envía un fuerte mensaje al mundo” y que “Sudamérica elige integración, beneficios para nuestra gente y nuestros negocios”. Para la líder europea, el pacto es “una señal al mundo: hemos optado por la cooperación” y consolida a Europa como principal inversor extranjero en la región, con beneficios para unas 60.000 empresas europeas. António Costa, presidente del Consejo Europeo, lo definió como “un auténtico hito en la decidida apuesta de la UE para apuntalar nuestra seguridad económica” y sostuvo que “juntos somos más fuertes para enfrentarnos a desafíos comunes”, rechazando “la ley del más fuerte”.​

En la región, Santiago Peña habló de un momento “largamente esperado” y pidió que Europa y Sudamérica “deben unirse para mostrar un camino diferente en un mundo complejo, inestable, peligroso”. “Necesitamos un futuro que reúna lo mejor de la cultura europea con lo mejor de la sudamericana para generar una nueva síntesis. Más integración, más cooperación, más fraternidad y, sobre todo, más humanidad”, remarcó.​

Pero la recepción europea es más matizada. Le Monde tituló que “en la Argentina, las destrucciones masivas de empleos en la industria local podrían verse acentuadas por el acuerdo UE‑Mercosur” y recordó que “desde que Javier Milei llegó al poder hace dos años, se han perdido más de 280.000 empleos, principalmente en la industria”, aunque el PBI crece por encima del 4% impulsado por exportaciones de commodities y servicios. En Francia y España, sectores agrícolas siguen rechazando el acuerdo por temor a la llegada masiva de carne, arroz, miel o soja sudamericanos.​

La consultora ABECEB subraya la dimensión geopolítica: para la UE, el tratado “sirve para reducir la dependencia de Asia y reforzar su influencia en América del Sur”; para el Mercosur, permite “diversificar alianzas, reducir la dependencia de China y reposicionarse como actor relevante en el comercio global”.​

El acuerdo enfrenta ahora su tramo más delicado: la ratificación. En Europa, la oposición de algunos países mantiene en duda la aprobación plena y ya se anticipan recursos judiciales en el Parlamento Europeo. En el Mercosur, la falta de una institucionalidad supranacional obliga a ratificaciones individuales en cada Congreso. Como alternativa, se discute un Acuerdo Interino que podría aplicar de inmediato la parte comercial, pero su entrada en vigor también depende del voto europeo y de los cuatro socios sudamericanos.​

En ese tablero, Milei busca presentarse como el rostro más decidido de la apertura: celebra que “el encierro y el proteccionismo” queden atrás y promete una Argentina “más dinámica” en el frente de acuerdos. La paradoja es que el éxito de su apuesta dependerá, en buena medida, de los mismos parlamentos —en Bruselas y en Buenos Aires— donde el acuerdo todavía tiene que demostrar que no es solo un hito diplomático, sino un negocio sostenible para sociedades que llegan a este punto con entusiasmos y miedos en partes iguales.