Los desacuerdos que se postergan escalan dentro de los equipos, deterioran los vínculos laborales y obligan a los líderes a intervenir cuando el daño ya resulta más difícil de reparar.
Hacer que la comunicación asincrónica sea la norma significa que el trabajo siempre se realiza en sus términos. Saber que ningún mensaje requerirá una respuesta inmediata y que los colegas no esperarán una, despeja el camino para períodos ininterrumpidos de flujo.