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El nuevo mapa energético
Nicolas Perez

El nuevo mapa energético de la Argentina: cómo el RIGI redefinió las inversiones y abrió una nueva etapa para el sector

Florencia Radici Editora

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El incentivo para grandes proyectos se consolidó como el principal motor de las inversiones en energía y minería. Ejecutivos de KPMG y Adcap coinciden en que el mayor activo del régimen no son los beneficios fiscales, sino la previsibilidad que ofrece a inversores que planifican a 20 o 30 años.

4 Agosto de 2026 09.56

La energía atraviesa uno de los momentos de mayor transformación de las últimas décadas. Mientras Vaca Muerta acelera su desarrollo, los proyectos de gas natural licuado (GNL), minería y nuevas obras de infraestructura avanzan con cronogramas cada vez más ambiciosos. Detrás de ese proceso aparece un denominador común: el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que, a poco más de un año de su implementación, ya se convirtió en una de las herramientas más influyentes para atraer capitales hacia la Argentina.

Durante el Forbes Energy Summit, referentes del sector coincidieron en que el régimen marcó un punto de inflexión para la llegada de inversiones de largo plazo. En un panel dedicado al nuevo mapa energético, Hernán Mandará, socio de Impuestos de KPMG Argentina especializado en Energía, Recursos Naturales y Minería, y Lucas Confalonieri, socio de Adcap Grupo Financiero, analizaron el impacto del programa, sus desafíos y las oportunidades que abre para el país.

Para Mandará, el diagnóstico es contundente. "El RIGI es un éxito. Ya hay inversiones comprometidas por US$ 140.000 millones y brinda previsibilidad por 30 años. Para muchos inversores extranjeros, esa estabilidad vale incluso más que los incentivos fiscales", afirmó durante el encuentro.

Más que beneficios fiscales

Aunque el debate público suele concentrarse en las ventajas tributarias del régimen, los especialistas sostienen que el principal diferencial está en otro aspecto: la seguridad jurídica.

Según explicó Mandará, quienes analizan desembolsos multimillonarios para proyectos cuya vida útil supera las dos décadas priorizan contar con reglas claras sobre impuestos, acceso al mercado cambiario y régimen aduanero.

"Cuando nos reunimos con inversores del exterior, lo primero que preguntan no es por los beneficios fiscales. Preguntan por las estabilidades", explicó el ejecutivo, quien trabajó durante dos décadas en YPF antes de incorporarse a KPMG.

El especialista recordó que Argentina ya implementó otros regímenes de promoción en el pasado, pero señaló que esta vez se incorporaron mecanismos para otorgar mayores garantías respecto del cumplimiento de esas reglas durante toda la vida del proyecto.

Esa previsibilidad, sostienen en el sector, resulta casi tan importante como la calidad del recurso natural.

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Hernán Mandará, socio de Impuestos de KPMG Argentina 

Un nuevo flujo de capitales

Desde la visión financiera, Confalonieri considera que el RIGI logró modificar la percepción internacional sobre Argentina y abrir nuevamente el acceso a grandes inversores institucionales.

"El flujo de capitales está siendo posible en virtud del RIGI y de la mejora en la percepción internacional. La ley de hidrocarburos no tenía reformas importantes desde hace más de 30 años y el régimen vino, en parte, a cubrir esa deuda para los grandes proyectos", explicó.

Hasta el momento, según los datos expuestos durante el panel, existen más de 28 proyectos aprobados o en proceso de aprobación por unos US$ 25.000 millones bajo el régimen, mientras que el volumen total de inversiones comprometidas ronda los US$ 140.000 millones considerando las distintas iniciativas anunciadas.

Ese escenario permitió que compañías líderes del sector energético consiguieran financiamiento internacional en mejores condiciones.

Confalonieri destacó que empresas como YPF, Vista o Pampa Energía lograron emitir deuda a plazos de entre diez y doce años con tasas cercanas al 7% u 8%, mientras que otras compañías pagan rendimientos superiores según su perfil crediticio.

"Los inversores empiezan a diferenciar el riesgo de cada empresa del riesgo soberano. Analizan los contratos, los flujos de caja y la calidad de los activos", explicó.

La deuda pendiente: los proveedores

Si bien el consenso sobre el RIGI es ampliamente positivo, ambos especialistas reconocieron que el régimen beneficia principalmente a las inversiones de gran escala.

La situación plantea un desafío para la extensa red de proveedores que abastece a Vaca Muerta y al resto de los desarrollos energéticos.

Confalonieri señaló que el denominado "RIMI", pensado para proyectos de menor tamaño, ofrece únicamente incentivos fiscales y no contempla la misma protección cambiaria ni aduanera.

"Hoy parece haber una industria a dos velocidades. Las grandes empresas acceden a financiamiento internacional de largo plazo, mientras que muchas compañías proveedoras siguen dependiendo del mercado doméstico con plazos mucho más cortos", sostuvo.

Mandará coincidió en que todavía existen desafíos para fortalecer a toda la cadena de valor, aunque consideró que el fuerte crecimiento de la actividad representa, al mismo tiempo, una oportunidad inédita para las empresas locales.

¿Qué lugar ocupa la agenda ESG?

Otro de los temas abordados durante el panel fue el peso creciente de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en las decisiones de financiamiento.

Confalonieri sostuvo que, si bien continúan siendo relevantes, los grandes bancos internacionales comenzaron a flexibilizar algunas de sus metas de descarbonización frente a las nuevas necesidades de abastecimiento energético global.

Según explicó, esa tendencia podría favorecer especialmente a Vaca Muerta, donde operan compañías internacionales con experiencia en el desarrollo de grandes proyectos.

Mandará agregó que la medición de la huella de carbono empieza a ser un factor observado por las entidades financieras, aunque todavía no representa una barrera determinante para acceder al crédito.

"No tener correctamente medida la huella ambiental puede terminar impactando en el costo del financiamiento", advirtió.

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Lucas Confalonieri, de Adcap

Un régimen pensado para perdurar

Uno de los principales interrogantes gira alrededor de la continuidad del esquema una vez que concluya el plazo previsto para nuevas adhesiones.

Los ejecutivos coincidieron en que la estabilidad regulatoria será determinante para sostener el flujo de inversiones.

Confalonieri remarcó que los fondos internacionales que financian infraestructura energética proyectan retornos a 20 o 30 años, por lo que necesitan reglas estables independientemente de los cambios políticos.

Mandará fue aún más explícito. "Argentina necesitaba convencer a inversores dispuestos a desembolsar US$ 1.000 millones o más. El RIGI está funcionando y sería una pena revisar un esquema que está dando resultados", afirmó.

Energía, el gran motor de la próxima década

Más allá del debate sobre la evolución futura del régimen, los especialistas coincidieron en que la energía y la minería seguirán concentrando buena parte de las inversiones privadas durante los próximos años.

El desarrollo de Vaca Muerta, la expansión de la infraestructura para exportar petróleo y gas, el crecimiento del GNL y la recuperación de la minería aparecen como algunos de los principales motores de la economía argentina.

En ese contexto, el RIGI dejó de ser únicamente un régimen de promoción para convertirse en uno de los pilares sobre los que se apoya la nueva estrategia energética del país.

Para el mercado, el éxito del programa ya no se mide solamente por los incentivos fiscales que ofrece, sino por haber conseguido algo que durante años resultó esquivo para la Argentina: volver a colocar al país en el radar de los grandes inversores globales.

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