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Longevidad, silver economy (Foto: Pexels)
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Longevidad, silver economy (Foto: Pexels)
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La segunda revolución de la longevidad: ¿Estamos diseñando ciudades en blanco y negro?

Andrea Falcone CEO & founder de Falcone abogados de adultos +55

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Vivir más ya no es un misterio genético, sino una construcción del entorno. El desafío actual es rediseñar nuestras ciudades y organizaciones para que los años ganados sean una oportunidad y no un retroceso.

24 Abril de 2026 08.24

Durante años, las llamadas “zonas azules”, popularizadas por Dan Buettner y su trabajo difundido globalmente (incluido el documental de Netflix), fueron presentadas como anomalías: lugares donde las personas viven más gracias a una combinación casi mágica de factores.

Hoy sabemos que no hay nada místico en eso. Son entornos donde se alinean decisiones concretas: cómo se diseñan las ciudades, cómo se organizan los vínculos sociales, cómo se come, cómo se trabaja y cómo se vive.

Y también sabemos algo más: cuando esas condiciones se deterioran, los resultados cambian. Un ejemplo claro es la península de Nicoya, en Costa Rica. Según el V Informe de la Universidad de Costa Rica (2025), las generaciones más jóvenes están abandonando los hábitos que hicieron célebre a esa comunidad: dietas tradicionales reemplazadas por ultraprocesados, aumento de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión. En menos de una década, estas enfermedades crecieron un 35% en menores de 40 años.

La conclusión es directa: la longevidad no es genética. Es el entorno.

El problema es que, aunque entendimos qué funciona, no estamos diseñando nuestras ciudades para sostenerlo.

El mundo cambió. Desde 1950, la fertilidad global cayó más de un 50% y la expectativa de vida aumentó más de 30 años. Esto no es solo un dato demográfico: es un cambio estructural que redefine la fuerza laboral, los mercados y la vida urbana.

Generación silver (imagen generada por Gemini)
Generación silver (imagen generada por Gemini)

Estamos entrando en la segunda revolución de la longevidad. La primera extendió los años de vida. La segunda define cómo vivimos esos años.

Y ahí es donde nuestras ciudades empiezan a quedar en blanco y negro, diseñadas con lógicas del pasado, en un mundo que ya está en color.

Hoy, la mayoría de los entornos urbanos sigue operando con lógicas del siglo XX: trayectorias laborales lineales, sistemas de salud centrados en la enfermedad, espacios que segregan generaciones —especialmente a las personas mayores— y mercados que no entienden el nuevo perfil de consumo.

Si tomamos los elementos que hicieron funcionar a estas comunidades longevas, no deberíamos preguntarnos cómo replicarlas, sino cómo traducir esos principios a ciudades contemporáneas.

Una ciudad preparada para esta nueva realidad no es una ciudad con más servicios para personas mayores. Es una ciudad rediseñada desde la nueva longevidad, pensada para todas las generaciones y desde edades tempranas. Eso implica, al menos, cinco cambios estructurales:

Primero, pasar de modelos laborales rígidos a esquemas que permitan trayectorias más largas, diversas y productivas, donde las personas puedan seguir aportando valor durante más tiempo.

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(Foto: Pexels)

Segundo, construir entornos que favorezcan la cohesión intergeneracional, evitando la segregación por edad y reduciendo el edadismo, que hoy impacta especialmente sobre las personas mayores.

Tercero, rediseñar los sistemas de salud hacia la prevención y la predicción, dejando atrás un modelo centrado exclusivamente en la crisis.

Cuarto, desarrollar una nueva arquitectura financiera de la longevidad. Hoy el riesgo y la responsabilidad están desplazándose cada vez más hacia los individuos, pero sin la educación ni las herramientas necesarias para sostener y financiar 30 años más de vida. El desafío es cerrar esa brecha.

Y quinto, entender que la longevidad dio lugar a un nuevo paradigma económico: la economía de la longevidad, ya considerada una de las mayores del mundo, con un peso estimado de más de US$ 15 trillones a nivel global. El desafío no es reconocer su tamaño, sino diseñar propuestas de valor adecuadas y cambiar la forma en que se comunica y se entiende este mercado.

Estas no son tendencias. Son tensiones que ya están impactando en las organizaciones y en las ciudades.

longevidad, silver economy (Foto: Pexels)
(Foto: Pexels)

En 2022 desde el Silver Economy Forum LATAM empezamos a poner foco en el valor de la generación silver y las oportunidades de la economía de la longevidad. Hoy el desafío es ir un paso más allá: entender cómo este cambio demográfico, si se gestiona a tiempo, puede convertirse en una ventaja estratégica para organizaciones, ciudades y países. Porque si no se gestiona, esos 30 años adicionales de vida no van a ser un logro. Más bien, todo lo contrario.

En ese contexto nace The Shift Challenge, una iniciativa que busca acompañar a organizaciones, gobiernos y líderes en esta transición, aportando estándares, diagnóstico y herramientas para pasar de la conversación a la acción.

Pero esto requiere un cambio de enfoque. Implica que personas, organizaciones y gobiernos puedan salir de la lógica de la coyuntura y empezar a tomar decisiones de largo plazo. Implica entender que este no es un ajuste marginal, sino un rediseño profundo.

Porque las ciudades no se vuelven preparadas para la longevidad por inercia.
Se vuelven preparadas cuando alguien decide empezar a diseñarlas para el futuro.
Y ese futuro —si queremos que funcione— tiene que ser para todas las generaciones.


* Sobre Andrea Falcone

Andrea Falcone es abogada. Fundó y lidera The Shift Challenge, desde donde impulsa acciones frente al cambio demográfico. Lidera el Silver Economy Forum y dirige programas ejecutivos en universidades. Es speaker internacional y comunicadora en medios.

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