La recuperación de la economía dependerá en parte de la evolución de la pandemia

La pandemia de COVID-19 golpeó a una economía argentina que venía de enfrentar en los últimos años una situación crítica, caracterizada por registros inflacionarios muy elevados y un persistente proceso recesivo, producto de una crisis de balance de pagos y de deuda pública.

La combinación de shocks negativos de oferta y de demanda que implicó el Coronavirus en el primer trimestre de 2020 agravó el cuadro de fragilidad económica y social, y llevó al Gobierno nacional y al Banco Central a desplegar un conjunto de políticas fiscales, monetarias y crediticias destinadas a sostener los ingresos de los hogares, preservar el empleo y aliviar financieramente a las empresas. Pese a estos esfuerzos, llevados a cabo en un contexto de reducido espacio fiscal y monetario, se estima que la economía argentina caería en 2019 en torno al 11%.

La consolidación del proceso de recuperación de la actividad económica dependerá mayormente de la evolución de la pandemia. La mejora en la situación epidemiológica a fines de octubre permitió ampliar la habilitación de sectores como el turismo interno y el transporte, otorgando un nuevo impulso al consumo y a la actividad. Asimismo, la pronta disponibilidad de una vacuna evitaría nuevas y eventuales restricciones que pudieran retrasar la recuperación. Del lado de la demanda, la recomposición del salario real, una mayor propensión a consumir en un contexto menos incierto, el impulso previsto a la inversión pública, y un mayor dinamismo de las exportaciones auguran un 2021 con un rebote importante del PIB, donde la proyección contemplada en el Presupuesto Nacional (expansión del 5,5%) se presenta como un escenario moderado.

En materia de precios, durante todo 2020 se verificó un proceso de baja gradual en la tasa de inflación, que fue viable dentro de un entorno de reducida volatilidad del tipo de cambio oficial propiciada por el régimen de flotación administrada implementado por el BCRA. En efecto, la inflación se ubicó en 37,2% interanual en octubre, 16,6 puntos porcentuales por debajo de la observada en diciembre de 2019. Las subas salariales acotadas durante el ASPO, junto con el congelamiento de las tarifas, contribuyeron a esta desaceleración de la inflación. Hacia adelante algunos factores podrían ejercer presión sobre el proceso de formación de precios, pero se espera que una baja gradual en la inflación continúe durante 2021.

Las aceleraciones inflacionarias en Argentina típicamente están asociadas a grandes depreciaciones del tipo de cambio. Es por ello que será fundamental preservar la estabilidad cambiaria. El nivel actual del tipo de cambio real, el repunte en los precios globales de las materias primas, la reestructuración de la deuda externa pública y la refinanciación de la deuda privada, que lograron descomprimir los vencimientos de corto plazo, los avances en un nuevo acuerdo con el FMI y la reversión de ciertas dinámicas que hicieron que este año el superávit de cuenta corriente no se reflejara en el balance cambiario sugieren un escenario auspicioso en tal sentido.

Durante 2020 el crecimiento observado en la demanda de dinero contribuyó a absorber una significativa porción de los recursos volcados a la economía. El cociente entre los medios de pago (M2) y el PIB alcanzó su nivel máximo de 17,1% en junio. No obstante, desde julio el nivel de M2 respecto del PIB comenzó a descender gradualmente. En este contexto, se espera que el M2 termine el año en torno al 14% del PIB. Por su parte, la base monetaria terminaría el año en un nivel equivalente al 8% del PIB, lo cual representa un valor 0,5% por debajo del promedio para el período 2010-2019. El BCRA seguirá con su compromiso de mantener la liquidez de la economía en niveles adecuados para el período de normalización postpandemia. Esto permite prever un escenario con trayectorias consistentes de tasas de interés, tipo de cambio y precios.

En virtud de los resultados favorables obtenidos respecto de la reestructuración de la deuda pública, el Gobierno nacional logró avanzar en el proceso de reconstrucción del mercado de deuda doméstica, logrando en octubre el mayor financiamiento neto en lo que va del año. El BCRA también utilizó durante estos meses su capacidad de intervención a través de operaciones de mercado abierto, a los efectos de auspiciar una mayor liquidez, profundidad y transparencia de los mercados de deuda soberana. Estas acciones permitirán apuntalar el comienzo de una nueva etapa, en la que el mercado de capitales local asuma una importancia creciente en la estrategia de financiamiento del sector público