Las expectativas empresariales siguen siendo positivas, aunque ya no anticipan un salto abrupto de la economía. El escenario que predomina entre los principales ejecutivos del país es el de una recuperación gradual, con menor volatilidad, pero también con marcadas diferencias entre sectores y dificultades que todavía condicionan las decisiones de inversión.
Así surge de la Encuesta de Expectativas IDEA 2026, un relevamiento realizado entre 218 directivos de empresas socias de IDEA. El 80% de los consultados considera que la situación económica será mejor dentro de doce meses. Sin embargo, el dato contiene una señal de moderación: el 68% espera que sea “moderadamente mejor” y solamente el 12% proyecta una mejora significativa.

“Nadie está esperando acá ni una crisis ni una explosión. Pareciera que la economía se va canalizando hacia perspectivas más normales”, explicó Santiago Mignone, presidente de IDEA y socio de PwC Argentina, durante la presentación del informe.
La visión favorable convive con una evaluación más cautelosa de lo ocurrido durante el último año. El 65% de los ejecutivos considera que la economía mejoró, mientras que el 21% sostiene que empeoró y el 14% no identifica grandes cambios. La percepción positiva se apoya principalmente en el ordenamiento macroeconómico, la desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal, una mayor estabilidad cambiaria y la acumulación de reservas.
En sentido contrario, quienes hacen una evaluación negativa mencionan la caída o el estancamiento del consumo y la pérdida de poder adquisitivo como los principales factores que limitaron la recuperación.

Una recuperación menor a la esperada
La encuesta también expone la distancia entre las expectativas y los resultados efectivos. En 2025, el índice elaborado por IDEA para medir las perspectivas empresariales había proyectado 72 puntos para el período siguiente. Cuando los ejecutivos evaluaron lo que finalmente ocurrió, el resultado fue de 62 puntos: diez menos de lo previsto.
Pese a esa brecha, el índice de expectativas para los próximos doce meses se ubicó en 71 puntos. Es decir, el optimismo se mantiene prácticamente en el mismo nivel, aunque ahora aparece atravesado por una mayor moderación.
“Empezaste diciendo que la inflación iba a ser del 20% y hoy estás más cerca del 30%. Empezaste diciendo que se iba a crecer 4% y vas a crecer 2,5%. Había una expectativa superior a lo que termina siendo el año”, explicó el economista Santiago Bulat, encargado de presentar el contexto macroeconómico del informe.
En esa línea, la actividad recuperó lo perdido durante la contracción iniciada en 2022, pero después comenzó a exhibir un comportamiento irregular. Tras una caída del 8,6%, la economía rebotó 10,7%. Sin embargo, el Estimador Mensual de Actividad Económica retrocedió 0,5% mensual en mayo, luego de una caída en abril, y mostró una pérdida de impulso durante el segundo trimestre.

A esto se suma una fuerte heterogeneidad sectorial. Entre enero y mayo, minería, petróleo y gas crecieron 14% interanual, el agro avanzó 11,5% y la intermediación financiera aumentó 5,7%. En cambio, la industria cayó 2,7%, el comercio retrocedió 1,7% y la administración pública bajó 1,4%.
La industria quedó rezagada
La diferencia también aparece cuando los ejecutivos analizan la situación de sus propias compañías. El 44% considera que su empresa está mejor que un año atrás, por debajo del 52% registrado en 2025.
La brecha sectorial es marcada: entre las empresas de servicios, el 51% observa una mejora, mientras que en la industria esa proporción cae al 26%. Para Mignone, el sector industrial enfrenta mayores dificultades para adaptarse al nuevo escenario productivo y financiero.
“La industria tiene una mayor dificultad de adaptación que los servicios”, señaló. No obstante, consideró que la estabilización de las tasas y la recomposición del capital de trabajo podrían explicar la mejora en las expectativas industriales para el próximo período.

Las perspectivas sobre las principales variables económicas también son mayormente favorables. El 74% espera que el PBI crezca, el 68% anticipa una reducción de la inflación y el 57% proyecta una disminución de las tasas de interés.
En materia cambiaria, el escenario predominante no es el de un salto discreto: el 84% espera que el dólar aumente moderadamente durante los próximos doce meses. Para Bulat, el mercado proyecta que el tipo de cambio acompañará parcialmente la inflación, sin quedar completamente estable ni registrar una suba abrupta.
El empleo, en cambio, aparece como la variable con menor consenso. El 36% espera un aumento del desempleo, otro 36% considera que se mantendrá sin cambios y el 28% proyecta una disminución.
Más ventas, pero menos inversión
Las empresas anticipan una mejora de la actividad comercial: el 68% de los ejecutivos espera que sus ventas aumenten durante el próximo año y el 24% cree que permanecerán estables. Sin embargo, la recuperación esperada todavía no se traslada con la misma fuerza a la inversión.

El 43% proyecta incrementar sus desembolsos, mientras que el 45% planea mantenerlos sin cambios. Además, la inversión anual estimada cayó del 14% de la facturación en 2025 al 10% en 2026, el nivel más bajo desde 2015.
Bulat relacionó esta disminución con el desempeño de las importaciones de bienes de capital, que habían crecido durante 2025 y posteriormente comenzaron a retroceder.
La caída de la inversión contrasta con el incremento en la utilización de la capacidad instalada. El 46% de las empresas afirma que opera entre el 86% y el 100% de su capacidad, frente al 36% del año anterior. Apenas el 20% trabaja por debajo del 70%.
Al mismo tiempo, el 83% de los ejecutivos considera que instrumentos como el RIGI o un eventual Súper RIGI podrían tener un impacto significativo o moderadamente positivo sobre la capacidad argentina para atraer inversiones estratégicas.
Los impuestos, el principal obstáculo
La carga impositiva aparece, por amplio margen, como el mayor impedimento para el crecimiento empresarial. Fue mencionada por el 72% de los directivos, seguida por la inflación, con el 30%, y el exceso de regulaciones, con el 27%.
“Los impuestos se llevan la marca. La productividad y la competitividad están en los impuestos”, afirmó Mignone. El presidente de IDEA señaló que la preocupación no se concentra únicamente en la administración nacional, sino también en tributos provinciales y municipales como Ingresos Brutos y las tasas locales.
“El Gobierno nacional está prendiendo el aire acondicionado y los gobiernos subnacionales prenden la calefacción. Entonces, al final del día, la temperatura es la misma”, graficó.
Para Mignone, la mayor estabilidad macroeconómica debería abrir una etapa de transformación productiva, con reformas orientadas a mejorar la competitividad y reducir la informalidad. También identificó un cambio estructural de la economía “hacia el oeste”, impulsado por la minería, Vaca Muerta y el desarrollo de los recursos naturales.
No se trata, advirtió, de una transformación inmediata ni capaz de resolver por sí sola los problemas de empleo y consumo. Pero sí de un proceso de largo plazo que podría modificar la distribución de la actividad, generar nuevos servicios y traccionar sectores como la construcción, la logística, la salud, la gastronomía y la educación.
La encuesta deja así una fotografía con dos planos. En el primero, los empresarios respaldan el rumbo macroeconómico y esperan que la economía siga mejorando. En el segundo, reconocen que la recuperación fue menor de lo previsto, que sus efectos se distribuyen de manera desigual y que la estabilidad todavía debe convertirse en más inversión, productividad y crecimiento empresarial.