Lex Bouzari no responde al uniforme clásico de los fundadores tecnológicos: pantalones de gabardina y campera con capucha. Lejos de ese estilo, diseña buena parte de su propia ropa. Imaginate a Willy Wonka fuera de control: cuellos enormes y zapatos de auténtica piel de cocodrilo.
El interior de su departamento en París, una imponente vivienda del siglo XIX sobre una avenida arbolada que nace en el Arco del Triunfo, mantiene ese mismo espíritu maximalista. Todo, desde las alfombras jaspeadas hasta los sillones verde lima e incluso la vajilla, nació de la imaginación de este emigrado franco-iraní de 65 años. “Simplemente me encanta diseñar”, afirma Bouzari, cofundador y CEO de DDN, una empresa de almacenamiento de datos. “A lo largo de los años, desarrollé una red de personas capaces de convertir mis bocetos en objetos que realmente pueden fabricarse”, cuenta en diálogo con Forbes.
Las elecciones de ropa de Bouzari desconciertan a sus colegas. "Muy inusual... Le pedí que moderara su estilo hace años", dice Paul Bloch, de 65 años, cofundador junto a Bouzari, quien prefiere una vestimenta "conservadora" en las reuniones. "Inapropiado" fue el tajante veredicto del CEO de Nvidia, Jensen Huang, según relata Bouzari. Hasta algunos parisinos se burlan de él: "Paran el auto en la calle para decirme: '¿No los matamos a todos en la Revolución Francesa?'", cuenta Bouzari, quien reparte sus días entre París y Las Vegas, donde decoró su casa con detalles propios del art déco.

Aunque las preferencias pueden variar, DDN representa, sin dudas, la obra mayor de Bouzari. Desde 1998, la compañía, con sede en Chatsworth, California, administra el almacenamiento de datos de las supercomputadoras más rápidas del planeta. Estas máquinas procesan información a ritmos extremos, más de un quintillón (un uno seguido de 18 ceros) de operaciones por segundo, siempre que reciban los datos con suficiente rapidez. Por entonces, los discos duros que guardaban esa información solían convertirse en el principal cuello de botella. Bouzari vende discos duros ultrarrápidos y recurre a un software que divide archivos enormes para distribuirlos simultáneamente entre miles de unidades. "Permitimos que las autopistas de datos se llenen de autos, sin atascos, donde cada carril esté siempre lleno", afirma.
A lo largo de los años, Bouzari y Bloch transformaron DDN, financiada en gran parte con recursos propios, en una empresa con una facturación anual cercana a los US$ 300 millones. Sin embargo, el negocio siempre tuvo un alcance limitado. Apenas unos pocos cientos de laboratorios en todo el mundo utilizaban este tipo de supercomputadoras. Entonces, el ritmo de crecimiento perdió fuerza.
Entonces llegó Nvidia. El gigante de los chips conectó sus GPU en 2016 para crear una supercomputadora propia, ideal para ejecutar miles de millones de cálculos paralelos destinados a la inteligencia artificial. Sin embargo, el equipo de la compañía chocó con los mismos problemas que enfrentaban los físicos e investigadores que usaban supercomputadoras tradicionales fabricadas por IBM o Cray: los chips alcanzaban velocidades extraordinarias, pero entregarles los datos correctos en el momento indicado resultaba un verdadero dolor de cabeza.
Tal vez a Huang no le agrade el estilo de Bouzari, pero DDN sí lo convenció. "El día que encendimos la supercomputadora, el almacenamiento falló. Simplemente no pudo soportar la carga", dice Marc Hamilton, vicepresidente de Nvidia, quien participó del proyecto. "Contratamos a DDN y funcionó a la perfección, y desde entonces fueron nuestros socios", añade.
Pero ni siquiera la llegada de Nvidia impulsó de inmediato a DDN. El negocio recién despegó en los últimos años, cuando la revolución de la IA tomó velocidad. En 2024, los ingresos rondaron los US$ 400 millones. Un año después, alcanzaron los US$ 500 millones. Para 2026, la compañía prevé duplicar esa cifra hasta los US$ 1.000 millones, gracias a contratos con empresas como xAI, de Elon Musk, y con gobiernos nacionales que desarrollan sus propias supercomputadoras de IA para reforzar su capacidad tecnológica nacional.
No se trata únicamente de DDN ni de una excepción dentro del sector tecnológico. La demanda global de otros equipos para centros de datos se disparó tanto que las acciones de SanDisk, fabricante de tarjetas de memoria para almacenamiento, subieron un 3100% en los últimos 12 meses y alcanzaron una capitalización bursátil de US$ 210.000 millones. Micron, que produce un tipo de chip de memoria todavía más valioso, cuadruplicó sus ingresos interanuales, que llegaron a US$ 41.500 millones durante el segundo trimestre de 2026. Sus acciones también avanzaron más de un 615% en los últimos 12 meses.

La propuesta de Bouzari, basada en que su software puede ayudar a que este costoso hardware de IA trabaje con mayor eficiencia, convenció sin dificultad a los ejecutivos, todavía impactados por el precio de un servidor de Nvidia, que ronda los US$ 500.000, sin contar las exorbitantes facturas de electricidad. DDN sostiene que estos servidores permanecen inactivos cerca de dos tercios del tiempo. El software permite que circule un mayor volumen de datos hacia las GPU y desde ellas, por lo que estos chips pueden operar prácticamente sin interrupciones. "Somos un motor de datos que hace que las GPU sean rentables y productivas", afirma Bouzari.
En enero de 2025, Blackstone compró una participación de US$ 300 millones en la compañía y la valuó en US$ 5.000 millones. La operación representó una ganancia inesperada para Bouzari y Bloch, dueños de participaciones iguales cercanas al 40%, valuadas hoy en US$ 2.000 millones. Sin embargo, quizá más valioso que el financiamiento sea el acceso a los clientes de Blackstone y a la cartera de centros de datos de US$ 325.000 millones del gigante de Wall Street.
Con semejante premio en juego, la competencia resulta inevitable. Varias compañías públicas, como Dell, Everpure y NetApp, venden sistemas de almacenamiento, aunque demoraron su ingreso al mercado de la IA. Empresas más pequeñas, entre ellas Weka y Hammerspace, también obtienen contratos, pero el principal rival de DDN es Vast Data, con sede en Nueva York. La compañía alcanzó una valuación de US$ 30.000 millones después de una ronda de financiamiento de US$ 1.000 millones en abril. Su software de almacenamiento abastece al gigante de centros de datos de IA, CoreWeave, cuya capitalización bursátil asciende a US$ 38.000 millones, y a otras firmas del sector de inteligencia artificial, como Nebius y Mistral.
La transformación de una empresa con 28 años de trayectoria en una startup ágil provocó algunos tropiezos iniciales. Una parte del problema residía en que, durante demasiado tiempo, la compañía apostó por un paquete completo que incluía su software y sus discos duros. Recién en 2023 empezó a comercializar el software por separado, después de que muchos clientes potenciales eligieran comprar sus propios discos a otros proveedores. Aunque todavía vende racks para discos duros, el software resulta mucho más rentable, con márgenes brutos superiores al 90%, frente al 60% que deja el hardware.
"Es una empresa que pasó por la pubertad a finales de sus veinte años", afirma John Watson, director sénior de Blackstone. "Bouzari y Bloch no son como dos jóvenes de 25 años; son empresarios consolidados y de gran éxito, pero aún tienen muchas ganas de ganar", añade.
Bouzari ingresó al negocio del almacenamiento poco después de graduarse en Caltech. El punto de partida fue una feria gubernamental, donde vio un disco duro extraíble creado para hacer copias de seguridad de computadoras domésticas. El mercado de PC y Mac ya tenía proveedores, pero Bouzari detectó enseguida una oportunidad diferente: los gobiernos también necesitaban mantener bajo llave sus datos confidenciales.

Nacido en París, hijo de padres iraníes, Bouzari se asoció con Bloch, su amigo de Caltech y uno de los pocos estudiantes franceses que también cursaron ingeniería en el campus de Pasadena en 1984. Juntos transformaron Mega Drive Systems en una compañía que, para 1998, facturaba cerca de US$ 30 millones anuales, aunque, para una firma pequeña, resultaba difícil competir de manera directa con gigantes del sector como IBM y EMC.
Bouzari ya conocía algunos de los laboratorios más importantes del mundo, donde los investigadores advertían que perdían información valiosa de sus experimentos porque los discos duros no lograban seguir el ritmo de las supercomputadoras. "No sabíamos qué hacer y tratamos de solucionarlo porque nadie más quería hacerlo", dice Bouzari al recordar esos años.
Él y Bloch encontraron una solución y pronto empezaron a cerrar acuerdos. En 2001, reunieron casi US$ 10 millones de capital de riesgo. Según Bouzari, fue un desastre: los nuevos inversores presionaron a DDN para que buscara contratos corporativos justo cuando la economía se deterioró con fuerza después del 11-S. Las reservas de efectivo quedaron al límite y los fondos de capital de riesgo exigieron la liquidación de la compañía. Sin embargo, los fundadores se mantuvieron firmes. Redujeron el personal y convencieron a quienes continuaron en la empresa para que postergaran algunos cobros. "Una semana se convirtió en seis semanas de margen de maniobra, y para entonces ya habíamos vuelto a ser rentables", dice Bouzari, quien recompró la participación de los inversores a comienzos de 2002.
Durante años, casi nadie fuera del ámbito de las supercomputadoras y la sastrería de lujo (Bouzari compartía camisero con Karl Lagerfeld) conocía a DDN. Sin embargo, en 2008 sus ingresos llegaron a US$ 100 millones. Para 2018, las ventas se duplicaron y alcanzaron los US$ 220 millones, sin que la compañía recibiera un solo centavo de capital externo alguno.
Ahora proyecta una iniciativa todavía más ambiciosa. Desde marzo, trabaja en un nuevo centro de datos en Wheeler, Texas, con una capacidad de hasta 1,3 gigavatios. Su tamaño se asemeja al de algunos de los nuevos centros de datos de Meta y demandaría tanta energía como un millón de hogares. Bouzari aún busca financiamiento, dado que los costos podrían superar los US$ 60.000 millones. Sin embargo, a diferencia de sus proyectos de diseño de viviendas, este apunta a la rapidez, la eficiencia y el bajo costo en cada etapa, todo a una escala multimillonaria.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.