El mercado argentino volvió a enfrentar una fuerte suba de las tasas de interés en pesos, en un movimiento que refleja la tensión entre dos objetivos de la política económica: mantener contenido al dólar y evitar una aceleración de la inflación, aun cuando eso implique encarecer el financiamiento y dificultar la recuperación del crédito.
La presión se hizo especialmente visible durante agosto. Las tasas de corto plazo, entre ellas las cauciones y los pases, registraron fuertes movimientos ante una menor disponibilidad de pesos. El miércoles, la caución y el repo a un día llegaron a tocar, e incluso superar, el 30% nominal anual durante la rueda, antes de moderarse hacia el cierre hasta aproximadamente 25% y 27%, respectivamente.
Al mismo tiempo, los instrumentos de tasa fija ofrecieron rendimientos superiores al 2% mensual efectivo, mientras que los bonos CER mostraron rendimientos reales promedio de 5,9% para 2027 y 8,6% para 2028.
“El mercado financiero inició la semana bajo un marcado estrés de liquidez. La caución bursátil a un día trepó hasta picos del 38% de TNA y promedió el 29% en las últimas ruedas. En paralelo, la tasa TAMAR tocó un máximo histórico desde abril. Por su parte, los rendimientos de la curva Lecap superaron el 2,2% mensual. Además, la tasa de plazo fijo operó en el 2,1% de TNA”, detallaron desde Wise Capital.
Detrás del movimiento aparece la decisión política del Gobierno de buscar evitar que el dólar mayorista supere el nivel de $1.500, considerado por operadores como un techo de corto plazo.
“El foco del banco central parece estar puesto en limitar la suba del dólar. Es decir, en el trade-off entre dólar y tasa, el Gobierno pareciera favorecer al primero”, sostuvieron los analistas de Dhalmore Capital.
“El BCRA no controla directamente la tasa (el instrumento son los agregados monetarios), pero el Tesoro, al absorber pesos en las licitaciones; el BCRA, al vender bonos dollar-linked (aunque últimamente no se lo vio en el mercado); y la caída en las compras de dólares por parte del Central ayudan a contraer la liquidez, haciendo que las tasas suban. El efecto colateral de esto es que, con las tasas en alza, las curvas en pesos sufren”, agregaron.
En otras palabras, la absorción de pesos reduce la liquidez disponible en el mercado y eleva el costo de permanecer posicionado en moneda local. Al mismo tiempo, una tasa más alta puede contribuir a moderar la demanda de dólares, ya que mejora el atractivo relativo de los instrumentos en pesos.
El propio presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dejó claro que la autoridad monetaria mantiene un sesgo contractivo. Según explicó, el organismo no busca impulsar la actividad mediante herramientas monetarias y mantendrá una política restrictiva mientras la inflación permanezca por encima del objetivo.
“La entidad busca aliviar la escasez de pesos sin descuidar el equilibrio monetario. Sin embargo, las operaciones REPO se mantienen en niveles mínimos cercanos al billón de pesos. Toda la atención de los operadores se traslada ahora al Tesoro. El mercado aguarda señales clave sobre la tasa de la próxima licitación oficial”, indicaron desde Wise Capital.
El principal interrogante es cuánto tiempo puede sostenerse este escenario sin afectar la recuperación económica. La suba de las tasas de mercado encarece el financiamiento y puede desalentar tanto el consumo como la inversión.
Los datos de crédito ya muestran señales de cautela. Según First Capital Group, el crédito al sector privado cayó 1% en términos reales durante julio. Aunque el stock nominal aumentó 1%, quedó por debajo de la inflación del período. Los préstamos comerciales tampoco registraron crecimiento real, mientras que los hipotecarios fueron la excepción.
Además, la volatilidad representa un problema para los bancos. Las entidades captan depósitos cuyo costo puede ajustarse con mayor rapidez que el rendimiento de algunos de sus activos, mientras que una parte importante de los préstamos se otorga a tasa fija. En consecuencia, un incremento brusco de los costos de fondeo puede comprimir los márgenes financieros y reducir los incentivos para ampliar el crédito.