La Argentina logró avanzar en una estabilización macroeconómica indispensable para volver a pensar en crecimiento. La inflación mensual de agosto fue de 1,7% y las expectativas relevadas a doce meses se ubicaron en torno al 21%. Sin embargo, la mejora de las variables nominales todavía no se tradujo en una expansión sostenida de la actividad: el PIB cayó 1,4% interanual en julio y retrocedió 2,9% en términos desestacionalizados frente al mes previo.
Santiago Wickham, economista en Make Money Move, sostuvo que la estabilidad constituye una condición necesaria, pero no suficiente. "La estabilidad macroeconómica es la condición necesaria que permite sembrar, pero no reemplaza a la inversión", señaló.
Para el ejecutivo, el crédito puede dinamizar el consumo en el corto plazo, pero la expansión de la capacidad productiva requiere que una parte creciente del financiamiento se transforme en capital, tecnología e infraestructura.
El problema es que actualmente incluso el consumo enfrenta restricciones. Gabriel Caamaño, de Outlier, explicó que "hasta abril, los ingresos reales cayeron fuerte, hicieron piso, y ahora que la inflación da debajo de dos, se recuperan, pero lento". La recuperación de los ingresos, por lo tanto, todavía no tiene la fuerza suficiente para convertirse en un motor robusto de la demanda.
A eso se suma que la morosidad mantiene cautelosos a los bancos y limita la recuperación de los préstamos al sector privado. "Los bancos no están prestando en términos netos, más bien están cobrando", graficó Caamaño.
Santiago Bulat, de Invecq, agregó: "Se esperaba una mayor recuperación con la baja de la volatilidad de tasas, pero quedó un arrastre muy malo de la morosidad".
El consumo, entonces, no parece suficiente para explicar un despegue de la economía. El factor decisivo debería ser la inversión.
Wickham destacó que los datos de inversión extranjera directa muestran interés por la Argentina, aunque todavía concentrado en pocos sectores. Durante el primer trimestre de 2026 ingresaron US$ 1.794 millones netos de IED: US$ 1.181 millones correspondieron a minería y US$ 453 millones al sector financiero.
"El desafío de la próxima etapa es que la inversión deje de concentrarse en determinados sectores y se convierta en un fenómeno más transversal, capaz de aumentar la capacidad productiva del conjunto de la economía", comentó.
La concentración sectorial también aparece al observar la actividad. Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, resumió el escenario: "Con los motores de la minería, la energía y el agro, podés crecer aproximadamente 1,5% del PBI, pero el resto de los sectores está estancado".
La diferencia entre un rebote y un ciclo expansivo resulta central. Una economía puede recuperarse utilizando capacidad instalada ociosa, pero para crecer durante varios años necesita acumular capital, generar empleo formal y aumentar la productividad.
En ese sentido, no alcanza con disponer de recursos naturales. De hecho, se necesitan reglas de juego previsibles, acceso al financiamiento y condiciones que permitan mejorar la productividad y la competitividad.
La inversión requiere, además, previsibilidad para comprometer capital a largo plazo. Daniel Artana, economista de FIEL, estimó que la inversión se encuentra 11% por debajo de 2023 y que el RIGI avanza lentamente. Según su análisis, los inversores todavía esperan mayor claridad sobre el escenario económico y político antes de acelerar sus desembolsos.