Banco Nación regresa al mercado depuès de 30 años: entre el puente al crédito productivo y el riesgo de descalce
El programa contempla una emisión inicial de alrededor de US$ 50 millones, o su equivalente en pesos, con posibilidad de ampliación progresiva hasta alcanzar el techo autorizado de US$ 1.500 millones.

El Banco de la Nación Argentina vuelve al mercado de deuda con una estrategia ambiciosa: captar hasta US$ 1.500 millones a través de un programa que combina instrumentos en pesos y en dólares, marcando su regreso a emisiones de largo plazo tras más de tres décadas.

La iniciativa no solo busca diversificar las alternativas de inversión para los ahorristas, sino también canalizar financiamiento hacia la economía real en un contexto de transición macroeconómica.

El programa contempla una emisión inicial de alrededor de US$ 50 millones, o su equivalente en pesos, con posibilidad de ampliación progresiva hasta alcanzar el techo autorizado. La oferta incluye tres tipos de instrumentos: bonos en pesos a tasa TAMAR (ligada a depósitos mayoristas), títulos ajustados por inflación (UVA/CER) y deuda en dólares a tasa fija.

“Para el inversor puede ser una oportunidad, ya que emiten tres instrumentos que cubren todos los perfiles: pesos a tasa TAMAR, dólares a tasa fija y UVA. Con el respaldo del banco público más grande del país”, destacó Tomás Ambrosetti, director de Guardian Capital. El ejecutivo subrayó que el acceso al mercado primario suele permitir mejores condiciones de entrada respecto al secundario, con un monto mínimo de inversión accesible.

A su vez, desde la perspectiva estratégica, la emisión busca reforzar el rol histórico del Banco Nación como intermediario financiero. “Los fondos captados van directo a ampliar el crédito: hipotecas, pymes, productores”, explicó Ambrosetti, quien también remarcó el contexto favorable, con una baja del riesgo país y una reciente recalificación crediticia por parte de Fitch Ratings. No obstante, advirtió que la tasa de corte será el factor decisivo para determinar el atractivo final de los instrumentos.

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En esta línea, el contador y asesor financiero Matías Battista consideró que el programa introduce una alternativa interesante frente a los instrumentos tradicionales. “Le ofrece al inversor una posibilidad de trabajar su dinero por fuera del sistema tradicional dentro del banco, más allá del plazo fijo, que hoy está pagando una tasa negativa”, señaló.

Sin embargo, el esquema no está exento de riesgos. Uno de los principales interrogantes gira en torno al costo financiero total de los créditos que se otorgarán con esos fondos. “Hay que ver cuál termina siendo el costo para los proyectos que se van a financiar”, advirtió Battista, poniendo el foco en la sostenibilidad del modelo.

Otro punto sensible es el riesgo de descalce de monedas, sobre todo con los préstamos en dólares. “Espero que estén matcheados contra sectores exportadores para evitar descalces”, expresó el especialista, en referencia a la necesidad de que los ingresos de quienes tomen deuda en moneda extranjera estén alineados con esa divisa.

Las mayores críticas, no obstante, se concentran en los instrumentos ajustados por inflación. Los créditos UVA tienen sistema francés, donde se devuelve poco capital al inicio, y al ajustarse por inflación terminan siendo muy agresivos en la revalorización de la deuda. Y en un país con historial inflacionario como Argentina, este tipo de financiamiento puede volverse cada vez más pesado para los deudores en el mediano y largo plazo.

En ese contexto, se comenzaron a debatir propuestas en el sistema financiero, como mecanismos de cobertura o “buffers” que limiten el impacto del ajuste inflacionario sobre los créditos, vinculando su evolución a variables como los salarios. Este tipo de esquemas buscaría evitar problemas de repago en el futuro.

Más allá de los desafíos, el regreso del Banco Nación al mercado de deuda marca un logro tanto por su volumen potencial de US$ 1.500 millones como por el mensaje que envía al mercado: una mayor integración entre el ahorro privado y el financiamiento productivo.