Los mercados financieros de Brasil atraviesan este lunes 26 de octubre una de sus jornadas más turbulentas de las últimas décadas. La poco esperada victoria de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial desencadenó una ola de ventas de acciones, bonos y moneda local, que obligó a la Bolsa de São Paulo a suspender temporalmente las operaciones.
El índice Ibovespa llegó a desplomarse 17,34% durante la rueda, mientras que el real sufrió una depreciación superior al 11% frente al dólar en los momentos de mayor tensión. Los rendimientos de los bonos soberanos y los contratos futuros de tasas de interés también registraron fuertes aumentos.
La reacción refleja un cambio abrupto en las expectativas de los inversores, que durante las últimas semanas habían apostado por una victoria de Bolsonaro y un programa económico orientado a reducir el gasto público y mejorar las cuentas fiscales.
Las claves
- Derrumbe bursátil. El Ibovespa llegó a perder 17,34%. La Bolsa activó el mecanismo de suspensión automática de operaciones por primera vez desde marzo de 2020.
- Fuerte devaluación. El dólar llegó a subir más de 12% frente al real, hasta superar los 5,60 reales durante la mañana. Posteriormente moderó su avance y cotizaba alrededor de 5,41 reales.
- Tasas en alza. Los contratos de tasas de interés de mayor plazo registraron incrementos cercanos a 300 puntos básicos, mientras los inversores exigían mayores rendimientos para financiar al gobierno brasileño.
- Impacto sobre la deuda. Los bonos soberanos también sufrieron importantes pérdidas. Ante la volatilidad, el Tesoro brasileño decidió cancelar subastas de títulos públicos previstas para la jornada.
- Cambio de expectativas. Los mercados habían incorporado en los precios una probable victoria de Flávio Bolsonaro. El triunfo de Lula obligó a desarmar posiciones y revisar las perspectivas fiscales y monetarias.
Una caída histórica que obligó a suspender las operaciones
La Bolsa de São Paulo comenzó la jornada bajo una presión vendedora extraordinaria. Apenas iniciadas las operaciones, el Ibovespa registró una caída superior al 10%, lo que provocó la activación del circuit breaker, el mecanismo que interrumpe automáticamente las negociaciones durante 30 minutos para contener movimientos extremos.
La medida no se utilizaba desde marzo de 2020, cuando los mercados internacionales se desplomaron por el comienzo de la pandemia de coronavirus.
La tensión continuó después de la reapertura. El índice llegó a retroceder 17,34%, hasta los 169.516 puntos, mientras los contratos futuros anticipaban pérdidas todavía mayores. La magnitud del movimiento convirtió a la jornada en una de las peores para las acciones brasileñas desde 1998.
El castigo se concentró especialmente en compañías financieras y empresas sensibles al costo del crédito. Los bancos brasileños registraron importantes pérdidas tanto en el mercado local como en sus certificados de depósito que cotizan en Wall Street. La fuerte suba de las tasas también golpeó a las empresas dependientes del financiamiento y del consumo interno.
El dólar se dispara y aumenta la presión sobre las tasas
La crisis bursátil estuvo acompañada por una fuerte salida de posiciones en moneda brasileña. Durante las primeras operaciones, el real llegó a depreciarse más de 11% frente al dólar, uno de sus mayores movimientos diarios desde la adopción del régimen de flotación cambiaria en 1999. La divisa estadounidense llegó a superar los 5,60 reales, aunque posteriormente retrocedió hacia la zona de 5,40.
Al mismo tiempo, los contratos futuros de tasas de interés registraron aumentos cercanos a tres puntos porcentuales en algunos vencimientos. El movimiento refleja las expectativas de que el Banco Central de Brasil podría verse obligado a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo para contener las presiones inflacionarias y estabilizar la moneda.
Por qué los mercados reaccionaron contra Lula
El resultado electoral sorprendió a buena parte de los inversores. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro había obtenido el 47,03% de los votos, frente al 45,16% de Lula. Ese resultado impulsó una fuerte recuperación de los activos brasileños, ante la expectativa de un cambio político y económico.
Sin embargo, Lula logró revertir la diferencia en la segunda vuelta y fue reelegido con el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% de su adversario. La victoria le permitirá iniciar un cuarto mandato presidencial, pero también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal de la mayor economía de América Latina.
La principal preocupación de los inversores está relacionada con la capacidad del gobierno para controlar el déficit y estabilizar la deuda pública, que supera el 80% del Producto Bruto Interno.
El mercado teme que la continuidad de las políticas de expansión del gasto público dificulte la consolidación fiscal y obligue al país a convivir con tasas de interés elevadas durante más tiempo.
Durante las semanas previas, las acciones brasileñas y el real se habían fortalecido por la expectativa de una victoria de Bolsonaro. La confirmación del triunfo de Lula obligó a los inversores a revertir rápidamente esas posiciones, amplificando las pérdidas.
El impacto sobre la Argentina
La crisis financiera brasileña también representa un factor de riesgo para la Argentina. Brasil es el principal socio comercial del país y uno de los destinos más importantes para las exportaciones industriales argentinas, especialmente las vinculadas con el sector automotor. Una depreciación persistente del real podría afectar la competitividad de los productos argentinos en el mercado brasileño, al encarecerlos en términos relativos.
El impacto sería especialmente relevante para la industria automotriz, autopartista y otros sectores manufactureros que dependen de la demanda brasileña. Por otra parte, una mayor percepción de riesgo sobre Brasil podría generar una reducción de posiciones en activos latinoamericanos, incluyendo bonos soberanos y acciones argentinas.
Sin embargo, el alcance del contagio dependerá de la duración de la turbulencia y de si los inversores consideran que se trata de un problema específico de Brasil o de un deterioro más amplio de las condiciones financieras de la región.
En el corto plazo, la depreciación del real y el aumento de las tasas brasileñas aparecen como las variables más relevantes para evaluar las consecuencias sobre la economía argentina.
Qué viene ahora
Después de una jornada de pérdidas históricas, la atención de los inversores se concentra en las primeras señales económicas del gobierno de Lula. Uno de los principales interrogantes será la conformación del equipo económico para el próximo mandato, especialmente la designación del ministro de Hacienda.
También serán determinantes las definiciones sobre el presupuesto, el gasto público y los objetivos de resultado fiscal.
El gobierno brasileño enfrenta el desafío de compatibilizar sus compromisos sociales y de crecimiento económico con las exigencias de sostenibilidad de la deuda.
Para los mercados, una señal creíble de disciplina fiscal podría contribuir a estabilizar el real, reducir las tasas de interés y recuperar parte de las pérdidas bursátiles.