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"Jodi": El esqueleto de Nanotyrannus
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"Jodi": El esqueleto de Nanotyrannus
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Valía US$ 20 millones, pero descubrieron que no era un Tiranosaurio Rex: ahora vale menos de la mitad

Pancho BarreiroEditor

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El fósil saldrá a subasta el 27 de octubre después de que nuevos estudios modificaran su clasificación científica. El caso muestra cómo una especie puede cambiar una valuación millonaria y reabre la discusión sobre un mercado en el que un T. rex ya se vendió por US$ 50,1 millones.

17 Octubre de 2026 18.00

Durante años, sus dueños creyeron tener entre manos uno de los dinosaurios más reconocibles de la historia. En 2023, el esqueleto que entonces se conocía como Chomper fue exhibido en Londres como un posible Tyrannosaurus rex juvenil y salió al mercado con un precio pedido de US$ 20 millones. Tres años más tarde, la ciencia cambió su identidad y también la manera en que el mercado lo valora.

Ahora se llama Jodi, ya no es considerado un T. rex y el próximo 27 de octubre saldrá a subasta en Sotheby's Nueva York con una estimación de entre US$ 6 millones y US$ 9 millones.

El motivo del cambio no tiene que ver con el estado del fósil ni con un nuevo descubrimiento dentro de sus huesos. Lo cambió la ciencia. Durante más de 80 años, los paleontólogos discutieron si ciertos esqueletos más pequeños y estilizados encontrados junto a restos de T. rex pertenecían a ejemplares jóvenes de esa especie o a un dinosaurio diferente. Una investigación publicada en 2025 terminó inclinando la balanza hacia la segunda opción: Nanotyrannus era un género propio.

"Jodi": El esqueleto de Nanotyrannus - Sothebys
"Vivía al mismo tiempo que el T. rex, pero ambos ocupaban nichos diferentes dentro del ecosistema", Cassandra Hatton, vicepresidenta y responsable mundial de Ciencia e Historia Natural de Sotheby's

Jodi pasó entonces de ser presentado como un joven ejemplar del dinosaurio más famoso del planeta a convertirse en uno de sólo tres esqueletos de Nanotyrannus conocidos por la ciencia. Tiene alrededor de 67 millones de años, mide casi seis metros de largo y unos dos metros de alto, está aproximadamente un 70% completo y conserva un cráneo casi íntegro con alrededor de 50 dientes. Fue descubierto en 2019 en un rancho de Montana.

"Vivía al mismo tiempo que el T. rex, pero ambos ocupaban nichos diferentes dentro del ecosistema", explicó Cassandra Hatton, vicepresidenta y responsable mundial de Ciencia e Historia Natural de Sotheby's. La especialista describió al Nanotyrannus como un animal más liviano y veloz, con extremidades más largas y una dentición diferente a la del T. rex.

Cuando un dinosaurio se convierte en un objeto de US$ 50 millones

Que un cambio de clasificación científica pueda alterar una valuación de millones de dólares también muestra hasta qué punto los dinosaurios se transformaron en una categoría propia dentro del mercado internacional de coleccionismo.

Gus: el T. rex vendido por US$ 50,13 millones - .
Gus: el T. rex vendido por US$ 50,13 millones

Hace apenas tres meses, Sotheby's vendió a Gus, uno de los T. rex más grandes y completos ofrecidos hasta ahora, por US$ 50,13 millones. La cifra estableció un nuevo récord mundial para un dinosaurio vendido en subasta y superó ampliamente su estimación de entre US$ 20 millones y US$ 30 millones. Siete interesados pujaron durante unos diez minutos antes de que un comprador (cuya identidad no fue revelada) se quedara con el ejemplar.

El récord anterior también había surgido de Sotheby's. En julio de 2024, Apex, un Stegosaurus de unos 150 millones de años, alcanzó US$ 44,6 millones, pese a que la casa de subastas esperaba inicialmente entre US$ 4 millones y US$ 6 millones. El comprador fue el multimillonario estadounidense Ken Griffin, fundador de Citadel, quien luego manifestó su intención de explorar la posibilidad de prestarlo a una institución de Estados Unidos.

La escalada es significativa. Cuando Sotheby's vendió en 1997 a Sue, uno de los T. rex más célebres encontrados hasta ese momento, el precio fue de US$ 8,2 millones. En menos de tres décadas, el récord de la categoría se multiplicó por más de seis.

Ese crecimiento también explica por qué la denominación importa. Un T. rex no es solamente un fósil científicamente relevante: es un nombre instalado en la cultura popular desde hace décadas, protagonista de museos, libros y películas. Jodi sigue siendo extraordinariamente raro como Nanotyrannus —de hecho, ahora pertenece a una especie representada por apenas tres esqueletos conocidos—, pero llega al mercado sin ese mismo reconocimiento masivo.

La subasta del 27 de octubre permitirá saber cuánto pesa finalmente esa diferencia. La estimación de Sotheby's es de US$ 6 millones a US$ 9 millones, pero los antecedentes recientes muestran que el mercado puede alejarse considerablemente de las previsiones cuando aparecen varios coleccionistas interesados.

¿Quién debería ser dueño de un dinosaurio?

El crecimiento de los precios tiene, sin embargo, otra consecuencia. Cuanto más valiosos se vuelven los dinosaurios como objetos de colección, más difícil resulta para museos y universidades competir contra compradores privados.

"Jodi": El esqueleto de Nanotyrannus - Sothebys
"La venta o compra de fósiles de vertebrados científicamente significativos no se aprueba, salvo que permanezcan bajo custodia pública", Society of Vertebrate Paleontology - FOTO: Sothebys

La Society of Vertebrate Paleontology (SVP) mantiene desde hace años una posición explícita: "La venta o compra de fósiles de vertebrados científicamente significativos no se aprueba, salvo que permanezcan bajo custodia pública". Su argumento es que esas piezas deberían conservarse de manera permanente en museos, universidades u otras instituciones donde puedan continuar disponibles para investigación, educación y exhibición.

El problema no es menor en el caso del T. rex. Un estudio publicado en 2025 contabilizó 61 fósiles de Tyrannosaurus rex en colecciones públicas y 71 en manos privadas. Según el trabajo, si los ejemplares captados por el mercado comercial permanecieran disponibles para la ciencia, la cantidad accesible para investigación se duplicaría.

Los defensores del mercado privado plantean el argumento inverso: buena parte de esos fósiles nunca habría sido encontrada sin buscadores independientes y paleontólogos comerciales que exploran terrenos privados y financian excavaciones. El propio Jodi es un ejemplo. Fue descubierto por Jodi Pierson y excavado por el paleontólogo comercial Clayton Phipps antes de convertirse en una pieza clave para una discusión científica que llevaba décadas.

Sotheby's sostiene que ese circuito privado puede jugar un papel fundamental en los descubrimientos. La tensión aparece después: encontrar un fósil, estudiarlo y finalmente venderlo pueden formar parte de la misma cadena, pero una vez que una pieza entra en una colección particular, los científicos no siempre tienen garantizado el acceso futuro.

Ese será uno de los interrogantes que acompañará a Jodi cuando llegue al martillo. La ciencia ya modificó su nombre y, al menos por ahora, también su precio esperado. Ahora será el mercado quien decidirá cuánto vale finalmente un dinosaurio que dejó de ser un T. rex, pero terminó convertido en algo todavía más raro.

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