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La vida de Chuck. Foto: Difusión
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Qué ver: la vida de Chuck, la nueva oleada de Stephen King

Matías Castro

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Protagonizada por Tom Hiddleston y dirigida por Mike Flanagan (La maldición de Hill House), esta película es uno de los ejemplos que muestran cómo el llamado "maestro del terror", tiene su fuerte en las historias creíbles de seres humanos.

30 Agosto de 2025 08.30

Hubo un momento en que el nombre de Stephen King en el afiche o la promoción de una película, aseguraba público, al igual que compradores en las librerías cuando publicaba una novela. Hoy ya no es así, aunque aparece y reaparece. La abundancia de oferta y novedades con su nombre ya son moneda corriente y, por eso, puede ser difícil reconocer el interés de una adaptación como La vida de Chuck, que puede que tenga una vida efímera en cines.

Una vida invertida

En el cartel promocional de esta película aparece Tom Hiddleston bailando sobre un fondo azul. Nada hay de sobrenatural. Nada indica qué ocurre, solo que, literalmente, se trata de lo que indica su título. Chuck, asumimos, es el personaje de Hiddleston. Pero no sabemos quién es.

Lo mismo le sucede a los personajes del primer acto de la película. 

En realidad, los personajes de ese primer tramo no solamente se sienten intrigados por el tal Chuck, que aparece en inexplicables carteles en la calle que le agradecen por sus 39 años de vida, sino que tampoco entienden por qué hay cataclismos en todo el mundo. El planeta se apaga rápidamente y las personas parecen aceptarlo de forma pasiva, con resignación.

Sin quemar nada más de la trama, es posible decir lo que se anuncia desde su promoción: se trata de la vida de una persona contada hacia atrás. Nada demasiado original. Pero, combinado con el nombre de King y el de su director Mike Flanagan, empieza a aparecer una chispa de interés.

Una historia de vida contada de forma reversa no es necesariamente un recurso original. En definitiva, hay incontables películas que comienzan con la muerte de un protagonista (Sunset bulevard es un gran ejemplo clásico). Hay mil modos de hacer eso y es el desafío habitual de las películas biográficas, que deben concentrar años y personalidades en 90 o 120 minutos. Qué tomar y qué dejar afuera, dónde poner el foco, qué luchas mostrar y qué satisfacciones de esas personas pueden tener un uso dramático son las decisiones que toman guionistas y directores a la hora de encarar este tipo de historias. 

La vida de Chuck. Foto: Difusión
La vida de Chuck. Foto: Difusión

Para el caso, el eje dramático está en el baile y en lo que representa para el protagonista. Esta idea demora un poco en aparecer, ya que el recurso que emplean es arrancar desde el extrañamiento. En el primer tercio de la película ni los personajes ni los espectadores entienden lo que sucede (Hiddleston, el protagonista, solo aparece en afiches en la calle). De a poco se irá viendo lo que está sucediendo. 

Desde una sensibilidad más cáustica, desgastada o descreída, el baile como eje de una vida podría ser visto como una tontería. Puede parecer así, cuando llega el segundo acto de la película y Tom Hiddleston muestra que, además de un gran carisma actoral, tiene increíbles dotes de bailarín. Sin embargo, la película guarda unas cuantas sorpresas más para el desarrollo del primer acto, que en realidad es el último de la película. Y ahí, cuando todos los cabos sueltos se van atando y cuando las distintas piezas de información se unen, la película cobra un sentido especial y se convierte en una historia genuinamente emotiva. 

Hay cierto aire de autoayuda en algunos conceptos que manejan los personajes. Pero hay unos cuantos condimentos más, como los hechos que se narran, el elenco, el tono narrativo y la forma orgánica en que se introduce el elemento sobrenatural.

El gancho está en la forma

Se dice que, en el fondo, todas las historias han sido contadas. Borges decía que las posibles historias que un ser humano podía contar estaban contenidas en Las mil y una noches. El lingüista ruso Vladimir Propp estudió una serie de cuentos de hadas y concluyó que había treinta y un posibles formas de narraciones. El estadounidense Kurt Vonnegut hablaba de cinco arcos narrativos posibles para cualquier tipo de historia. Sea la cantidad que sea, el consenso es que las tramas, miradas desde sus puntos escenciales, tienen una variedad limitada.

La diferencia está en el modo en que se cuentan. 

No es casual que uno de los mayores éxitos del cine en estos meses sea Weapons (La noche de la desaparición). Si bien la explicación de lo que sucede en esa película es relativamente simple, la forma en que se cuenta, para desconcertar primero y luego desenredar la madeja, es la clave que atrapa. En La vida de Chuck el recurso es el mismo, una madeja que se va deshaciendo hasta que podemos ver el hilo completo y entender el recorrido que traza. De modo que el verdadero componente de novedad es el cómo y el para qué se cuenta algo.

La vida de Chuck. Foto: Difusión
La vida de Chuck. Foto: Difusión

En los próximos tres meses se estrenarán dos películas y dos series de televisión que se apoyan en libros de King (una de ellas es, en realidad, una precuela de IT). Y esa es apenas una parte de la oleada de adaptaciones de los últimos años, cuya diferencia con la ola de los ´70 y ´80 es que el escritor ha logrado ser más aceptado y reconocido entre críticos y académicos. 

Stephen King tiene un volumen de producción tan grande que es probable que sea inevitable encontrar repeticiones en muchas de las historias que narra. Al menos hay algunas que, sin ser un lector completista de su obra, se puede detectar los arquetipos de personajes o las formas en que muchas veces introduce lo sobrenatural.

En la novela corta que adapta esta película, el escritor usa la misma forma que se ve en pantalla: la vida de una persona contada en tres episodios y orden inverso, del acto tercero al primero. Forma parte de La sangre manda, un libro formado por cuatro novelas cortas que giran por distintos temas. Es el equivalente más o menos reciente a Las cuatro estaciones, otra recopilación de cuatro novelas en la que se incluía una de sus historias más sensibles, El cuerpo, historia de cuatro amigos jóvenes que fue adaptada al cine como Cuenta conmigo.

El responsable del guion y la dirección de La vida de Chuck es Mike Flanagan, un realizador estadounidense bastante prolífico y enfocado en el terror y lo sobrenatural. Entre series y películas, ha generado una obra que no es necesariamente original pero que vale la pena atender. La maldición de Hill House y Midnight mass son dos de sus trabajos más populares y efectivos, disponibles en Netflix. Además, ya había adaptado dos veces a Stephen King, por lo que tiene experiencia en cómo tratar su material. 

Esta película representa una apuesta distinta en esa trayectoria, una apuesta que tiene mucho que ver con lo musical y con el montaje. Probablemente, y a pesar de todas sus virtudes, pase un poco desapercibida en cines y crezca en el streaming y por eso mismo vale la pena señalarla y darle una chance. 

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