Pasaron 36 años y 29 novelas para que la doctora forense Kay Scarpetta encarnara en una actriz y tuviera su versión audiovisual. El personaje creado por la escritora Patricia Cornwell está, desde ahora, en manos de Nicole Kidman. La primera temporada de la serie con su nombre acaba de estrenarse en Prime Video y llegó repleta de grandes actores y actrices, con la forma de un policial cruzado con drama familiar.
Las novelas protagonizadas por Kay Scarpetta tienen como característica que abundan en detalles bien documentados sobre los procedimientos forenses y los protocolos policiales. El personaje, incluso, fue inspirado en la verdadera jefa forense del estado de Virginia, Marcella Farinelli. De hecho, Cornwell se involucró tanto en esta disciplina que financió lo que se llama autopsia histórica para indagar en el caso de Jack el destripador y lo reflejó en un documentado libro sobre el caso.
Por lo tanto, en una serie sobre este personaje, los cadáveres y sus detalles tenían que estar a la orden del día. La historia comienza con la aparición del cadáver mutilado de una mujer, sin ropa y a la intemperie. Kay Scarpetta es convocada por la policía para investigar y empieza a darse cuenta de que el caso podría tener puntos de contacto con otro que enfrentó a fines de los años noventa.
De ese modo, la historia va alternando entre lo que sucedió en 1998 a una joven Scarpetta y lo que va sucediendo en la actualidad. El tiempo dedicado a la historia pasada y a la presente está cuidadosamente equilibrado. Si bien esto por un lado ayuda a llevar la historia de manera más ágil e intrigante (un poco como ocurría en la primera temporada de True detective), la consecuencia que tiene es que el reparto de peso aparece solo la mitad del tiempo de cada capítulo.

Y el reparto, no es menor. Ahí está la gran Jamie Lee Curtis, encarnando a la hermana del personaje de Kidman. Lee Curtis es una escritora de libros infantiles de éxito y es un poco estrafalaria, por decir lo menos. Ha delegado el cuidado de su hija en Kay y esto provocó una distancia enorme entre ambas.
El contrapunto entre Jamie Lee Curtis y Nicole Kidman es de los puntos fuertes. No hay mayor contraste posible que el de ellas dos. Una elegante y discreta, la otra llamativa y gritona, se llevan como suele pasar entre hermanos, parte guerra y parte afecto.
Junto a ellas están Bobby Cannavale, como el esposo de Jamie Lee Curtis y asistente de Scarpetta, y Simon Baker (El mentalista), como el frío e igualmente elegante esposo de ella. Todo lo que tiene que ver con eso se parece más a un drama familiar, en parte sitcom y en parte obra de teatro, porque se concentra mucho en la casa de la protagonista, donde tienen que convivir por unos capítulos.
Todo lo que transcurre en 1998 ayuda a construir la trama, a presentar a las versiones jóvenes y contar cómo fue el inicio de sus relaciones. No hay datos menores en esos segmentos, ya que van sumando al suspenso y a la intriga. Desde el primer salto temporal al 98, muy bien armado porque redondea perfectamente el carácter de la protagonista, queda claro que lo que se cuenta ahí tiene que ver con el caso actual. Hay un único asesino serial, el tema es encontrar sus rastros y atar cabos.
Si se cambiaran los nombres de los personajes, podría tratarse de una serie más, probablemente una buena. Pero el diferencial está en la protagonista, un personaje tan cultivado desde los libros y cuya llegada a la pantalla se hacía esperar. Scarpetta es una profesional con principios claros, rutinas y hábitos estrictos, es metódica y, aparte de ser el centro del asunto, sabe trabajar en equipo.
Con todo, más allá de los argumentos policiales y familiares, hay que reconocer que la historia tiene una subtrama que se siente un poco innecesaria o fuera de lugar. La sobrina de Scarpetta es viuda y convive con una versión de su ex, recreada en inteligencia artificial. Si bien esto suma al peso dramático, porque el personaje se niega a aceptar que su ex murió, le quita tiempo y fuerza a la cuestión policial. También vale decir que eso no queda como un elemento de relleno, sino que repercute en algunos personajes y afecta al total del asunto.
La historia toma vagamente la trama de la primera novela, Postmortem, de 1990, aunque la lleva en su propia dirección. Es decir, no adapta con exactitud ninguna de las novelas, de modo que suma al universo de Kay Scarpetta si se quiere. Detrás de la serie está Liz Sarnoff, quien tiene un largo historial como guionista y productora de series como Lost y Alcatraz. Aquí tiene más control sobre el material, ya que es la showrunner, y propone una historia más contenida, que se concentra en ocho capítulos.
Finalmente, algo interesante es ver cómo la ficción policial es encarada cuando ha sido escrita por una mujer. Al igual que sucedía con la intensa Happy valley, de la BBC, en este caso se nota la autoría femenina detrás, aunque en la dirección y parte de los guiones haya varones.
Y la virtud, en Scarpetta, está en que le presta atención a los personajes femeninos y sus motivaciones, los pone en acción sin ser funcionales a varones, pero plantea un equilibrio creíble que no descuida a los personajes masculinos. En ese aspecto también se diferencia y se destaca frente a otros policiales que podrían tener tramas similares.

