Una mujer entró en 1928 a un café de Avenida de Mayo vestida con pantalones. El hecho, que hoy difícilmente llamaría la atención de alguien, provocó entonces los silbidos de los hombres que estaban en el lugar y terminó convertido en noticia: el diario Crítica contó que una dama había sido silbada por vestir "de amazona".
La escena ocupa apenas un pequeño lugar dentro de una década atravesada por cambios mucho mayores, pero resume buena parte del espíritu que Daniel Balmaceda busca reconstruir en Los años locos en la Argentina. El historiador, periodista y escritor vuelve sobre los años 20 para contar una sociedad que comenzaba a discutir viejas reglas al mismo tiempo que descubría nuevas formas de viajar, comunicarse, divertirse, vestirse y encontrarse.
Publicado por Sudamericana en 2026, el libro recorre aquella transformación sin organizarla alrededor de presidentes, elecciones o grandes decisiones políticas. Balmaceda prefiere mirar hacia los cafés, los clubes, las calles, los diarios, las canchas y los salones de baile para encontrar allí las pequeñas escenas capaces de explicar una época.
“Cuando escribo un libro quiero que el lector me acompañe en un viaje en el tiempo”, explicó el autor durante su lanzamiento en mayo de este año. Esa intención recorre una obra en la que la historia argentina aparece como un enorme álbum de costumbres.
El momento en que todo parecía posible
Los llamados “años locos” no fueron exclusivamente argentinos. Después del final de la Primera Guerra Mundial, buena parte de Occidente atravesó un período caracterizado por el crecimiento del consumo, nuevas formas de entretenimiento y una ruptura creciente con algunas convenciones sociales.
La Argentina también quedó atrapada por ese vértigo. Balmaceda describe aquellos años como un período en el que se “democratizó el festejo” y cada vez más personas comenzaron a encontrarse en clubes, cines, salones, academias de baile y estadios, mientras la juventud adquiría una identidad propia y la diversión dejaba de ser un privilegio limitado a determinados sectores sociales.
También cambiaron la publicidad y el consumo. La moda comenzó a funcionar como una forma de expresión, los hombres discutían la obligación de utilizar saco incluso durante los días de calor y las mujeres avanzaban sobre espacios que durante décadas habían estado reservados casi exclusivamente a los varones.
Cambios en el día a día
Algunas de esas transformaciones siguen formando parte de la vida argentina un siglo después. Una de las historias que Balmaceda recupera ocurrió el 24 de septiembre de 1928, cuando un grupo de taxistas comenzó a ofrecer viajes compartidos desde la zona de Primera Junta, en Buenos Aires.
La experiencia terminó dando origen al colectivo, uno de los medios de transporte más característicos de la ciudad. Para Balmaceda, sin embargo, el dato por sí solo no alcanza: su apuesta es reconstruir aquella mañana y tratar de colocar al lector en el momento en que alguien aceptó subir por primera vez a uno de esos vehículos sin imaginar que estaba participando del nacimiento de una costumbre que sobreviviría durante generaciones.
Algo similar ocurre con la radio. El libro vuelve sobre aquella célebre transmisión realizada desde la terraza del Teatro Coliseo que abrió una nueva etapa para las comunicaciones y el entretenimiento argentino, otra de las innovaciones que modificaron radicalmente la relación de las personas con la información y la cultura.
Mujeres al volante y de pelo corto
Si existe un terreno en el que los cambios de aquellos años se vuelven particularmente visibles es el de las mujeres. Balmaceda recupera historias de automovilistas, candidatas al Congreso y jóvenes que comenzaron a modificar tanto su participación en la vida pública como su forma de vestir.
Hasta el cabello podía convertirse en una discusión cultural. El libro recuerda, entre otras historias, la reacción de Jorge Luis Borges ante las mujeres que comenzaron a abandonar las largas cabelleras y adoptar cortes más cortos, en un momento en que la moda comenzaba a funcionar también como declaración de independencia.
La mujer con pantalones de Avenida de Mayo forma parte de esa misma transformación. Lo interesante de la historia no es solamente que haya sido silbada, sino que una escena cotidiana pudiera convertirse en noticia simplemente porque una mujer había decidido vestirse de una manera que desafiaba las convenciones de su tiempo.
Un viaje de cien años para entender el presente
El deporte también comenzaba a adquirir dimensiones desconocidas. El boxeo convirtió a Luis Ángel Firpo en una celebridad y las canchas se incorporaron definitivamente entre los grandes espacios de encuentro popular, mientras el espectáculo empezaba a transformarse en una industria.
Ahí aparece uno de los mayores atractivos de Los años locos en la Argentina. Buena parte de las historias resultan lejanas y hasta pintorescas, pero detrás de ellas aparecen hábitos que hoy parecen completamente naturales.
Balmaceda utiliza esas pequeñas escenas para reconstruir una década en la que la modernidad dejó de ser una abstracción y comenzó a instalarse en la vida cotidiana. Una época de contradicciones, resistencias y novedades que, mirada desde un siglo de distancia, conserva algo sorprendentemente familiar.
El libro funciona particularmente bien como lectura de relax. No exige avanzar siguiendo una única gran historia y permite entrar y salir de capítulos, personajes y curiosidades, pero poco a poco termina armando un retrato mucho más amplio: el de una Argentina que hace cien años comenzaba a descubrir muchas de las costumbres que todavía hoy forman parte de su vida cotidiana.