Suscribite
    ¡Hola!
    Cuenta
Forbes Argentina
24 Julio de 2026 08.30

Pancho Barreiro

La apuesta de Paul Hobbs por Argentina: de perder su primera cosecha al primer vino argentino de 100 puntos

Share

Llegó al país para investigar el potencial del Malbec y terminó convirtiéndose en uno de los nombres clave de su proyección internacional. La historia del enólogo que comenzó con un vino de garaje y cambió para siempre la percepción del vino argentino.

Paul Hobbs llegó a Mendoza en 1988 con una pregunta más que con un plan de negocios: quería saber si el Malbec podía convertirse en una uva capaz de dar vinos de alta gama y, sobre todo, de guarda.

Por aquel entonces, Argentina estaba lejos de ocupar el lugar que tiene hoy en el mapa internacional del vino y la variedad que terminaría convirtiéndose en su emblema todavía no había alcanzado reconocimiento global. Para Hobbs, el desafío era descubrir qué podía hacer realmente este terruño y hasta dónde podía llegar una cepa que, hasta entonces, conocía mucho menos que el Cabernet Sauvignon.

"Empezó como un proyecto de investigación para ver si en Argentina el Malbec podía ser una uva de calidad", recuerda Hobbs. Pero detrás de esa investigación había una pregunta más ambiciosa: si Argentina podía producir vinos capaces de evolucionar durante años y demostrar un potencial que todavía no había sido explorado en profundidad.

vinedos hobbs estate lujan de cuyo
Viñedos Hobbs Estate en Bodega Cobas, Luján de Cuyo, Mendoza

"Quería ver si el vino argentino podía ser un vino de larga guarda. Y tenía que descubrir ese potencial de añejamiento. Fui uno de los que empujó para ir hacia los vinos de mayor altura. Sabíamos que podíamos hacer vinos ricos, pero todavía no sabíamos si podíamos hacer vinos de guarda".

Cuando Hobbs llegó a Argentina ya tenía una trayectoria consolidada en California. Había trabajado en algunos de los proyectos más importantes de la vitivinicultura estadounidense, pero su relación con el Malbec recién comenzaba. "No tenía mucho conocimiento del Malbec, como sí lo teníamos del Cabernet Sauvignon", reconoce.

El hombre que años más tarde sería una figura clave en la proyección internacional del vino argentino todavía estaba descubriendo la variedad. Pero convirtió ese desconocimiento en una oportunidad: investigar qué podía dar el Malbec en Mendoza y hasta dónde podía llegar.

Los comienzos de un vino ícono

Aquella investigación terminaría dando lugar, una década más tarde, a Viña Cobos, el proyecto que Hobbs fundó junto con Andrea Marchiori y Luis Barraud. Pero el comienzo estuvo muy lejos de parecerse al de una bodega destinada a convertirse en un ícono internacional.

La apuesta inicial fue modesta. Hobbs recuerda que invirtieron US$ 35.000 para poner en marcha el proyecto y que el primer año terminó en pérdida total por factores climáticos.

"Nunca pretendimos ser un proyecto comercial: sólo queríamos llegar a fin de mes; al principio éramos casi una fundación sin fines de lucro para estudiar el Malbec".

La historia, entonces, tenía poco que ver con la construcción de una marca y mucho con la posibilidad de comprobar qué podía hacer una variedad en un determinado lugar. Y durante los primeros años, incluso sobrevivir fue parte del desafío.

El vino que nació en un garaje

cobos botellas
Del vino de garaje a los 100 puntos Suckling

La historia de Viña Cobos tiene uno de esos contrastes que explican mejor que cualquier presentación institucional la distancia entre el origen y el resultado final. "Nuestro primer vino lo hicimos en un garaje, no teníamos otro lugar. La cosecha 1999 tiene los orígenes más humildes: es de verdad un vino de garaje".

La cosecha anterior se había perdido por una lluvia intensa. El primer Cobos Malbec llegaría finalmente con la cosecha 1999, que se convertiría en el punto de partida de una historia que todavía estaba lejos de alcanzar su dimensión internacional.

No había detrás una certeza de éxito, pero sí la convicción de que había algo en ese lugar que valía la pena seguir explorando. "No teníamos ni un peso, ni suerte. Hasta que alguien dijo algo bonito de nuestro vino y se empezó a vender".

Ese reconocimiento inicial permitió que el proyecto continuara. Lo que había comenzado como una investigación empezó, poco a poco, a convertirse en una bodega.

bodega cobos
 

La ambición de Hobbs no estaba puesta en producir simplemente el vino más premiado o el Malbec más potente. El objetivo era explorar el límite. Esa búsqueda se tradujo en una filosofía de elaboración que, según Hobbs, se mantiene hasta hoy: una vitivinicultura de precisión y la intención de que el vino exprese de la manera más directa posible el lugar del que proviene.

"Seguimos haciendo una vitivinicultura minimalista buscando hacer el vino lo más simple posible. Buscamos que el malbec sea un vino de culto".

En esa mirada aparece también una de las transformaciones que atravesó el vino argentino durante las últimas décadas: el paso de una industria enfocada en producir vinos que llamaran la atención de los grandes críticos internacionales a otra que empezó a preguntarse por la identidad, el origen y la expresión de cada terroir.

Los primeros 100 puntos

El reconocimiento internacional llegaría con el tiempo, pero detrás de uno de sus hitos más importantes hubo una decisión consciente.

Según recuerda Hobbs, años antes de que ocurriera, él y su equipo se reunieron y establecieron un objetivo: querían alcanzar los 100 puntos. La particularidad fue que, una vez hecha esa declaración, dejaron de hablar del tema. No se trataba de perseguir permanentemente las calificaciones de los críticos, sino de establecer una meta y concentrarse en el trabajo necesario para alcanzarla.

vinedo zingaretti valle de uco, mendoza
Viñedo Zingaretti, Valle de Uco, Mendoza

El resultado llegó en 2013 con Cobos Malbec 2011, que obtuvo 100 puntos de James Suckling y fue presentado como el primer vino sudamericano en alcanzar esa puntuación. Según recuerdan en la bodega, el día que se enteraron del puntaje estaban juntando la plata para pagar los sueldos.

El dato resume, de alguna manera, la historia de Cobos: el vino que acababa de entrar en la conversación de los grandes del mundo todavía convivía con las dificultades de un proyecto que había nacido con recursos limitados y que seguía creciendo paso a paso.

Por qué se lo conoce como el "Steve Jobs del vino"

Fue Forbes US quien, en 2013, publicó una entrevista con Hobbs bajo el título "The Steve Jobs of Wine". El enólogo, que había apostado por Argentina cuando el país todavía no tenía la relevancia internacional que alcanzaría después, era presentado como una figura global de la industria.

La comparación apuntaba a su obsesión por la precisión, la calidad y el detalle, pero también a una forma de trabajar basada en la innovación y en la búsqueda constante de soluciones. En aquella entrevista, Hobbs resumía parte de esa filosofía de una manera sencilla: resolver problemas, asumir riesgos, encontrar a las personas adecuadas y aprender a trabajar con lo que se tiene.

Es una descripción que encaja con la historia de Cobos: una cosecha perdida, un vino hecho en un garaje, recursos limitados y una búsqueda que terminó llevando a un proyecto argentino hasta el máximo reconocimiento internacional.

Paul Hobbs año 2005 (photo by ricardo dearatanha los angeles times via getty images)
Paul Hobbs año 2005 (Photo by Ricardo Dearatanha Los Angeles Times via Getty Images)

Hobbs no construyó su carrera buscando repetir una fórmula, sino intentando descubrir qué podía hacer en cada lugar. Esa misma mirada lo llevó a explorar otros territorios vitivinícolas y a cuestionar las tendencias de una industria cada vez más influenciada por las calificaciones.

En aquella entrevista también cuestionaba la búsqueda de vinos cada vez más concentrados y alcohólicos para conseguir mejores puntajes. Su observación apuntaba a una época en la que los críticos habían adquirido una influencia enorme sobre el mercado y sobre las decisiones de los productores.

Y si bien cayó en esa “trampa” de la crítica internacional, una vez que hicieron la declaración de principios con su equipo, su mirada se puso de lleno en la identidad y en el potencial de cada territorio. Una idea que Argentina recién empezaba a explorar.

El Malbec dejó de necesitar comparaciones

El resultado de aquella búsqueda excedió a Viña Cobos. La evolución del Malbec argentino coincidió con una transformación profunda de la industria nacional y con una nueva mirada internacional sobre Mendoza y sus distintos terroirs.

Para Hobbs, "el Malbec argentino dejó de ser comparable con otros Malbec del mundo, como sí lo sigue siendo el Cabernet Sauvignon".

Argentina había logrado construir una identidad propia alrededor de una variedad que, durante décadas, había sido considerada simplemente una más entre las muchas que formaban parte de la vitivinicultura.

paul hobbs cata
 

Es cierto que esta transformación no puede atribuirse a una sola persona. La historia del vino argentino es el resultado del trabajo de generaciones de productores, viticultores y enólogos.

Pero Hobbs fue uno de los primeros en apostar, desde una mirada internacional, por la posibilidad de que Argentina pudiera producir vinos capaces de competir en el nivel más alto y, al mismo tiempo, construir una identidad alrededor del Malbec.

La historia había comenzado en 1988 con una pregunta. Continuó con una inversión de US$35.000, una cosecha perdida por la lluvia, un vino elaborado en un garaje y un proyecto que, durante sus primeros años, estuvo más cerca de la investigación que del negocio.

Décadas después, aquel experimento se convertiría en Viña Cobos y a Paul Hobbs en uno de los nombres que ayudaron a instalar a la Argentina en la cima del vino mundial. Una apuesta que terminó demostrando que el Malbec argentino no sólo podía competir con los grandes vinos del mundo: podía construir una identidad propia.

10