El increíble negocio ilegal de las hormigas africanas: de Kenia a las “ciudades” de coleccionistas
La creciente afición global por criar hormigas convirtió a las reinas de la especie Messor cephalotes en un activo de hasta U$S 220 en el mercado ilegal. Kenia enfrenta una nueva modalidad de tráfico de fauna, con riesgos para los ecosistemas y una regulación internacional casi inexistente.

No hace falta ser naturalista para coleccionar hormigas, aunque alguno se pueda sorprender, hoy lo hacen miles de personas en todo el mundo, es más, luego de la pandemia, los fanáticos de las hormigas se multiplicaron por miles.

En el aeropuerto de Nairobi, las autoridades de Kenia descubrieron a comienzos de este año más de 2.200 hormigas vivas escondidas en el equipaje de un pasajero chino. Los insectos viajaban dentro de pequeños tubos plásticos cerrados con algodón húmedo, un sistema diseñado para mantenerlas con vida durante semanas y llevarlas hasta coleccionistas en China.

El cargamento incluía 1.948 ejemplares de Messor cephalotes*, la hormiga cosechadora gigante africana, una especie nativa de África Oriental cuyas reinas pueden alcanzar los 25 milímetros, exhiben un característico color rojo y negro y cotizan entre U$S 130 y U$S 220 por unidad en el mercado internacional. En Kenia, en cambio, el valor local de una reina puede ser de apenas U$S 3.

Policias de Kenya decomisando contrabando de hormigas en el aeropuerto. Imagen: Kenya Wildlife Service

En abril de 2026, una corte de Nairobi condenó al traficante a 12 meses de prisión y le impuso una multa equivalente a U$S 7.700. El episodio dejó al descubierto una economía ilegal en expansión: el tráfico de insectos vivos, impulsado por redes sociales, comercio electrónico y una comunidad global de aficionados que convierte las colonias en mascotas y objetos de colección.nature+1

El auge de una afición convertida en mercado

La cría de hormigas ganó popularidad durante la pandemia, cuando muchas personas buscaron hobbies domésticos. Los aficionados mantienen colonias en formicarios transparentes, estructuras que permiten observar cómo los insectos excavan túneles, encuentran alimento y organizan su vida social. Canales de YouTube como AntsCanada, con más de 7 millones de suscriptores, ayudaron a convertir ese pasatiempo de nicho en un fenómeno global.

La mayor parte del negocio es legal. Comerciantes especializados crían insectos y los venden en establecimientos habilitados. Pero la demanda por especies poco frecuentes y exóticas supera la oferta formal, y las reinas de Messor cephalotes se transformaron en una de las piezas más cotizadas.

El atractivo para los coleccionistas combina tamaño, apariencia y comportamiento. Dino Martins, entomólogo y biólogo evolutivo vinculado con centros de investigación en Kenia y docente de Princeton, define a estas especies como “los tigres del mundo de las hormigas”.

Michael Meier, un criador de hormigas europeo que pidió mantener su identidad real en reserva, explicó el atractivo práctico del hobby: “Con las hormigas, da igual si las alimento hoy o mañana”. Durante un período llegó a tener casi 30 colonias en una habitación acondicionada para ese fin; actualmente conserva cuatro.

Meier agregó que las especies exóticas generan un interés particular porque no hibernan. “De esa forma, se puede disfrutar de los animales durante todo el año”, señaló.

El valor de una reina para el ecosistema

El problema trasciende la extracción de miles de insectos. En muchas especies, cada colonia depende de una sola reina reproductora. Los obreros pueden continuar con sus tareas durante un tiempo después de que alguien extrae a la reina, pero sin crías nuevas la colonia se debilita y finalmente desaparece.

Los canales de YouTube como AntsCanada tienen horas de documentales para fanáticos de las hormigas.

El destino de una sola reina puede determinar la supervivencia de una colonia entera”, advirtió en Nature Africa George Otieno Ong’amo, ecólogo de insectos y profesor de la Universidad de Nairobi. “No es una gobernante, pero mantiene la población y la estabilidad social de la colonia”.

Las hormigas cosechadoras cumplen funciones centrales en las sabanas y tierras secas de África Oriental. Airean los suelos, redistribuyen nutrientes, dispersan semillas y regulan poblaciones de insectos. “Las hormigas son ingenieras de ecosistemas”, afirmó Ong’amo. “Dan forma al suelo, influyen en el crecimiento de las plantas y regulan otras poblaciones de insectos”.

Martins advirtió que capturar reinas durante sus vuelos de dispersión afecta la creación de nuevas colonias. “Cuando alguien recolecta miles de reinas, en los hechos le roba al ecosistema la forma en que se sostiene a sí mismo”, dijo.

La pérdida de reinas puede reducir la circulación de nutrientes, afectar la dispersión de semillas y debilitar cadenas alimentarias enteras. Otros animales, como los pangolines, se alimentan de hormigas; además, algunas plantas dependen de ellas para dispersar sus semillas. Los científicos también alertan por un riesgo genético: al disminuir la cantidad de hembras reproductoras, cae la diversidad que llega a las nuevas generaciones.

Con menos reinas, se reduce el tamaño efectivo de la población”, explicó Ong’amo. “Eso hace que las poblaciones sean más vulnerables a enfermedades y cambios ambientales”.

Tráfico de fauna, bajo riesgo y alto margen

Kenia detectó un desplazamiento del tráfico de especies grandes —como elefantes y rinocerontes— hacia animales más pequeños, menos visibles y más fáciles de transportar. Nairobi, Gilgil y Naivasha funcionan como puntos de tránsito relevantes.

En 2023, la Justicia imputó a tres kenianos por intentar exportar hormigas valuadas en más de U$S 2.300. En abril de 2025, las autoridades interceptaron más de 5.000 reinas vivas ocultas en tubos de ensayo. En otro caso, dos adolescentes belgas de 19 años, un ciudadano vietnamita y un keniano intentaron sacar del país alrededor de 5.500 reinas para enviarlas a Europa; recibieron multas cercanas a €5.000 cada uno.

Todas las semanas en los puestos de control de Kenya. Imagen: Kenya Wildlife Service

Pese a que la legislación de Kenia permite multas de hasta unos U$S 155.000 y condenas de varios años para casos de tráfico ilegal de fauna, las sanciones aplicadas resultan comparativamente moderadas. Tampoco existe una protección global específica: ninguna especie de hormiga integra los listados de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), por lo que el comercio internacional permanece, en gran medida, sin regulación.

Lekishon Kenana, representante del Kenya Wildlife Service, sintetizó el desafío: “Los insectos son fauna silvestre, igual que los elefantes y los leones”.

La escala potencial del mercado digital explica la preocupación. Russell Gray, investigador que trabajó con un equipo internacional para la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, sostuvo que el tráfico online dejó de ser un fenómeno marginal. “La conclusión principal es que ya no se trata de un problema marginal oculto en sitios web poco conocidos”, afirmó. “Hoy en día, lo vemos ocurrir en plataformas populares como Facebook”.

El equipo de Gray analizó más de 60 plataformas el año pasado y detectó 266.000 anuncios con precios. El valor conjunto de esas publicaciones de fauna silvestre rondaba los U$S 66 millones, sin incluir insectos. “Si analizáramos todo el comercio de vida silvestre en línea, probablemente estaríamos hablando de un mercado valorado en miles de millones”, concluyó.

Chris Shepherd, biólogo del Centro para la Diversidad Biológica de Estados Unidos, advierte que el negocio combina grandes márgenes y una percepción de bajo riesgo. “Llevo unos 30 años estudiando el comercio de fauna silvestre”, señaló. “La demanda de invertebrados, incluidos escorpiones, tarántulas y escarabajos, creció con fuerza. Las hormigas son apenas el siguiente paso” dijo a la revista Nature.

Shepherd impulsa una regulación más estricta y reclama que CITES incorpore el comercio de hormigas a su agenda. Según la agencia Deutsche Welle, la preocupación también alcanza a los países de destino: colonias de hormigas glandulares grandes del norte de África provocaron cortes de electricidad e internet en el sur de Alemania al instalar nidos dentro de cajas de distribución.

Para Shepherd, el riesgo no termina en el contrabando. “Mientras el comercio internacional de hormigas siga estando en gran medida sin regular, seguirá representando un riesgo”. Entre un pasatiempo que mueve audiencias millonarias y un negocio ilegal de márgenes extraordinarios, las reinas africanas pasaron de ser una pieza clave de la sabana a un activo escaso de una economía global que todavía no encuentra cómo controlarlas.

Fuente: Nature Africa, CNN, Economist.com, The Guardian