De pasantes a jefes: empezaron desde abajo y hoy deciden los vinos de la bodega
Juan Pablo Solís, Diana Fornasero y Javier Collovati llegaron a cada una de las bodegas cuando todavía estaban dando sus primeros pasos profesionales. Hicieron vendimias, limpiaron tanques, rellenaron barricas, trabajaron en laboratorios y aprendieron desde el KM 0. Años después, las mismas bodegas los nombraron al frente de sus vinos. Tres historias sobre enología, carrera y una pregunta de liderazgo: qué cambia cuando quien da las órdenes alguna vez hizo el trabajo que hoy pide hacer.

Lo único que vas a empezar de arriba es un pozo". Juan Pablo Solís escuchó alguna vez esa frase entre la gente de campo y terminó adoptándola casi como una explicación de su propia carrera. Cuando llegó a Kaiken en febrero de 2015 ya era enólogo, tenía experiencia y también, según reconoce ahora, algunas pretensiones demasiado altas para alguien que todavía tenía mucho por demostrar.

Venía, además, golpeado. Su proyecto personal de vinos no había funcionado y recorría bodegas buscando trabajo. Cuando llegó a Kaiken se encontró con Rogelio Rabino, por entonces responsable de Enología, y recibió una propuesta bastante diferente de la que imaginaba.

"Yo venía con pretensiones altas. Uno se recibe y piensa que porque tiene el título ya es groso. Rogelio me puso en autos rápidamente y me dijo: ‘Acá la única chance que tenemos es arrancar de abajo. Estoy buscando operarios para la cosecha. Si querés arrancar por ahí, arrancamos por ahí’", recuerda el hoy Jefe de enólogía de Kaiken.

Solís aceptó, aunque intentó negociar una condición: quería asegurarse trabajo durante todo el año. La respuesta fue igualmente de directa. "Me dijo: ‘No te conozco. Primero laburá y veamos de qué estás hecho’".

La escena resume bastante bien las tres historias. Diana Fornasero llegó a Viña Cobos en 2013, con 23 años, como pasante y sin haber trabajado antes en ninguna bodega. Javier Collovati empezó a vincularse con Valle de la Puerta en 1998, mientras todavía estudiaba Ingeniería Agronómica y dedicaba los sábados a recorrer duraznos, ciruelas, olivos y viñedos. Ninguno entró para conducir nada.

Diana Fornasero llegó a Viña Cobos en 2013, con 23 años, como pasante y sin haber trabajado antes en ninguna bodega.

Décadas después, los tres terminaron tomando algunas de las decisiones más importantes de las mismas compañías que les habían dado aquella primera oportunidad.

Antes de decidir, hacer

Solís se propuso una meta bastante menos glamorosa que elaborar grandes vinos: "Ser el mejor operario que la bodega había tenido", recuerda que aquel primer puesto en la bodega.

"En mis ratos libres limpiaba pisos. Me convertí en un experto en lavar y secar pisos de la bodega, rellenar barricas, lavar tanques y piletas, descubar, descargar camiones. Hice todas las tareas operativas que existen en una bodega".

Terminada aquella vendimia consiguió la continuidad que había pedido. Siguió un tiempo como operario, después pasó al sector de fraccionamiento para manejar la embotelladora y más adelante apareció una primera oportunidad inesperada: la jefa de Producción tomó una licencia y él quedó temporalmente a cargo del área.

En Viña Cobos, Fornasero atravesó un recorrido parecido por distintas áreas. "Tuve la posibilidad de pasar por prácticamente cada rincón técnico de la bodega: fui pasante, operaria de bodega, asistente de enología y jefa de laboratorio y calidad".

Como operaria hacía remontajes, limpiaba tanques y barricas y participaba de trasiegos y de las tareas cotidianas de vendimia. En el laboratorio se ocupó de análisis, curvas de maduración, controles de barricas y seguimiento de la materia prima. Hoy mira esas tareas desde otra posición, pero no las considera parte de una vida profesional superada. "Haber hecho esas tareas con mis propias manos me permite entender qué hay detrás de cada decisión que tomamos hoy".

"Una cosa era animarse y otra muy distinta era estar preparado", Javier Collovati, Valle de la Puerta

La historia de Collovati tiene otra particularidad: creció junto con la propia bodega. En 2000, Julián Clusellas, entonces presidente de Valle de la Puerta, se lo cruzó en una calle de Chilecito y le preguntó si quería participar en el proyecto de construir una bodega.

Al día siguiente viajaron juntos a Mendoza para conocer establecimientos y estudiar distintos modelos. Collovati participó desde el diseño —incluso dibujó la futura bodega en AutoCAD— hasta la construcción. La primera elaboración llegó en 2002, junto con el winemaker australiano Ross Whiteford. "Yo era su mano derecha y esa vendimia fue una enorme escuela para mí", recuerda. "Era una bodega que estaba naciendo y nosotros también estábamos aprendiendo".

El momento del cambio

Al recorrer cada paso y conocer la bodega como pocos, no siempre se da una reunión formal, un contrato sobre la mesa o una frase precisa que marcara el paso entre una experiencia temporaria y una carrera.

Aunque Fornasero sí conserva claramente aquel momento. Después de la pasantía, Viña Cobos le comunicó que quedaría efectiva. "Fue una enorme alegría. Creo que en ese momento vieron un potencial que yo todavía no alcanzaba a reconocer en mí misma y decidieron apostar a mi desarrollo".

Para Solís ocurrió de otra manera. Nunca hubo un día en que alguien le anunciara que finalmente pertenecía a Kaiken. Simplemente empezaron a aparecer nuevas tareas. "Me iban dando cosas distintas. ‘Ahora vas a pasar acá, ahora vas a ir allá’. Cada lugar nuevo de la bodega era un desafío". Primero operario; después maquinista; más adelante jefe de Producción. Durante las vendimias también quedó a cargo del turno noche y finalmente pasó a ser segundo enólogo.

"¿Vos te vas a animar a hacer los vinos?"

Collovati tampoco identifica un momento administrativo preciso. Su incorporación definitiva se confundió con el nacimiento de Valle de la Puerta. "Mi crecimiento no estuvo marcado tanto por ascensos formales, sino por desafíos y responsabilidades que fui aceptando".

Después de aquella primera vendimia de 2002, la crisis económica argentina llevó a Whiteford de regreso a Australia. Valle de la Puerta empezó a buscar enólogos mendocinos que pudieran encargarse de la cosecha siguiente, pero ninguno tenía disponibilidad.

Faltaba aproximadamente un mes y medio para vendimiar cuando Clusellas llamó a Collovati. "Me preguntó: ‘¿Vos te vas a animar a hacer los vinos?’. Y yo le contesté: ‘Sí, a animarme me animo’". En 2003 hizo por primera vez la elaboración solo.

"Esa pregunta cambió mi carrera. Ahí sentí realmente que estaban depositando una responsabilidad enorme en mí. Ya no se trataba solamente de acompañar o aprender: tenía que tomar las decisiones y hacerme responsable del resultado", recuerda Javier.

Viñedos de  Valle de la Puerta en Valle de Famatina, La Rioja

Animarse, sin embargo, no significaba sentirse totalmente listo. Por eso, Collovati empezó a estudiar, leer y buscar información con intensidad. Luego llegarían viajes a bodegas de Estados Unidos, Italia y España, además de ferias internacionales que le permitieron comparar los vinos riojanos con lo que estaba ocurriendo en otros mercados. Como dice Javier: "Una cosa era animarse y otra muy distinta era estar preparado".

Evolución y aprendizaje

Para Fornasero, el paso decisivo fue más progresivo. Primero asumió como asistente de Enología y después como segunda enóloga. En esa etapa empezó a trabajar cada vez más cerca de Paul Hobbs, fundador de Viña Cobos.

"Ya no se trataba solamente de ejecutar correctamente una tarea o de obtener un buen análisis, sino de empezar a interpretar el vino, comprender la visión global de cada terroir, anticiparnos a los problemas y trabajar en la construcción del perfil de cada línea". Con el tiempo llegó el nombramiento como Directora de Enología y Viñedos. "No lo viví como algo inesperado, sino como el resultado de muchos años de trabajo, evolución y aprendizaje, y también de una confianza que se fue construyendo con el tiempo".

La vendimia en la que se jugó el puesto

En Kaiken, en cambio, la llegada de Solís a la conducción tuvo algo de examen final. En 2021, la salida de Rogelio Rabino dejó vacante la "jefatura". Solís ya era segundo enólogo, pero la sucesión no estaba decidida y la compañía evaluaba alternativas.

"Yo sentí que la vendimia 2021 era demostrar un poco de qué estaba hecho y que podía estar al frente de la bodega". Terminada aquella cosecha llegó finalmente el nombramiento como jefe de Enología: "Creo que hubo un poco de presión que metió Jorge Muñoz, de distribuidora Ley Seca, en una reunión comercial donde todavía la bodega no había comunicado al nuevo enólogo".

"Yo sentí que la vendimia 2021 era demostrar un poco de qué estaba hecho y que podía estar al frente de la bodega", Juan Pablo Solís, Enólogo de Bodega Kaiken

Habían pasado seis años desde aquel diálogo en el que Rogelio Rabino le había advertido que tenía que empezar de abajo. Para Solís, esa trayectoria cambió también su manera de ejercer autoridad. "Cuando vos estuviste más abajo e hiciste esas tareas es mucho más fácil dar una orden o generar un clima en el equipo, porque estás hablando desde el conocimiento, desde haberlo hecho y haberlo vivido".

Para Solís, la universidad y los libros aportan herramientas técnicas: "Pero haber conocido la operación permite entender qué es realmente posible hacer dentro de una bodega. Cuando conocés las dos partes es mucho más fácil armar el equipo y bajar eso a órdenes reales. Siempre con trabajo, humildad y buenas formas. Tratamos de tener un equipo sano".

Saber de vino no alcanza

Llegar a la conducción de una bodega, implica una paradoja muy importante: cuanto más alto es el cargo enológico, menos alcanza solamente con saber de enología. Fornasero lo plantea en términos de liderazgo. "Aprendí que hacer grandes vinos no es solamente una cuestión técnica. Es, fundamentalmente, un trabajo de equipo".

Diana Fornasero junto a Paul Hobbs - FOTO: Bodega Viña Cobos

El nuevo puesto la obligó a desarrollar otras herramientas: escuchar, comunicar, delegar y confiar. "Entendí que liderar no significa tener todas las respuestas, sino generar las condiciones para que cada persona pueda aportar lo mejor de sí".

En Valle de la Puerta, el recorrido llevó a Collovati todavía más lejos de su función original. Hoy gerencia integralmente el proyecto y sus responsabilidades abarcan no sólo la elaboración y los viñedos, sino también olivares, nogales, la planta de aceite de oliva, la producción de pellets y otras actividades de la empresa.

"La enología fue una gran escuela para mí. Empecé con el desafío de aprender a hacer vinos y después tuve que aprender a conducir equipos, tomar decisiones y entender que para lograr calidad hay que mirar todo el proceso".

Qué pasa después de llegar

Llegar a jefe tampoco resolvió la pregunta que atraviesa cualquier carrera: ¿y ahora? Para Solís, la respuesta pasa menos por otro cargo que por ampliar el impacto del trabajo. "Hoy la clave está en seguir formando buenos equipos para hacer mejores vinos, poder seguir innovando y lograr que nuestro vino argentino se conozca en todo el mundo y la gente quiera elegirlo y consumirlo".

También señala un cambio que excede la elaboración: la necesidad de conectar el trabajo enológico con el negocio. "Hoy el trabajo va más por poder articular lo que hacemos desde lo enológico con la parte comercial para que la cosa funcione".

Bodega Kaiken y viñedos centenarios en Vistalba, Luján de Cuyo, Mendoza

Fornasero tampoco piensa el futuro como un nuevo casillero dentro de un organigrama. Su objetivo pasa por profundizar el conocimiento de los terroirs de Viña Cobos, estudiar con mayor precisión sus microterruños y consolidar internacionalmente no sólo al Malbec, sino también al Cabernet Sauvignon y los grandes blancos mendocinos.

Pero agrega otro desafío: desarrollar a quienes vienen detrás. "Una bodega no se construye solamente a través de los vinos que produce, sino también a través de las personas que trabajan para hacerlos posibles".

Collovati llega prácticamente a la misma conclusión después de más de dos décadas en la misma bodega. "Uno de los objetivos más importantes que me quedan por alcanzar es poder transmitir lo aprendido, formar buenos equipos y generar sucesores", dice y remarca: "Que Valle de la Puerta pueda seguir creciendo y evolucionando más allá de las personas que hoy la conducimos sería, para mí, uno de los mayores logros profesionales".

Los tres llegaron a sus bodegas pensando primero en aprender, trabajar o simplemente conseguir una oportunidad. Ninguno sabía entonces que años después estaría tomando las decisiones. Tal vez por eso, la vieja frase de campo que Solís adoptó durante el camino funciona también como síntesis de cada carrera: "Lo único que vas a empezar de arriba es un pozo".