El ecosistema digital se mueve a máxima velocidad y el público es cada vez más exigente. La irrupción de la inteligencia artificial no hizo más que acelerar ese cambio. Por eso las organizaciones necesitan repensar su narrativa. Ahí se construye la reputación y se sostiene la competitividad en el tiempo.
En comunicación, ya no alcanza con adaptarse. Hoy hay que anticiparse. Quienes trabajamos en esta industria sabemos que el cambio es constante, pero en los últimos años la velocidad se disparó y nos obliga a revisar casi todos los días nuestras herramientas y también cómo pensamos las estrategias. Ahí la creatividad marca la diferencia.
Cuando empezamos a trabajar con un cliente, lo primero que hacemos es conocerlo a fondo. Ahí profundizamos rápidamente en sus valores y su forma de tomar decisiones. Con esa base armamos un plan de comunicación que blinda su reputación y aumenta su posicionamiento en el mercado, pensando siempre en el largo plazo.
Para eso también es clave identificar a los distintos públicos de la compañía y entender qué esperan de ella, para poder construir mensajes alineados con esas expectativas.
El contenido manda, pero hoy el poder real está del lado de las audiencias. Son ellas las que evalúan a las marcas en cada momento y tienen un rol mucho más activo que antes. Premian o castigan los principios de una organización y de los productos que consumen. Interpretan lo que hacemos y lo amplifican, para bien o para mal. Un mensaje puede cambiar de sentido según quién lo lea. Lo mismo pasa con las acciones. No actuar también tiene consecuencias.
En este contexto, humanizar las marcas se volvió una prioridad concreta para cualquier estrategia de comunicación. Hace falta repensar los discursos y elegir voceros creíbles, capaces de contar historias genuinas y generar cercanía real. Las historias importan, y también quién las cuenta.
La irrupción de la IA y la saturación de contenido son otro desafío para que los mensajes de las marcas tengan impacto real. Por eso trabajar la narrativa de las empresas y sus voceros tiene que ser una prioridad a la hora de comunicar. Ganan las narrativas transparentes y coherentes con lo que la empresa realmente hace.
Por eso, contar con profesionales que cuiden la reputación de la marca y ayuden a llevar sus mensajes y valores a las audiencias correctas se volvió clave.
En definitiva, hoy la comunicación no se construye solo con lo que las marcas dicen de sí mismas. La IA se convirtió en uno de los públicos que las marcas también tienen que tener en cuenta. Pero la conversación la sostienen las audiencias, que deciden si creen en esos mensajes y si los comparten con el tiempo.
Martín Guzmán es co-fundador & Director General en PAMPA , y nos gustaría ofrecer a Forbes en exclusiva.