Jorge Gómez, de 66 años, compone su vida a partir de pequeños momentos. Gracias a ellos hoy entiende, valora y disfruta mucho más esos instantes que suelen pasar inadvertidos pero que, en perspectiva, se convierten en pilares.
Empresario argentino, Gómez es reconocido por coleccionar autos de lujo.
El primero que compró fue una Ferrari F40, impulsado por uno de sus hijos que, siendo niño, le confesó que su sueño era tener un auto de esa marca. “¿Una Ferrari? Vos estás loco. Andá a manejar una Ferrari en Argentina”, le respondió entonces. Pero esa misma noche, al volver de la oficina y pasar por una concesionaria, lo llamó y le dijo: “Vamos a comprarla”.
Ese fue el inicio. Se subió al “diablo rojo” y se enamoró por completo, creyó que nunca volvería a conducir algo tan especial. Sin embargo, la experiencia se repitió cuando probó el Pagani Zonda, un superdeportivo de fibra de vidrio hecho a medida, con 555 caballos de fuerza y capaz de superar los 300 km/h.
Lo adquirió directamente de Horacio Pagani, célebre diseñador y dueño de la marca, aun sin contar con el dinero suficiente.
Se conocieron en el Salón de Ginebra en el año 2000, a través de un amigo en co mún. Gómez le ofreció comprarle el auto. Pagani sonrió y le restó importancia, pero el empresario insistió. “Les vendo estos autos a multimillonarios, Jorge”, le dijo. Y Gómez replicó: “Pero yo soy argentino. No sé, podemos hacer un plan de ahorro”.
Pagani aceptó y le dio un año para pagar el total, aunque nunca pensó que llegaría a concretar la compra. El empresario entregó un adelanto de US$ 80.000 y luego llamó para avisar que tenía el resto. Como gesto de disculpa por no creer en su palabra, Pagani ordenó reconstruir por completo el vehículo para que recibiera un Zonda 0 km.
Gómez recuerda ese momento con lujo de de talles: “Todos haciendo fila, sonaba de fondo una ópera y la gente aplaudía. Cuando lo vi, se me llenaron los ojos de lágrimas y lo abracé a Horacio”. Hoy, ese auto está valuado en US$ 2.3 millones. @@FIGURE@@
Desde entonces, el empresario adquirió más de diez autos de lujo, tres de ellos Pagani: el Zonda, un Utopía y un Huayra.
Y la lista puede crecer: hace pocos días habló con su amigo y diseñador, que le dijo “Jorge, vos tenés que tener el Utopía BC”, un modelo exclusivo. “Anotame. No tengo la guita, pero olvidate, de alguna manera lo vamos a comprar”, respondió Gómez, y pidió quedarse con el primer ejemplar. “Me dijo que no sabía, pero yo intento. Igual ya me anoté en el Utopía BC”, adelanta.
INSPIRACIÓN PARA PÁEZ VILARÓ
El Pagani Zonda de Gómez no solo despierta admiración entre los fanáticos de los autos. Hace dos décadas, también captó la atención de Carlos Páez Vilaró. Poco después de recibir el vehículo, el empresario argentino visitó Casa Pueblo, la icónica construcción del artista en Punta Ballena. “Quedó atónito al ver el Zonda”, recuerda. Fue esa reacción la que lo llevó a pedirle que plasmara la silueta del vehículo en una obra. El resulta do fue un dibujo de la puesta de sol en Casa Pueblo, con el auto en primer plano y una dedicatoria personal.
La relación con la familia Páez Vilaró se mantuvo en el tiempo. Hoy, Carlitos Páez Vilaró (hijo del artista) es uno de sus amigos más cercanos y fue quien lo presentó a Fernando Parra do. “Para mí fue espectacular conocer a Nando, porque más allá de todo lo que pasó en Los Andes, a él le en cantan los autos, entonces compartimos mucho desde ese lugar”, recuerda.
UN CAMINO SINUOSO
Gómez es excéntrico por definición y, cuando habla, no ahorra palabras al contar la historia de su infancia. En diferentes entrevistas que ha dado, se adelanta a la pregunta y va directo a aquella casa prefabricada en La Matanza (Buenos Aires). No tenían baño, la bomba de agua funcionaba cuando quería —y casi nunca lo hacía—, lo que llevaba a que el “fuentón” fuera siempre la mejor opción para ducharse. El frío era el peor enemigo, porque el viento se colaba por todos los sitios de la pequeña vivienda que compartía junto a sus padres.
“Yo era pobre, pero pobre de pasar hambre, de bañarme con agua fría, de no tener baño. Igual me gustaban los autos… un gustito bastante caro para un pibe que andaba con championes remendados”, recuerda.
Su familia no tenía auto, no se iba de vacaciones y los “lujos” eran las gaseosas que aparecían casi como un milagro en la mesa del comedor. Cuando Gómez cumplió la mayoría de edad salió a trabajar y, por su forma de ser, el traje de vendedor le calzó perfecto. @@FIGURE@@
“Mi gran crecimiento económico fue cuando hice matriz para las cajas de plástico”, recuerda. De aquella infancia marcada por la precariedad, Gómez pasó a construir una compañía sólida en el sector eléctrico en Argentina. El punto de quiebre llegó cuando, ya casado y con dos autos en su garage, se cruzó en el camino de un fabricante de juguetes en crisis. Le compró 2.000 cajas automáticas para instalaciones eléctricas y en pocos días las había vendido todas.
La experiencia le confirmó que había un negocio por desarrollar.
El fabricante, sin embargo, no te nía dinero ni ánimo para continuar. Gómez insistió en que no se retirara, pero finalmente tomó una de cisión radical: vendió sus autos, su hogar y se mudó con su familia a la casa de su suegra para comprarle la fábrica. Así nació Roker, empresa que lleva 37 años en el mercado, tiene más de 100 empleados, 7.200 metros cuadrados construidos y un mueble con forma de Ferrari en la oficina principal.
“La vida es como una carrera: vos tenés que frenar a veces, pero la mayoría vas a fondo, acelerás más y arrebasás. Te la podés dar, te la vas a dar seguramente, pero alguna te va a salir bien y esa la recordarás toda la vida”, dice Gómez.
“Yo siempre sueño las cosas antes de tenerlas. Me las imagino, entonces las empiezo a disfrutar antes de tenerlas”, repite como un mantra.
Fotos: Diego Olivera
*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de Diciembre de 2025. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.