De plástico a alimento: científicos estudian cómo transformar residuos de impresión 3D en proteína
El ensayo de laboratorio logró multiplicar la biomasa de levadura en 8,5 veces mediante un tratamiento químico aplicado al PLA. Sin embargo, todavía faltan pruebas para determinar si el producto final puede consumirse sin riesgos.

Un grupo de científicos estudió cómo transformar residuos de ácido poliláctico (PLA), el plástico más utilizado en impresoras 3D domésticas, en materia prima para producir proteína a partir de levadura. El ensayo se realizó a escala de laboratorio y arrojó resultados preliminares positivos, aunque el producto todavía deberá superar controles de seguridad antes de considerarse apto para el consumo humano.

La impresión 3D se convirtió en una industria multimillonaria gracias, en parte, al crecimiento del mercado destinado a consumidores. La mayoría de las escuelas y bibliotecas, además de una cantidad cada vez mayor de hogares, ya cuentan con alguno de estos equipos.

Su expansión responde principalmente al costo. Muchos objetos pueden fabricarse en casa por menos dinero que el necesario para comprarlos, mientras que distintas plataformas ofrecen millones de diseños gratuitos y de código abierto listos para descargar.

El problema aparece cuando una impresión falla o deja piezas descartables. Ese plástico puede reciclarse y volver a convertirse en el filamento que utilizan las máquinas. Sin embargo, el proceso puede repetirse hasta cinco veces antes de que el material comience a perder resistencia.

El PLA puede reciclarse hasta cinco veces antes de comenzar a perder resistencia. (Foto: Pexels)

El PLA se utiliza habitualmente para fabricar objetos mediante impresoras 3D que derriten y depositan el material capa por capa. Además de los trabajos fallidos, los soportes descartados, los cambios de color y las sucesivas pruebas de un prototipo generan grandes cantidades de residuos.

Cómo se puede transformar el plástico en proteína

El nuevo estudio analizó una posible salida para ese material cuando ya no pueda reciclarse. Los investigadores buscaron descomponerlo mediante un procedimiento químico y utilizar el producto resultante para cultivar levadura, a partir de la cual podría obtenerse proteína unicelular. Este tipo de proteína se produce a partir de microorganismos. Antes de incorporarla a un alimento destinado a personas, deberá comprobarse que el procedimiento elimina cualquier sustancia peligrosa y que el producto final es seguro.

Para realizar el experimento, los científicos probaron tres cantidades diferentes de hidróxido de sodio, una sustancia que permite descomponer el PLA. El proceso se llevó a cabo a temperatura ambiente, con equipos y materiales fácilmente disponibles.

El ensayo probó tres concentraciones de hidróxido de sodio para determinar cuál descomponía mejor el PLA. (Foto: Forbes US traducida con IA)

Luego neutralizaron la mezcla y la colocaron en un biorreactor de código abierto, un recipiente que mantiene las condiciones necesarias para cultivar microorganismos. Ahí incorporaron levadura comercial, que posteriormente secaron y midieron para calcular cuánta biomasa podía producir.

El interés por encontrar nuevas fuentes de proteína creció junto con la demanda de consumidores preocupados por su salud y de quienes utilizan medicamentos GLP-1. Sin embargo, los investigadores remarcaron que la propuesta todavía se encuentra en una etapa preliminar.

Los primeros resultados y los límites del experimento

Las pruebas mostraron que una mayor cantidad de hidróxido de sodio permitió descomponer mejor el PLA y producir más biomasa de levadura. El tratamiento con una proporción de una parte de esa sustancia por cada tres partes de plástico generó 8,5 veces más biomasa.

Según los autores, el procedimiento demostró ser técnicamente viable a escala de laboratorio. También podría convertirse en una alternativa económicamente viable para producir levadura en el hogar a partir de residuos de impresión 3D.

La biomasa aumentó 8,5 veces, aunque todavía faltan pruebas para garantizar que su consumo sea seguro. (Foto: Getty Images)

El principal costo provino de la energía necesaria para completar el proceso y no de los productos químicos utilizados. Este resultado permitiría avanzar con experimentos de mayor escala mediante un biorreactor de código abierto. Todavía hacen falta nuevas pruebas para ajustar el procedimiento y comprobar que el producto sea inocuo. Por ese motivo, los resultados actuales no permiten considerar esta proteína como un alimento listo para el consumo.

Los investigadores plantearon que la tecnología podría ofrecer una fuente alternativa de comida durante una emergencia o una catástrofe. Fuera de esas situaciones, incluso si el proceso resultara seguro y económico, todavía quedaría por resolver si los consumidores estarían dispuestos a consumir un alimento elaborado a partir de residuos plásticos.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.