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Foto: Getty Images.

Cada vez más niños en EE.UU. toman medicamentos para bajar de paso: ¿qué deben saber los padres?

Victoria Forster Contributor

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Una investigación en Estados Unidos analizó más de 3,5 millones de historias clínicas y encontró un fuerte avance en las recetas. Aun así, persisten dudas sobre sus efectos durante una etapa clave del crecimiento.

22 Septiembre de 2026 15.08

Las recetas de medicamentos GLP-1 para chicos de entre 8 y 11 años con obesidad se dispararon en Estados Unidos, según una investigación publicada en Pediatrics. Estos fármacos ayudan a reducir el apetito y pueden favorecer la pérdida de peso. El estudio analizó historias clínicas de más de 3,5 millones de pacientes sin diabetes y encontró que la prescripción anual pasó del 0,03% al 9,3% entre 2019 y 2026, lo que representa un aumento de 310 veces.

El dato resulta llamativo porque la mayoría de estos tratamientos para bajar de peso están aprobados en Estados Unidos recién a partir de los 12 años. Entre los más conocidos se encuentran la semaglutida, comercializada como Wegovy, la liraglutida, bajo la marca Saxenda, y la tirzepatida, vendida como Zepbound.

"Creo que es un cambio significativo", afirmó la Dra. Sarah C. Armstrong, profesora de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke y jefa de la División de Pediatría General y Salud Adolescente. Según explicó, el tratamiento de la obesidad infantil cambió rápidamente con la llegada de medicamentos más eficaces.

En total, el 0,6% de los chicos analizados recibió una receta de estas durante el período estudiado. El aumento entre los menores de 12 años muestra que algunos médicos y familias ya evalúan su uso a edades más tempranas, sobre todo en casos de obesidad severa o cuando existen problemas de salud asociados.

Tres niños sentados a la mesa disfrutando de plátanos y pasteles durante la merienda.
La prescripción anual de estos tratamientos pasó del 0,03% al 9,3% entre 2019 y 2026 en chicos de 8 a 11 años. (Foto: Pexels)

"Cada vez reconocemos más la obesidad como una enfermedad biológica crónica, en lugar de simplemente un problema de comportamiento individual, y los medicamentos GLP-1 demostraron que puede responder de forma sustancial al tratamiento médico", sostuvo Armstrong.

La mayor presencia de estos fármacos entre los adultos también podría influir. Una encuesta muestra que el 15% de los adultos estadounidenses toma o tomó alguna vez medicamentos GLP-1. "Muchos padres están tomando estos medicamentos y vieron cambios drásticos en sí mismos, y no quieren que sus hijos tengan que esperar tanto tiempo para recibir tratamiento", afirmó Armstrong.

Qué implica usarlos antes de los 12 años

La FDA, el organismo que regula medicamentos y alimentos en Estados Unidos, todavía no aprobó los fármacos GLP-1 para controlar el peso en menores de 12 años. Aun así, los médicos pueden recetarlos fuera de las indicaciones autorizadas cuando consideran que existe una justificación clínica.

Armstrong advirtió que esa posibilidad debería reservarse para casos excepcionales. Podría evaluarse en chicos con obesidad muy grave y enfermedades asociadas cuando los tratamientos convencionales no hayan sido suficientes. En esos casos, la familia debería conocer la evidencia disponible limitada y contar con el seguimiento de profesionales especializados en obesidad pediátrica.

Imagen en primer plano de un hombre sosteniendo su barriga hinchada mientras lleva puesta una camisa roja.
En menores de 12 años, el uso fuera de indicación debería reservarse para casos excepcionales y con seguimiento especializado. (Foto: Pexels)

"En mi práctica personal, solo utilizo la prescripción de medicamentos fuera de indicación cuando existen datos de seguridad en ese grupo de edad", remarcó Armstrong.

La evidencia disponible varía según el medicamento. En el caso de la liraglutida, hay datos que respaldan su seguridad y eficacia en chicos de entre 6 y 11 años con obesidad. También existen estudios sobre el uso de este tipo de tratamientos en menores con diabetes tipo 2.

Con la semaglutida, en cambio, todavía no hay datos publicados sobre su uso en menores de 12 años. Sin embargo, se esperan los resultados de un estudio realizado con chicos de entre 6 y 11 años con obesidad para noviembre. Según Armstrong, los hallazgos muestran "buena eficacia y seguridad".

El desafío de cuidar el crecimiento y la nutrición

Tratar la obesidad durante la infancia plantea desafíos distintos a los que se presentan en los adultos. "La principal preocupación es asegurar que la pérdida de peso no interfiera con el crecimiento y desarrollo normales de la infancia", afirmó Armstrong.

Un medicamento que reduzca mucho el apetito podría provocar una ingesta insuficiente de proteínas y otros nutrientes, pérdida de masa muscular o una pérdida excesiva de peso. Los GLP-1 también pueden causar efectos gastrointestinales como náuseas, vómitos, diarrea y constipación. Además, todavía existen dudas sobre cómo una supresión prolongada del apetito durante la infancia podría afectar la relación de un chico con la comida.

Un niño pequeño desayunando en casa en un ambiente acogedor, mostrando la rutina y la etiqueta diarias.
En la infancia, reducir demasiado el apetito puede afectar la nutrición, la masa muscular y la relación con la comida. (Foto: Pexels)

La especialista señaló que tampoco se sabe con certeza qué ocurre cuando se suprime el hambre durante períodos prolongados a una edad temprana. Por eso, recomendó que las familias interesadas consulten con su pediatra y eviten recurrir a profesionales que no estén especializados en crecimiento infantil o desconozcan los antecedentes del paciente.

El acceso también marca diferencias

El estudio también encontró diferencias en el acceso. Los chicos que vivían en zonas con menor vulnerabilidad social tenían más probabilidades de recibir una receta de GLP-1 que aquellos de áreas más vulnerables. Armstrong explicó que la cobertura de estos medicamentos varía según el seguro y que, en algunos casos, el costo puede volverlos inaccesibles. También influyen el acceso a especialistas y las exigencias administrativas para obtener la cobertura.

"Debemos tener cuidado de no crear un sistema en el que los tratamientos altamente efectivos contra la obesidad estén disponibles principalmente para las familias con mayores recursos", afirmó.

La especialista también advirtió que el fuerte aumento de las recetas no significa que estos medicamentos deban usarse de manera habitual en chicos pequeños. "Nos indica que los médicos y las familias ya se enfrentan a esta cuestión en la práctica clínica, lo que hace aún más urgente obtener datos rigurosos sobre seguridad y eficacia", sostuvo.

En los chicos, agregó, el tratamiento de la obesidad no debería limitarse a bajar de peso. También debe cuidar el crecimiento, la nutrición, la función física y el bienestar emocional.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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