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Infantino y Trump, el mundo en las manos
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Infantino y Trump, el mundo en las manos
(Photo by Dan Mullan/Getty Images)

Gianni Infantino, el CEO del fútbol global: cómo transformó la FIFA en una máquina de US$ 9.000 millones y terminó en el radar de Trump

Franco Della Vecchia

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Tras convertir al Mundial en un éxito financiero sin precedentes, el presidente de Estados Unidos lo impulsa para suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas. Del fútbol a la geopolítica, una sorpresiva y controvertida alianza entre dos de los líderes más poderosos del mundo.

24 Julio de 2026 07.32

Puede que el Mundial haya finalizado. Con él, las horas interminables de fútbol en el televisor, los debates y las ilusiones de países enteros. De todas formas, la competencia dejó mucho más que un gran espectáculo deportivo. La vida sigue su curso y todo parece indicar que los caminos de Estados Unidos y de la FIFA seguirán encontrándose. Y no sólo porque todos los cañones apuntan a que el país norteamericano vuelva a ser sede de la próxima Copa América.  El vínculo entre Donald Trump y Gianni Infantino, presidente del organismo rector del fútbol mundial, sigue tejiéndose aún finalizada la Copa del Mundo.

Según The New York Post, el presidente norteamericano pretende impulsar al presidente de la FIFA como posible sucesor de António Guterres al frente de la ONU. La alianza que construyeron en torno al Mundial, los ingresos récord del fútbol y el peso diplomático de Estados Unidos explican una maniobra que aún enfrenta importantes obstáculos en el horizonte.

El cierre del Mundial 2026 dejó a Infantino en una posición de poder difícil de imaginar cuando asumió la conducción de la FIFA una década atrás. El dirigente quedó al frente de una organización con ingresos récord, una red de relaciones que incluye presidentes y monarquías y una influencia que excede los límites del fútbol. Ahora, Donald Trump quiere llevar esa capacidad política a otro nivel. La iniciativa todavía no se tradujo en una candidatura formal. Sin embargo, las intenciones de Trump exponen la profundidad de una alianza que se fortaleció durante la organización del Mundial y que tradujo intereses deportivos en objetivos comerciales y políticos.

Para Trump, el jefe de la FIFA reúne cualidades que podrían resultar atractivas para ese puesto. Infantino dirige una entidad integrada por 211 asociaciones nacionales, negocia con gobiernos de perfiles ideológicos opuestos y administra una industria que mueve miles de millones de dólares. También mantiene una relación cercana con Washington. El cargo que podría recibir representa uno de los puestos políticos más poderosos del mundo. El secretario general de la ONU interviene en conflictos armados, negociaciones diplomáticas, crisis humanitarias, políticas climáticas y disputas entre las principales potencias. 

Donald Trump - SE PUEDE USAR - (Foto: Gage Skidmore de Peoria, Arizona, Estados Unidos de América, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons)
Donald Trump sueña con una ONU con Infantino a la cabeza (Foto: Gage Skidmore de Peoria).

La eventual postulación de Infantino abriría, por lo tanto, una discusión que excede sus méritos como dirigente deportivo. También pondría bajo análisis su vínculo personal con Trump, los favores cruzados entre ambos y las decisiones que la FIFA tomó durante un Mundial atravesado por controversias políticas.

El peso de Trump en la sucesión de Guterres

El respaldo de Estados Unidos tendría una importancia determinante, aunque no bastaría por sí solo para colocar a Infantino al frente de Naciones Unidas. La elección del secretario general comienza en el Consejo de Seguridad, que debe recomendar un nombre a la Asamblea General. Estados Unidos comparte el poder de veto con China, Rusia, Francia y el Reino Unido. Cualquiera de esos países puede bloquear una candidatura. El aspirante también necesita al menos nueve votos entre los 15 integrantes del Consejo antes de obtener la aprobación de la Asamblea General.

Trump cuenta así con capacidad para frenar nombres y promover aliados, pero no puede imponer un candidato sin negociar con las demás potencias. Infantino debería evitar el veto de gobiernos que mantienen fuertes disputas con Washington y, al mismo tiempo, convencer a países que podrían cuestionar su cercanía con el presidente estadounidense.

También existe una expectativa política de que el próximo secretario general provenga de América Latina y el Caribe. La región considera que llegó su turno dentro de la rotación geográfica informal que suele influir en estas elecciones. 

Infantino posee actualmente las nacionalidades suiza, italiana y libanesa. Su candidatura rompería esa expectativa regional y obligaría a Estados Unidos a desplegar una negociación compleja. El dirigente tampoco puede presentarse por cuenta propia. Uno o más Estados miembros deberían proponerlo formalmente.

La carrera por la sucesión de Guterres comenzó antes de que trascendiera la intención de Trump. Infantino tendría que competir contra aspirantes que ya cuentan con respaldo gubernamental y experiencia diplomática. Sin embargo, el recorrido profesional de Infantino se centró en el derecho deportivo, la gestión institucional y la expansión comercial del fútbol. Nunca ocupó un cargo diplomático tradicional. Sus defensores podrían argumentar que esa falta de pertenencia al sistema político constituye una ventaja. Sus críticos señalarían que dirigir la FIFA no prepara necesariamente a una persona para administrar las crisis que enfrenta Naciones Unidas.

La apuesta también resulta llamativa por la relación de Trump con la ONU. El mandatario cuestionó durante años a los organismos multilaterales, redujo compromisos internacionales de Estados Unidos y criticó el costo de las instituciones globales. Colocar a un aliado al frente de Naciones Unidas le permitiría aumentar su influencia sobre una estructura que miró con desconfianza durante sus dos gobiernos.

Una alianza que nació alrededor del Mundial

La relación entre Trump e Infantino cobró visibilidad en 2018, cuando Estados Unidos, México y Canadá obtuvieron la organización del Mundial 2026. El presidente de la FIFA visitó la Casa Blanca durante el primer mandato del republicano y protagonizó varias escenas públicas junto a él.

Donald Trump e Infantino durante el Mundial de Clubes del 2025 (Crédito: FIFA).
Donald Trump e Infantino durante el Mundial de Clubes del 2025 (Crédito: FIFA).

El vínculo continuó después de la derrota electoral de Trump en 2020. Infantino mantuvo el contacto y recuperó rápidamente la cercanía después del regreso del republicano al poder. Participó de actividades vinculadas con su asunción y lo presentó como un socio central para el éxito del Mundial. Además, la FIFA necesitaba una estrecha coordinación con el gobierno estadounidense para la organización del Mundial de Clubes en 2025 y de la Copa del Mundo en 2026. Los preparativos incluyeron visas, controles migratorios, seguridad, transporte, infraestructura y coordinación entre autoridades federales y locales.

Trump también encontró beneficios políticos. El Mundial fue una vidriera internacional que atrajo grandes audiencias y le permitió asociar su gobierno con uno de los espectáculos más vistos del planeta.  Durante 2025, el presidente de la FIFA visitó al mandatario más de diez veces. La relación excedió las cuestiones operativas del campeonato. Infantino acompañó a Trump durante una gira por Medio Oriente que incluyó escalas en Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Los tres países ocupan un lugar central en el negocio del fútbol. Qatar organizó el Mundial de 2022, Arabia Saudita recibirá la edición de 2034 y Emiratos Árabes Unidos aumentó su participación en inversiones deportivas, patrocinios y clubes.

El viaje desató críticas dentro de la propia FIFA. Por su agenda en Medio Oriente junto a Trump, Infantino llegó con más de dos horas de demora al Congreso que el organismo rector del fútbol mundial celebró en Asunción de Paraguay. Delegados europeos abandonaron el encuentro y la UEFA cuestionó que el dirigente alterara la agenda institucional para priorizar intereses políticos personales. También emitió un comunicado:  “El congreso de la FIFA es una de las reuniones más importantes del fútbol mundial, donde las 211 naciones que conforman este deporte se reúnen para debatir cuestiones que afectan al mismo en todo el mundo. Cambiar el calendario a última hora, aparentemente solo para complacer intereses políticos privados, perjudica al fútbol y da la impresión de anteponer sus intereses a un segundo plano”.

Un premio que reforzó la cercanía

La alianza alcanzó otro nivel en diciembre de 2025, durante el sorteo del Mundial. Infantino entregó a Trump el primer Premio de la Paz creado por la FIFA. La distinción surgió después de que el mandatario manifestara su deseo de recibir el Nobel de la Paz. Por supuesto, el reconocimiento causó sorpresa dentro y fuera del fútbol. La distinción no tenía antecedentes y quedó en manos del principal aliado político del presidente de la FIFA. Organizaciones vinculadas con los derechos humanos presentaron cuestionamientos y pidieron que los órganos internos analizaran si Infantino incumplió el deber de neutralidad.

La relación entre Trump e Infantino volvió a quedar bajo sospecha durante el Mundial. Trump intervino para pedir una revisión de una sanción contra un futbolista estadounidense. La FIFA suspendió el castigo y permitió que el jugador participara del partido siguiente. La decisión abrió interrogantes sobre la autonomía de los órganos disciplinarios. La intervención del presidente del país anfitrión benefició directamente a su selección y reforzó la percepción de que la cercanía personal podía influir en asuntos deportivos.

La final fue el único partido del Mundial 2026 al que asistió Donald Trump. El mandatario presenció la victoria de España ante la Argentina y bajó a la cancha junto a Gianni Infantino para participar de la entrega de medallas y del trofeo. Trump permaneció después junto a los futbolistas españoles durante la celebración y ocupó un lugar visible en la imagen del campeón. 

La escena tuvo un epílogo particular. La FIFA publicó en sus redes una fotografía recortada que dejó al presidente estadounidense fuera del encuadre, pese al protagonismo que había tenido Trump durante la ceremonia. 

El negocio récord que fortaleció a Infantino

El poder del presidente de la FIFA no depende únicamente de su vínculo con líderes políticos. La organización controla uno de los negocios de entretenimiento más grandes del planeta y distribuye parte de sus ingresos entre 211 federaciones nacionales. El Mundial 2026 llevó esa maquinaria a un nivel récord. La competencia contó con 48 selecciones y 104 partidos, frente a los 64 encuentros disputados en Qatar 2022. La ampliación sumó audiencias, mercados televisivos, sponsors, entradas y paquetes corporativos.  Las estimaciones preliminares indican que la FIFA alcanzó ingresos por 9.000 millones de dólares al cabo de la última Copa del Mundo.

La FIFA previó ingresos superiores a los US$ 13.000 millones para el ciclo 2023-2026, aunque las estimaciones posteriores al campeonato ubicaron el resultado por encima de los US$ 15.000 millones. La cifra casi duplicó los US$ 7.568 millones obtenidos durante el ciclo anterior. El Mundial de Clubes de 2025 ya había anticipado el potencial del mercado norteamericano. La competencia reunió a 32 equipos, se disputó también en Estados Unidos y generó ingresos cercanos a los US$ 2.100 millones. El torneo permitió vender nuevos derechos de transmisión y abrió un espacio comercial que la FIFA pretende explotar con regularidad.

Infantino considera que el fútbol todavía tiene un amplio margen de expansión fuera de Europa y apunta a Estados Unidos, Asia y Medio Oriente como motores de ese crecimiento comercial. “Esto tendrá un impacto en lo que podemos hacer en todo el mundo, pero los ingresos y el éxito económico y financiero solo se lograrán si el aspecto deportivo es el correcto. Si hacemos lo correcto desde el punto de vista deportivo”, sostuvo el dirigente antes de la final del Mundial.

La FIFA utiliza una parte de esos recursos para financiar a sus asociaciones miembro. Cada federación puede acceder a millones de dólares durante un ciclo mundialista, además de recibir fondos para infraestructura, torneos juveniles y desarrollo del fútbol femenino. Ese sistema fortalece la posición electoral de Infantino. Cada asociación dispone de un voto en el Congreso, sin importar el tamaño de su mercado o el rendimiento de su selección. Brasil, Alemania y la Argentina tienen el mismo peso formal que federaciones de pequeños países del Caribe, África o el Pacífico.

Gianni Infantino - SE PUEDE USAR - (Foto: fifa.com)
Gianni Infantino apuesta por un Mundial con más selecciones (Foto: fifa.com).

Para muchas de esas entidades, los recursos de la FIFA representan una parte importante de sus presupuestos. El dirigente que garantiza esa distribución obtiene un respaldo político difícil de quebrar.

Las controversias que expusieron la dimensión política del Mundial

El éxito deportivo y comercial del Mundial 2026 convivió con controversias que expusieron las tensiones políticas y sociales alrededor del torneo. Los episodios pusieron a prueba los protocolos de la FIFA y la capacidad de Infantino para sostener la neutralidad institucional que exige el fútbol internacional.

Antes del comienzo de la competencia, el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, el primero de su país seleccionado para dirigir una Copa del Mundo, no pudo participar luego que Estados Unidos le negara la entrada. El gobierno estadounidense justificó la decisión por sus supuestos vínculos con personas sospechadas de pertenecer a organizaciones terroristas, mientras que Artan sostuvo que lo ocurrido había sido injusto.

Paralelamente, durante la eliminación de Egipto ante la Argentina, el entrenador Hossam Hassan cruzó las manos en forma de "X" para denunciar un supuesto episodio de discriminación. El técnico utilizó la señal incorporada por la FIFA a su protocolo contra el racismo.

Días más tarde, tras vencer a Inglaterra en semifinales, varios futbolistas argentinos exhibieron una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas”. El mensaje reavivó la disputa diplomática con el Reino Unido y quedó bajo análisis por su posible contradicción con las normas que prohíben expresiones políticas dentro de los estadios. La exhibición de la bandera de Malvinas alimentó una reacción internacional contra la Selección y, por extensión, contra la Argentina. Funcionarios británicos reclamaron que la FIFA investigara el mensaje político mostrado después de la semifinal. En las redes se multiplicaron publicaciones que mezclaron críticas deportivas con acusaciones de racismo, falta de deportividad y cuestionamientos a la identidad nacional.

Kelpers cuestionan a la Selección argentina por la bandera de Malvinas –  Diario Sur24
Jugadores argentinos exhiben bandera de Malvinas luego del triunfo contra Inglaterra.

Los casos mostraron la dificultad de separar el deporte de los conflictos diplomáticos, migratorios y sociales que atraviesan a los países participantes.  Cada decisión podía generar un conflicto con gobiernos, federaciones o patrocinadores. Esa presión mostró que el Mundial es también una plataforma en la que los países disputan identidad, poder e influencia.

El ascenso de un abogado que entendió el sistema

Infantino llegó a la presidencia de la FIFA durante la mayor crisis institucional de la organización. En 2015, investigaciones judiciales en Estados Unidos y Suiza expusieron acusaciones de corrupción dentro de la organización. Joseph Blatter dejó el cargo y Michel Platini, favorito para sucederlo, recibió una sanción que frustró su candidatura. Infantino se desempeñaba como secretario general de la UEFA y apareció como reemplazante de Platini. Contaba con experiencia administrativa, dominio de varios idiomas y conocimiento de las federaciones. 

El Congreso extraordinario lo eligió presidente el 26 de febrero de 2016. El dirigente amplió los torneos, aumentó los fondos para las asociaciones y promovió el Mundial de 48 selecciones. También reforzó el control de la FIFA sobre el calendario internacional y creó nuevas competencias. Su estrategia recuperó una lógica histórica del fútbol mundial. Los ingresos de los grandes torneos financian programas en países que carecen de ligas rentables o contratos de televisión importantes. A cambio, las federaciones respaldan al presidente que mantiene el flujo de dinero.

Los críticos sostienen que ese mecanismo concentra poder, debilita la competencia electoral y reduce los controles internos. Infantino también enfrentó choques con ligas, clubes y sindicatos de futbolistas por la cantidad de partidos y la expansión permanente del calendario.

Para sus aliados, el crecimiento de los torneos permite incorporar países, aumentar los recursos y financiar infraestructura. Esa disputa define buena parte del futuro del negocio. Las ligas europeas intentan proteger sus competencias, mientras que la FIFA busca explotar la demanda global por partidos de selecciones y clubes.

El Mundial 2030 y la próxima expansión

La Copa del Mundo de 2030 será otra prueba para el modelo de Infantino. España, Marruecos y Portugal organizarán la mayor parte del torneo. La Argentina, Paraguay y Uruguay recibirán un partido cada uno como parte de la celebración por el centenario de la competencia. El formato oficial contempla 48 selecciones, pero no se descarta una ampliación a 64 equipos.

Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol, reactivó la propuesta y planteó que el aniversario justifica una edición excepcional. “¡El próximo se juega en casa! En 2030 se viene el Mundial de Uruguay, Argentina y Paraguay. Una gran oportunidad para el fútbol, para celebrar el Centenario de la Copa del Mundo con una competencia con 64 equipos”, publicó Domínguez.

Horas después aclaró que la modificación todavía no recibió la aprobación de la FIFA. La iniciativa permanece en una etapa política y requiere estudios sobre sedes, calendario, viajes y costos.

Un Mundial con 64 selecciones podría tener 16 grupos de cuatro equipos, con dos clasificados por zona. La competencia alcanzaría cerca de 128 partidos, unos 24 más que en 2026. La ampliación sumaría mercados televisivos, entradas, patrocinadores y oportunidades publicitarias. También permitiría que países con escasa tradición mundialista accedan al torneo.

El costo recaería sobre la logística y el calendario. Una competencia más extensa necesitaría más hoteles, centros de entrenamiento, traslados y personal. Los clubes también deberían ceder futbolistas durante un período mayor. Para la Argentina, Paraguay y Uruguay, el cambio podría modificar el reparto de partidos. Los tres países tienen garantizado un encuentro cada uno, pero una competencia más grande podría abrir una discusión sobre una mayor participación.

El salto que Trump propone para su aliado

Una candidatura a Naciones Unidas obligaría a Infantino a decidir si abandona la estructura que construyó durante una década. La propuesta tampoco puede escindirse de los apoyos que ambos se otorgaron. Infantino convirtió a Trump en uno de los protagonistas del Mundial y sostuvo una relación estrecha con su gobierno. El mandatario ahora podría ofrecerle acceso al cargo internacional más importante disponible al finalizar 2026.

El éxito económico del Mundial fortaleció al presidente de la FIFA y le dio una exposición internacional difícil de igualar. Las controversias del torneo también mostraron los riesgos de mezclar el deporte con alianzas personales y decisiones gubernamentales. Trump quiere premiar a un aliado que le ofreció protagonismo dentro del mayor espectáculo deportivo del mundo. La próxima disputa definirá si esa relación alcanza para llevar a Infantino fuera del fútbol y colocarlo al frente de la principal organización política internacional.

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