Manuel Adorni dejó de ser el jefe de Gabinete de ministros. Su salida, ejecutada mediante la formalidad de una renuncia en el anochecer del sábado, se precipitó tras un vertiginoso escándalo mediático y judicial que terminó depositando al Gobierno de Javier Milei en un callejón sin salida. Su elegido reemplazante es el hasta ahora ministro del Interior, Diego Santilli.
En el texto de la renuncia, el saliente funcionario habló de “interminables ataques mediáticos” y volvió a rechazar acusaciones: “me han tratado de delincuente y corrupto, sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas”. Karina Milei, secretaria general de la presidencia, respondió a través de la red X: “gracias por tu incansable trabajo y por defender las ideas de la libertad con una pasión y compromiso que pocas veces se ven”.
Horas antes de que se oficializara la decisión, el presidente de la Nación había vuelto a defenderlo públicamente: “Sigo creyendo en su inocencia, pero si la Justicia lo declara culpable, lo vuelo yo de una patada”. Sin embargo, los tiempos de la política se anticiparon a los de los tribunales y la urgencia de contener el daño institucional determinó el final de su ciclo.
El ascenso de Adorni dentro del universo libertario fue meteórico. En los inicios de la gestión se consolidó como el vocero presidencial tras adquirir notoriedad pública como un hábil "tuitero", talento que le sirvió de trampolín hacia los medios de comunicación tradicionales. Tras el triunfo electoral de Milei, el propio Adorni se postuló ante la hermana del mandatario: “Si necesitan un vocero, llámenme”. Luego de encabezar la lista de candidatos a legisladores oficialistas en la Ciudad de Buenos Aires, asumió un rol de primera línea en el Ejecutivo nacional, hasta alcanzar la Jefatura de Gabinete. La extrema confianza de Karina Milei le había permitido escalar, otra vez, en el organigrama del poder.
Sin embargo, el principio del “fin” —palabra con la que él mismo solía rematar sus mensajes virales— se desató durante el último viaje de la comitiva presidencial a Nueva York para participar de la "Semana Argentina". La polémica estalló cuando su esposa, Bettina Angeletti, apareció entre los miembros de la delegación oficial, luego de viajar en el avión presidencial sin ser funcionaria pública. “Ella me ayuda y yo estoy acá DESLOMÁNDOME”, intentó explicar Adorni ante Eduardo Feinmann. “Deslomarse” no fue el verbo mejor elegido para describir su esfuerzo en la gran manzana financiera del mundo.
A partir de ese episodio, la lupa judicial y periodística se posó sobre su patrimonio, exponiendo inconsistencias difíciles de justificar con su magro salario estatal y sus flacos ahorros preexistentes. La compra de un departamento en el barrio porteño de Caballito por 230.000 dólares, a través de un presunto préstamo privado otorgado por dos jubiladas. La adquisición y posterior refacción de una propiedad en el country Indio Cuá por otros cientos de miles de billetes verdes. Y un viaje familiar a Punta del Este en un avión privado, gestionado bajo la intermediación de un periodista amigo que, al mismo tiempo, mantenía un contrato en el canal de televisión público.
Pero el paso en falso final lo dio el propio Adorni, durante una entrevista con José del Río. Al intentar ensayar una defensa, introdujo una explicación que multiplicó las sospechas y redobló el fuego en su contra. “Encontré un pendrive con una billetera de Bitcoin”. Según su relato, había invertido 200.000 dólares en 2014, logrando una ganancia de otros 300.000 dólares. La justificación mereció escasa credibilidad en el arco político y empresarial.
Los rumores sobre su salida comenzaron a correr con fuerza en los pasillos del poder desde las últimas horas del jueves 25. Ni la designación de Adrián Ravier como nuevo vocero para descomprimir la situación, ni los cinco goles de Lionel Messi en el eléctrico arranque del Mundial de fútbol lograron darle un respiro al funcionario.
La última encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública realizada por la UdeSA había indicado que la imagen negativa de Adorni seguía en caída libre, llegando al irreversible 72%. Por otra parte, el reciente informe de Monitor Digital estableció que durante la última semana la Casa Rosada alcanzó 421.000 menciones en las redes sociales, el 92% de ellas negativas y la mayoría relacionadas con Adorni.
En el círculo rojo existía un consenso claro: la permanencia de Adorni estaba hundiendo al Gobierno en un fango que opacaba los propios logros macroeconómicos, como el crecimiento del 2,3% del PBI en el primer trimestre, un dato que apenas pudieron festejar solitariamente el ministro de Economía, Luis Caputo, y Milei en redes sociales.
En el ámbito privado, los empresarios advertían que sostener a Adorni contra viento y marea ponía en riesgo los pilares clave de la gestión, como el régimen de Inocencia Fiscal. Con el horizonte electoral de 2027 empezando a asomar, el ministro coordinador se había convertido en un verdadero lastre.
Con la designación de Diego Santilli, un dirigente del PRO con peso propio y conocidas aspiraciones a la gobernación bonaerense, el Gobierno apuesta a retomar la iniciativa de la agenda pública y oxigenar la gestión con mayor muñeca política. Mientras tanto, Manuel Adorni, marginado de los pasillos de la Casa Rosada, deberá enfrentar su destino en los hostiles andariveles de la Justicia.