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La industria de la salud, con pronóstico reservado

Matías Loewy Forbes Staff

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22 Abril de 2020 07.00

La expansión del COVID-19 desafía la capacidad de respuesta y los recursos de hospitales, clínicas y financiadores, tanto en el sector público como en el privado. Compra de respiradores, readaptación de instalaciones e impulso a la telemedicina, algunas claves para superar la contingencia.

Gabriel Barbagallo, gerente de Relaciones Institucionales de OSDE y miembro de la comisión directiva de la Unión Argentina de Empresas de Salud (AUS), resumió  la esperanza y los temores de todo el sector: “Lo importante es que no aparezcan todos los enfermos juntos”. En otras palabras, que se “aplane la curva” de nuevos casos en función del tiempo: si se produce un pico de afectados por el nuevo Coronavirus, SARS-CoV-2, se puede desbordar la capacidad de respuesta del sistema de salud, tal cual mostró la experiencia en el norte de Italia, donde los médicos se ven en la disyuntiva de decidir qué pacientes con COVID-19 tienen más chances de sobrevivir con respirador y cuáles, por falta de equipos suficientes, deberán ser librados a su muerte.

En ese contexto, mientras las autoridades nacionales, provinciales y municipales de Argentina adoptaron distintas medidas para promover el distanciamiento social, incluyendo cuarentenas obligatorias y cierre de fronteras, distintos actores de la industria de la salud trabajan contrarreloj, y a pesar del freno de la economía, para alistar las instalaciones, ampliar y capacitar al recurso humano, comprar equipamiento específico, reorientar las prioridades asistenciales y agilizar la atención de los pacientes infectados. En las próximas semanas, la dinámica de la pandemia permitirá comprobar la eficacia de esas previsiones.

 

Para expandir la oferta de internación, el Gobierno nacional anunció la

construcción de ocho hospitales modulares de emergencia, con una capacidad de 560 camas, mientras que el Ejército instaló en Campo de Mayo un hospital de campaña reubicable que, al igual que los otros establecimientos de las Fuerzas Armadas, estarán a disposición de la comunidad durante esta crisis.

 

Otra medida, tanto en hospitales públicos como en centros privados, fue

la postergación de cirugías, exámenes diagnósticos y otros procedimientos electivos que no se relacionen con la pandemia. “Todo aquello que pueda esperar va a tener que esperar”, señaló Barbagallo a una radio local. “Se está tratando de no hacer ciertas intervenciones para disminuir las internaciones programadas y liberar camas de terapia”, dijo a Forbes Jorge Gilardi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

En el Hospital Muñiz, uno de los centros públicos de referencia para la internación de pacientes con COVID-19, se priorizaron los insumos para áreas críticas y se empezó a anticipar el alta a pacientes para ir preparando camas de internación. “La terapias intensivas e intermedias tienen aproximadamente 35 camas con respiradores. En salas generales hay en total 26 camas de aislamiento respiratorio, más las salas destinadas a tuberculosis multirresistente, que son habitaciones individuales. Con el correr de las semanas, se va a ir viendo cómo adaptamos el hospital a la emergencia”, dijo Mario Valerga, infectólogo del hospital.

 

Valerga advirtió respecto de un problema adicional si no se logra aplanar la curva de casos: “Tenemos una alta población de sida y tuberculosis que requieren internación, y en algunos casos asistencia en terapia intensiva, por lo que quizás lleguemos a la triste situación de elegir qué paciente va a terapia y quién no”.

 

Con referencia al recurso humano, la Ciudad de Buenos Aires va a contratar hasta junio entre 300 y 500 médicos, además de propiciar el retorno temporario de unos 200 enfermeros jubilados o con licencia, según contó Gilardi. “Es para reforzar y renovar la primera línea de contención durante el pico, cuando el personal se ?quemá, sin olvidar que hay muchos médicos con más de 60 años y enfermedades preexistentes”, manifestó.

 

En tanto, clínicas y centros privados también empezaron a contratar recursos, sobre todo con profesionales jubilados. Pero nadie sabe si la cantidad será suficiente, en particular en algunas áreas. “Fuera de la pandemia, ya existe un déficit de médicos, enfermeros y kinesiólogos especialistas en cuidados críticos (en los sectores públicos y privados), por lo tanto, necesitamos muchísimas más personas”, afirmó Rosa

Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

 

“Según estándares internacionales, para los pacientes críticos ventilados debería haber un enfermero por paciente y un médico cada siete pacientes. ¿Vamos a lograr esó No lo sabemos”, añadió la especialista. En Estados Unidos, los servicios de cuidados intensivos representan del 20% al 30% de las camas hospitalarias, pero consumen la mitad de los recursos para cuidados de pacientes agudos y el 12% de los costos hospitalarios totales, tal cual consigna el HospitalUniversitario Austral.

 

Señales de aliento

 

Tanto hospitales como clínicas compraron o solicitaron insumos tales como barbijos N95, camisolines, antiparras, guantes, alcohol en gel y kits de diagnóstico rápido. “El equipo de salud no puede ser la primera víctima del Coronavirus”, dijo Gilardi.

 

La disponibilidad de respiradores se volvió otro elemento crítico: un 5% de los infectados con el nuevo coronavirus requiere internación en cuidados intensivos y, de ellos, la mitad podría necesitar asistencia respiratoria mecánica. La proporción es baja pero, si la tasa de ataque de la pandemia resulta ser tan alta como en el norte de Italia, podrían desbordarse las 8.500 camas con acceso a esos equipos que los funcionarios de salud estiman que existen en el país (sobre todo, considerando que también se requieren para pacientes con otras condiciones médicas).

 

Para afrontar ese déficit, el Gobierno quiere llevar el número a 10.000, para lo cual se le pedirán 1.500 equipos a China, y tres fabricantes argentinos se comprometieron a entregar más de un centenar de aparatos por semana. La empresa cordobesa Tecmé, por caso, aumentó su producción un 300% y anunció que suspendió temporalmente sus exportaciones para abastecer el mercado local.

 

Otras iniciativas originales también ganan aire. ADIMRA, una asociación  que reúne a 25.000 pymes, presentó un sistema que permitiría adaptar los 2.000 a 2.500 respiradores de anestesia que hay en centros públicos y privados en equipos para ventilación mecánica.

 

En tanto, un cirujano cardiovascular pediátrico, Ignacio Berra, desarrolló junto a su padre y hermano en una pyme de Castelar (Lew) el prototipo de un aparato de ventilación controlada a presión positiva, una tecnología simple, robusta y económica basada en un pistón neumático que reemplaza las funciones básicas de un respirador convencional. Ya hizo pruebas con animales y cuenta con un filtro HEPA14 que previene que la exhalación de los pacientes libere partículas del virus. “La idea es que lo fabrique una empresa más grande o el Ejército”, expresó Berra.

 

Atención a distancia

 

La otra estrategia que cobró impulso durante tiempos de distanciamiento social es la utilización de la telemedicina para evitar la saturación de las guardias y reducir la necesidad de

las visitas domiciliarias.

 

“La telemedicina permite ordenar y hacer más eficiente el servicio de salud como un todo, de forma que pueda responder mejor a situaciones como esta”, señaló el médico Fernando Plazzotta, jefe del Área Informática para la Comunidad del Departamento de Informática en Salud del Hospital Italiano de Buenos Aires. “El paciente puede tener un contacto de orientación y categorización sin moverse de su casa, sin exponerse ni exponer a nadie. Y al prestador le permite descomprimir la sala de espera, planificar la atención y cuidar a sus pacientes y a sus recursos”.

 

Según destacó Plazzotta, el viernes 20 de marzo se produjo un punto de inflexión histórico en su institución: las consultas por telemedicina al Centro de Emergencias superaron a las presenciales, y la tendencia se profundizó en los días subsiguientes. “Ayer (por el lunes 23) a las 18 había 100 pacientes en espera para el canal de telemedicina, por lo que se llamó a médicos para que atendieran desde sus casas”, dijo. “Aunque se sature, es más fácil de resolver”.

 

Para Daniel Luna, director del Departamento de Informática del Hospital Italiano, “crisis es igual a oportunidad. Por eso, creo que es una excelente oportunidad para que la informática actúe como soporte en emergencias sanitarias”. Sin embargo, subsisten barreras para una implementación más amplia de esta prestación, incluyendo una ley que avale y generalice el uso de las recetas electrónicas.

 

Las empresas de medicina prepaga, que ya venían difundiendo canales de atención a distancia, también vieron un crecimiento exponencial de la utilización de esa modalidad. En Medifé, por ejemplo, el sistema de telemedicina (CAM Doctor) triplicó la oferta médica en la última semana y recibió un aumento de la demanda del 1.000%, según contó Leonardo Lamas, su gerente general. “Los objetivos fueron la identificación de casos sospechosos en forma precoz y la disminución de consultas en guardias. Se lograron detectar 17 casos sospechosos, y el 90% de las consultas fueron por sintomatología respiratoria”. Entre otras medidas, la prepaga también estableció 1.000 puestos de teletrabajo que garantizan la operación y fortaleció los canales digitales con clientes y proveedores.

 

Vittal, la organización de urgencias y emergencias médicas extrahospitalarias más grande del país, también registró una fuerte suba de las teleconsultas: un 600% de enero a la fecha, aseguró Manuel Molina Pico, su director médico.

 

 

 

“En este momento en que hay que preservar el recurso, podemos canali zar todas las consultas con un médico que, a distancia, pueda asesorar y definir con criterio si ese paciente necesita ser evaluado in situ o que,vaya un móvil (ambulancia)”, señaló.

 

Hace tan solo unos días, el Poder Ejecutivo lanzó una nueva resolución en el marco de la pandemia donde recomienda la implementación de este tipo de plataformas de telemedicina para garantizar las prestaciones de salud. “Esto representa un salto cualitativo muy importante para esta disciplina en nuestro país e interpela a nuestro sistema de salud a asumir nuevos desafíos y dar respuestas inmediatas a las demandas sanitarias que estamos atravesando”, explica Pablo Utrera, CEO de Doc24, el sistema de consultas médicas para prestadores y financiadores del sistema de salud. “Asimismo introduce una clara diferenciación entre la plataformas que fueron concebidas para la práctica médica, como es el caso de DOC24, de aquellas aplicaciones que acercan desde un punto de vista comunicacional, pero no contemplan aspectos de registro de las atenciones, y almacenamiento seguro de datos de salud. Es un paso fundamental en el avance hacia una regulación específica de la actividad que nos permita finalmente evolucionar en la relación médico-paciente, incorporando definitivamente herramientas idóneas para complementar la prestación médica tradicional. Hoy la coyuntura nos está empujando hacia nuevas formas de acceso a la salud. Pronto dejaremos de hablar de telemedicina y hablaremos de salud conectada como un concepto más amplio que introduce a la telemedicina como una parte integrante de la práctica médica.”

 

En medio de la crisis, las empresas de salud también piden paliativos, aun cuando no se animan a aventurar la magnitud de la caída de facturación. Barbagallo, por caso, señaló que la descompresión fiscal es importante porque “vamos a sufrir un problema importante económico de acá a algunos meses” y augura que se va a resentir la cadena de pagos, aunque afirmó que prima lo epidemiológico.

 

“Desde el punto de vista económico, los financiadores no estamos exentos de las crisis que esta pandemia ocasiona”, declaró Lamas, de Medifé. Y añadió: “El nivel de empleo será clave, y lo que el Estado pueda hacer para mantenerlo será el ancla para estabilizar las situaciones de las personas”.