En una segunda vuelta marcada por la tensión política, el abogado penalista y empresario Abelardo de la Espriella, líder del movimiento de derecha Defensores de la Patria, se convirtió en el nuevo presidente electo de Colombia. Con el 49,65% de los votos, superó por un estrecho margen a Iván Cepeda, candidato de la coalición izquierdista Pacto Histórico, quien alcanzó el 48,70% de los sufragios.
Aunque la tendencia del preconteo mostró una ventaja irreversible para De la Espriella, el clima político estuvo atravesado por la incertidumbre. Cepeda se presentó ante sus seguidores para reconocer los resultados iniciales, aunque remarcó que los datos preliminares aún no constituían una proclamación oficial ni definitiva.
El candidato del Pacto Histórico anticipó que su espacio impugnará más de 30.000 votos en las próximas horas. Sin embargo, su discurso reflejó el reconocimiento de una derrota electoral, aunque acompañado de una advertencia al futuro gobierno: “Con nosotros se dialoga, a nosotros nada se nos impone”.
El presidente saliente, Gustavo Petro, también evitó validar los resultados iniciales difundidos por las autoridades electorales. A través de sus redes sociales, sostuvo que la definición final corresponde a la justicia electoral: “Solo los jueces determinan quién es el presidente de Colombia. Toda declaratoria hoy de un triunfo en las elecciones solo es deseo”.
En contraste con la cautela del oficialismo colombiano, las reacciones internacionales comenzaron a llegar rápidamente. El presidente argentino, Javier Milei, felicitó públicamente a De la Espriella una vez consolidada la tendencia electoral: “La libertad avanza en América Latina y ya no hay vuelta atrás”, expresó el mandatario argentino.
El ascenso del “Milei colombiano”
El triunfo de De la Espriella consolida una carrera política de rápido crecimiento que comenzó a ganar protagonismo el pasado 31 de mayo, cuando obtuvo el primer lugar en la primera vuelta con el 43,7% de los votos. Al no alcanzar la mayoría absoluta, debió disputar una segunda vuelta electoral.
La comparación con Javier Milei se convirtió en uno de los ejes centrales de la campaña. De la Espriella fue definido como el “Milei colombiano” por sus similitudes discursivas y de estilo político: un mensaje contra la clase política tradicional, una fuerte construcción de marca personal en redes sociales y una narrativa basada en la confrontación entre quienes representan “lo nuevo” frente a “lo de siempre”.
Nacido el 31 de julio de 1978 en Bogotá, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero creció en Montería dentro de una familia vinculada al mundo del derecho. Tras estudiar en el colegio La Salle de Montería, se graduó como abogado en la Universidad Sergio Arboleda y amplió su formación con estudios en instituciones como la Universidad Externado, la Universidad del Rosario y la Universidad Nebrija.
Su salto a la exposición pública no llegó desde la política tradicional —donde no tenía experiencia previa en cargos electivos—, sino desde los tribunales. En 2002 fundó De La Espriella Lawyers, una firma que con el tiempo se convirtió en una de las plataformas jurídicas con mayor visibilidad en Colombia.
Su trayectoria genera opiniones divididas. Sus seguidores destacan su perfil de abogado exitoso, su capacidad de negociación y una personalidad fuerte asociada al liderazgo. Sus críticos cuestionan su estilo confrontativo y su historial profesional por haber representado a clientes vinculados con casos de alto impacto político y judicial.
Una agenda económica de shock y desregulación
El programa económico con el que De la Espriella llega al poder plantea un giro profundo respecto de la orientación del gobierno de Gustavo Petro. Sus propuestas de corte liberal reforzaron durante la campaña la comparación con el modelo impulsado por Milei en Argentina.
Entre sus principales promesas se encuentran una reducción de la presión tributaria sobre empresas y ciudadanos, un fuerte proceso de desregulación económica y una reforma del Estado orientada a reducir estructuras que considera ineficientes.
Además, plantea una simplificación del aparato público mediante la reorganización y eventual fusión de organismos estatales, con el objetivo de disminuir costos y ampliar el espacio para la iniciativa privada.
Con el escrutinio definitivo todavía por delante y los desafíos políticos y judiciales que marcarán la transición, Colombia inicia una nueva etapa bajo el liderazgo de un abogado convertido en fenómeno electoral, que llegó al poder con la promesa de transformar las reglas del juego.