Hernán Cattáneo en Forbes Studio: “No importan los algoritmos, a los 60 me contratan más que cuando era Top 10 mundial”
Alex Milberg Director
Alex Milberg Director
Es uno de los DJs más importantes del mundo. Hernán Cattáneo arrancó su carrera pasando música en fiestas de 15, se convirtió en el DJ de Pacha en los 90 y dejó ese trabajo para irse de gira con Paul Oakenfold, uno de los disc jockeys más conocidos del mundo y responsables de convertir esa figura en entertainers. Llegó a tomar 150 aviones al año para tocar en lugares como New York, Ibiza, Londres o Seúl.
“Un DJ es alguien con buen gusto, buena selección y habilidad. Mucha gente puede elegir buena música, pero hay que ponerla en el momento adecuado. Acá el orden sí altera el producto. Es un poco de oficio, de intuición y de experiencia”, cuenta Cattáneo en el marco del ciclo Líderes Unplugged. “A los 12 años ponía música con un vecino, fui a escuchar a Alejandro Pont Lezica y ahí tuve un norte, que era ser como él. Crecimos y aprendimos a manejar equipos. Antes era todo muy rudimentario. Muchos años después, algunas veces venían DJs ingleses por primera vez a Argentina, a principios de los 90, y tenía entonces una vara más alta para ir aprendiendo y mejorando”, añade.
¿Cómo fue pasar de ser la estrella de Buenos Aires a soporte de un DJ en el mundo?
Pasó todo muy rápido. Obviamente, cuando salió la oportunidad de trabajar con Paul Oakenfold, me tiré sin dudas. Era el DJ de Pacha, la mejor discoteca de Latinoamérica. Esa era mi única preocupación. Me fui con él en 1998 pero volvió a la Argentina en 2014. Pensé que me iba seis meses e iba a tener que volver sin trabajo. Le pedí por favor al dueño de Pacha que cuando volviera me diera trabajo. Me quedé en dos giras con Paul y después una de las agencias de talentos más importantes me dijo que, si me quedaba en Inglaterra, iba a hacerme conocido en el mundo. Me quedé en Inglaterra ganando menos que en Pacha, de hecho.
¿Qué te impactó en esa primera experiencia con Paul Oakenfold?
Fue como pasar de un equipo local a la Champion League de un día para el otro. Paul Oakenfold es el eslabón perdido entre los DJs que estaban a un costado de la fiesta y los DJs estrellas. Yo era un perfil más bajo, solo quería poner música. Él era un entertainer, había girado con U2 y había aprendido mucho del manager de la banda. Era muy ambicioso y tenía unas expectativas para los DJs mucho más grandes: “Vamos a ser headliners”.
¿Cuándo supiste que eras bueno?
En los 80 trabajaba en los veranos en Villa Gesell, era un pibe con muy poca experiencia. No tenía los laureles necesarios para ese club, todos los días lleno de 1.500 personas para esa época. Me daba cuenta por el entusiasmo de los dueños, que me volvían a llamar y me pagaban más. Sentí por primera vez que otra discoteca me quería y se “peleaban” por mí. Tenía 18 años, no pensaba en ser un DJ que giraba por el mundo. El techo era super bajito.

¿En qué momento decidiste ser empresario y no solo DJ?
Fue bastante después. Me fui a vivir a Londres, un verano en Punta del Este que siempre venía a tocar conocí a mi mujer, nos casamos y nos fuimos a vivir a Barcelona, donde nos quedamos 10 años. Tenía mi carrera global basada en Europa. Cuando volví a la Argentina me di cuenta que la escena electrónica tenía muy mala imagen. Habían pasado muchas cosas que si decías que eras DJ, te miraban mal. Yo estaba muy orgulloso de lo que hacía. Nos juntamos con Cruz, mi manager, amigo y socio, que tiene una productora que se llama Buena. La música electrónica no es responsable de nada, quería hacer fiestas de un nivel que nadie cuestione nada. Después, si te gusta o no es otra cosa. Es verdad que en Europa las fiestas estaban mejor organizadas. Tuvimos la idea de cambiar la imagen de la música electrónica.
¿Cómo lo hicieron?
El primer hito fue llevar la música electrónica al Teatro Colón. El problema no era la música, sino el contexto. Al principio hubo resistencia, pero fuimos muy respetuosos, estuvimos un año preparándolo. Sabíamos que nos la jugábamos. Salió bien, y además Netflix hizo un documental. De golpe, todos nos atendían el teléfono. Pero yo pongo música en una fiesta. Hicimos SUNSETSTRIP en José Ignacio y después en Buenos Aires, en el Campo de Polo. Hacerlo de día, open air, hizo que muchísima gente quisiera ir. En la primera había 8.000 personas y este año, 40.000. Mi estilo y forma de poner música es la misma. Hay una identidad que la gente conoce y es lo que yo hago. Es como si en los últimos 20 años hubiéramos puesto la música en un horario equivocado. Otra cosa que sumó es que, durante la pandemia, muchos DJs seguimos compartiendo música con la gente. Hacíamos streams y conectamos con muchísima más gente, que pensaba que no le gustaba. Cuando volvimos con los shows, estaban todos esperando para venir.
Tenés tres hijas mujeres, adolescentes. ¿Cuál es tu mirada de la noche? ¿Qué hablás con ellas?
Cualquier padre sabe que la noche, para los chicos jóvenes, es un imán. Todos vivimos alguna época en la cual lo “prohibido” despierta interés. Casi que lo que está prohibido es obligatorio. Y el mundo de la noche es un zoológico, hay de todo. Tanto mi mujer como yo hablamos todo el tiempo de las cosas que pueden pasar. No es tanto lo que digas, sino lo que te vean hacer. Tratamos de que vean buenos ejemplos.
¿Cómo hiciste para mantener claro lo que querías y no querías hacer?
Desde chico estoy loco por la música. Antes de ser DJ incluso. Cuando tenés una pasión muy fuerte desde chico, te ayuda un montón. Tenés un norte. Cuando crecés, la vida te pone ejemplos de lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Trabajando de noche, veía el resultado de lo que hacían unos y otros. Como yo estaba tan enloquecido por la música, no había nada que me tentara. Por ejemplo, veía a un DJ que arrancaba bien, tomaba y después no sonaba bien, yo pensaba que estaba desperdiciando el talento. Yo solo quería ser el mejor DJ posible. Estaba tan loco por la música y aprender y mejorar que no hubiera hecho nada que me quitara resultados y performances.

¿Cómo cambió el pulso de la noche?
De chico, no tenía ni idea, casi que hasta mediados de los 90 era inocente y no estaba pendiente de eso. Después sí empecé a verlo y notarlo mal, en la noche en general, acá y en el mundo. Viví muchos años en Europa, donde el approach es diferente, con mayor información y cuidado. En Argentina, con el “de esto no se habla”, es peor, porque hay cosas que los chicos van a hacer igual, entonces es mejor reducir los daños. No tiene sentido negar algo que va a pasar igual y mirar para otro lado. Mejor ocuparse. En todos los shows trabajamos con ONGs, con personas que están en la fiesta viendo cómo está la gente.
¿Cómo son los proyectos?
Estoy asociado con diferentes productoras, especialmente con Buena, para hacer los SUNSETSTRIP, tanto en Buenos Aires como en otras ciudades. Queríamos levantar la vara de este tipo de fiestas. Mayor producción implica mayor inversión, tickets más caros. Después, entendieron que este tipo de fiesta es un poco más cara. Era una forma de mostrar que se podía. La demanda siempre fue altísima.
¿Te estresaba la época de los 150 aviones?
Siempre estuve tan contento con la música que nunca me dio estrés. Fui DJ de Fiestas de 15. Pero cuando me metí en la música electrónica me enamoré de la música house. Fue un bajón porque acá no le gustaba a nadie. Éramos un grupo de 10 o 15 DJs locos por la música house, pero no había seguidores. Fueron más de 5 años de mucha decepción, porque ponía la música que me gustaba y se vaciaba la pista. Empecé a viajar afuera. De hecho, vendí un auto y me compré un pasaje para ir a escuchar DJs internacionales y entender cómo hacerlo bien. Cuando empezó a mejorar y me empezaron a pagar por viajar, lo disfrutaba. Cuando arrancaste en negativo, cuando llega la buena lo valores mucho. A las primeras noches de Pacha no iba nadie. Hoy, que tengo 60, cualquier persona que puede dedicarse a hacer lo que le gusta, tener una familia, tener una buena, viajar, NO debería quejarse de nada nunca. Eso viene de que arrancamos muy abajo, entonces lo valorás, lo cuidás.
Hoy tu competencia no son solo otros DJs, también los algoritmos que nos dicen qué escuchar. ¿Cómo es el aporte del factor humano?
Entre los DJs no hay competencia. Lo que importa hoy es generar demanda para lo hacés, cuidás tu nicho. Respecto a la IA, pienso que no te va a dejar sin trabajo, sino que lo puede mejorar siempre y cuando tengas tu personalidad y tu impronta. Obviamente hay trabajos que van a ser reemplazados, pero en el caso de los DJS, la banda y las músicas, hay primero una cuestión de presencia que sigue siendo importante. Un buen DJ hace todo de forma espontánea. El tipo de cosas que requieren espontaneidad, creatividad y una persona, es más difícil que sean reemplazados. Al contrario, pueden ser ayudados. Gracias a la tecnología podemos usar cualquier parte de cualquier artista en tu set, es más que infinita la cantidad de posibilidades. Eso, combinado con la creatividad de quien lo esté manejando, puede ser increíble y descomunal. Esa tecnología se la das a alguien que no tiene ideas, y no puede hacer mucho. Las posibilidades son infinitas y va a depender mucho del buen gusto y el buen criterio de quien lo haga. Y que encuentre una audiencia. Tuve la suerte de hacer mi carrera cuando las redes sociales no eran necesarias. A mí me gusta usarlas para mostrar lo que hago, no mi vida. En el mundo de los más jóvenes sí. Son las reglas para ellos. A mí no me hubiera gustado eso, incluso cuando era más chico era más tímido que ahora. Trato de no criticar incluso lo que no me gusta, porque todos alguna vez fuimos los nuevos de algo.

¿Sos músico? ¿Tocás algún instrumento?
Yo soy DJ, no músico, y soy feliz siendo DJ. Sí tengo buen oído. Siempre estuve loco por los parlantes, los mixers y los parlantes. Hasta mis 20/25 años no producíamos los DJ. La tecnología cambió la forma de escuchar la música. Antes, el universo musical eran los discos que tenías en tu casa. Pero cambió cómo consumimos, cómo escuchamos, cómo lo paso.
¿Qué es lo más usás de la tecnología?
Durante la mitad de mi vida, los DJs combinábamos canciones. Hoy, podemos combinar todos los elementos de una canción. En mis shows, me gusta poner temas de las bandas que me gustan, para que los chicos las conozcan y los más grandes también se sienten identificados. Podés usar cualquier parte de cualquier track hecho e incorporarlo a tu set. Lo podés hacer en tu estudio antes o en el momento. Las máquinas que usamos en vivo te ayudan a manipular eso en vivo cada vez mejor. La IA, a los buenos los va a potenciar muchísimo. Sí va a haber un nivel medio de 6 puntos. Y vamos a tener muchos años de estar inundados de música 7 puntos, pero va a empezar a decantar y se va a empezar a separar la paja del trigo. Es normal. Sigo viendo una diferencia grande cuando me mandan música hecha por IA y por un músico. Vos podés utilizar la IA de una forma más “honesta” o para hacerte pasar por alguien que no sos.
¿Qué canción es la que más pusiste en tu vida?
Mi disco preferido es Dark side of the moon, de Pink Floyd. Lo escuché por primera vez a los 8 años y sigue siendo mi favorito. Mis hermanas mayores me exponían a contenidos que nunca hubiera escuchado. Es verdad que las cosas artísticas que escuchás en los primeros 15 años de tu vida te influyen muchísimo. Influyó en mi manera de poner la música, que es progresiva. Para que sea lo más imperceptible posible. Es el disco que más me acompañó en mi vida. No sé si es el que más puse, probablemente sí por la cantidad de tiempo que me acompañó.
¿Descubriste música nueva por tus hijas?
Catriel y Paco Amoroso, por ejemplo. Los chicos jóvenes escuchan de todo, nosotros somos más cerrados. Mis hijas escuchan Queen, Catriel, lo que pongo yo y reggaeton para divertirse. Y lo analizan menos. A mí no me gustaba que mis papás me dijeran que la música electrónica no es música. Entiendo de dónde lo decían, pero no tenían razón, así que intento no ser ese.
¿Cómo aprendiste a administrar tu plata?
Tuve suerte en el proceso. Al principio no me importaba cómo ni cuánto me pagaran, vivía con mis viejos. Después, era cobrar para un objetivo siempre relacionado con la música. Me gustaba tanto poner música que podía ir gratis. Pero a mediados de los 90 aparecieron los managers y agentes, y fue un golazo. Me empezó a ir mucho mejor, porque cuando estás apasionado es difícil ponerle un valor o un precio. Estaba de gira con Paul, él trabajaba con la agencia número uno del mundo y esa agencia me tomó a mí. Era un rookie a nivel internacional, pero te daban tratamiento de super estrella. No solo aprendí un montón, sino que te cuidaban. Me llevó muchos años que me fuera bien, pero lo más importante de un agente o manager es que te cuide. A vos. Ahora estoy en un balance buenísimo, porque dos fines de semana viajo por el mundo y dos estoy en casa. Nunca fui tan feliz en ese sentido.
De todos los obstáculos de tu vida, ¿cuál fue el más difícil de superar?
Querer ser DJ en 1980 era como decir skater o tatuador. Tres profesionales que hoy valen un montón y en ese momento nada. Tenía a mi papá en contra, un abogado con una ética impresionante, pero muy old school. Lo que valía era estudiar y recibirse, de abogado, ingeniero. No solo era una gran desilusión para él, no lo podía entender y genuinamente creía que iba a tirar mi vida. Me llevaba mal, lo admiraba, pero decepcionante para mí ver cuánto lo decepcionaba él. Pero no podía claudicar, la música significaba demasiado para mí. Mi mamá entendía lo que a mí me pasaba con la música. Me daba plata por atrás para comprar vinilos.
De todo lo que hiciste en tu vida, ¿de cuál estás más orgulloso?
Medio crédito con mi mujer, la familia que tenemos, porque la hicimos juntas. Cuando me casé empezó la mejor parte de mi vida, incluso en mi carrera. Todo tiene que ver con Jackie, mi mujer. Es algo completo que no podría separar. Mi mayor logro es todo lo que construimos con Jackie, mi familia y mi carrera.