Por qué los inversores deberían seguir apostando al S&P 500 antes de las elecciones legislativas de Estados Unidos
La historia de Wall Street muestra que, en los años electorales de EE.UU., las mayores tensiones suelen concentrarse antes de noviembre y luego el mercado tiende a recuperar terreno.

Ya lo dije antes y lo repito. Lo importante no es el partido político, sino las políticas. Creo que a los inversores les conviene centrar la atención en las medidas que generan cambios concretos.

Menciono esto porque faltan poco menos de 80 días para las próximas elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, los comicios legislativos que se celebran a mitad del período presidencial.  El S&P 500 cerró el jueves pasado en un máximo histórico y acumula una suba superior al 13% en lo que va del año. Sin embargo, entre hoy y el 3 de noviembre se presenta uno de los períodos del calendario que más inquietan a muchos inversores.

Revisé seis décadas de datos del mercado para comprobar qué ocurrió realmente durante ese período.

Septiembre se ganó su reputación como el peor mes

Con datos que se remontan a 1960, septiembre aparece como una excepción dentro del calendario bursátil. Es el único mes que, al comparar distintos períodos de análisis, muestra una rentabilidad promedio negativa tanto en el largo como en el corto plazo. En la serie más extensa, la baja media fue del 0,76%, mientras que en los períodos más recientes llegó al 1,34%.

(Foto: traducida con IA)

Lo interesante de este mes es que no suele ser de pérdidas. Desde 1960, cerró a la baja 36 veces de 66, una proporción casi atribuible al azar. Lo que lo distingue es la magnitud de las pérdidas cuando estas aparecen. Los descensos fueron más pronunciados que en cualquier otro mes.

Los años de mitad de mandato fueron los más difíciles de los cuatro

Ahora, sumemos el calendario electoral. Desde 1928, el segundo año del mandato presidencial fue, por amplia diferencia, el más débil de los cuatro. Los años de elecciones de mitad de mandato registraron una rentabilidad media del 3,3%, con una mediana de apenas el 0,6%, y solo un poco más de la mitad terminó con saldo positivo. El contraste con el tercer año del mandato es marcado, ya que en ese período el rendimiento promedio llegó al 14%.

La diferencia también se observa en la volatilidad. Desde 1960, la mayor caída promedio en un año de elecciones de mitad de mandato fue del 19,4%, frente al 12,5% registrado en los demás años. Además, en un año típico de este tipo, las acciones suelen mantenerse en terreno negativo durante buena parte del período y tocar su piso cerca de un mes antes de la elección, alrededor de un 6% por debajo del nivel inicial. Después, el mercado suele recuperar terreno de forma sostenida, aunque este año no sigue ese patrón.

(Foto: traducida con IA)

Desde 1962, en los 16 ciclos de elecciones de mitad de mandato, se registró una caída entre mediados de agosto y el día de los comicios. No ocurrió en la mayoría de los casos, sino en todos. El descenso promedio fue del 8,1% y, en 10 de esos 16 ciclos, el mínimo se registró en octubre. Eso no significa que el mercado vaya a caer este año, ya que el rendimiento pasado no garantiza resultados futuros. Pero si se produce una baja este otoño, estaría dentro de un patrón que ya se repitió muchas veces y no representaría, por sí sola, un hecho extraordinario.

Este año tiene catalizadores reales, no solo un mal calendario

La estacionalidad, por sí sola, no basta para explicar los movimientos del mercado. Sin embargo, este año el patrón merece atención porque coincide con varias fuentes concretas de incertidumbre que podrían influir en los inversores en las próximas semanas.

Una de ellas es la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos y el organismo encargado de fijar las tasas de interés. En julio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró una inflación interanual del 3,4%, por debajo del 3,5% de junio. A su vez, el IPC subyacente, que excluye alimentos y energía porque sus precios suelen ser más volátiles, bajó hasta el 2,5%. Los datos podrían interpretarse como una señal de alivio, pero la inflación permaneció por encima de la meta del 2% de la Fed durante más de cinco años. Por eso, los operadores todavía asignan una probabilidad del 38% de una suba de tasas en la reunión de septiembre, una decisión que podría afectar el costo del crédito y la valuación de las acciones.

Las dudas sobre la inflación tampoco desaparecieron. La encuesta de servicios de S&P Global, que mide la actividad de empresas de sectores como el transporte, las finanzas, el turismo y los servicios profesionales, mostró en julio su nivel más alto de actividad en nueve meses. 

Desde 1962, el S&P 500 subió tras las 16 elecciones legislativas celebradas a mitad del mandato presidencial en Estados Unidos. (Foto: Pexels)

Al mismo tiempo, reveló una mayor presión sobre los gastos de las empresas. En julio, los insumos necesarios para prestar sus servicios registraron la mayor suba desde mayo de 2025. Además, esas compañías trasladaron parte de ese incremento a sus clientes y los precios registraron el mayor aumento de los últimos 14 meses. Para la Fed, esto importa porque muestra que la presión inflacionaria todavía persiste y podría demorar una eventual baja de tasas.

A la incertidumbre económica se suma la política. Los republicanos controlan 220 bancas en la Cámara de Representantes, frente a las 215 de los demócratas, lo que supone el margen de control más estrecho desde 1930. En el sistema estadounidense, la Cámara de Representantes y el Senado conforman el Congreso, equivalente al Poder Legislativo. Con una diferencia tan pequeña, los demócratas necesitan sumar apenas tres bancas para obtener la mayoría en la Cámara.

Morgan Stanley considera más probable que el Partido Republicano conserve el Senado, aunque ve una posibilidad concreta de que pierda la Cámara de Representantes. Más allá de las preferencias políticas, una elección tan ajustada puede aumentar la incertidumbre sobre futuras leyes, impuestos y regulaciones, factores que los mercados siguen de cerca.

¿Qué sucede después del recuento de votos?

En el gráfico que aparece a continuación hay una señal positiva. En los 12 meses posteriores a cada elección de mitad de mandato desde 1962, el S&P 500 terminó con ganancias. Fueron 16 elecciones y, en todos los casos, el índice subió, con un rendimiento promedio del 14,2%. El resultado más bajo se registró tras los comicios de 1986, con un avance de apenas 1,1%. Ese período incluyó el desplome bursátil de octubre de 1987 y, aun así, el índice terminó en terreno positivo.

(Foto: traducida con IA)

De todos modos, 16 casos constituyen una muestra estadística reducida y conviene situar el dato en contexto. Desde 1960, el mercado bursátil terminó con ganancias en cerca del 70% de los períodos de 12 meses seleccionados al azar. Es decir, una parte importante de ese desempeño posterior a las elecciones también responde a la tendencia histórica de las acciones a subir con el paso del tiempo.

Por eso, las elecciones de mitad de mandato no necesariamente generan, por sí mismas, una suba en el mercado. Los datos sugieren, más bien, que suelen reforzar una tendencia positiva ya existente.

Por qué todo se reduce a las políticas

En Estados Unidos, un gobierno dividido se produce cuando el presidente pertenece a un partido y una o ambas cámaras del Congreso están bajo control de la oposición. Esa situación fue habitual durante buena parte de los últimos 50 años y no necesariamente resultó negativa para los inversores. Ronald Reagan y Bill Clinton, por ejemplo, gobernaron con un Congreso adverso durante parte de sus mandatos y, aun así, atravesaron períodos de fuerte expansión económica.

Los datos de Commerzbank apuntan en la misma dirección. Desde 1969, el S&P 500 subió un 9% anual en promedio bajo gobiernos divididos, frente a cerca de un 5% cuando un mismo partido controló la Casa Blanca y el Congreso. Para los mercados, las etiquetas partidarias pesan menos que las decisiones concretas. Y esas reglas no cambian de un día para otro por el resultado de una sola elección.

Los ingresos son excelentes y las pequeñas empresas contratan

Según FactSet, los resultados del segundo trimestre fueron excelentes. El 88% de las empresas del S&P 500 que presentaron sus balances superaron las estimaciones de los analistas, el porcentaje más alto desde el segundo trimestre de 2021 y muy por encima del promedio del 78% de los últimos cinco años. Además, los 11 sectores que integran el índice registraron aumentos en sus ingresos. Incluso si se excluyen Alphabet y Amazon, que informaron fuertes subas en sus ventas durante el trimestre, el resto de las compañías superó las previsiones en un 10,9%, una diferencia muy superior a la habitual.

En los años de elecciones legislativas en EE.UU., el S&P 500 suele tocar piso antes de noviembre y recuperarse después. (Foto: Pexels)

Las pequeñas empresas también muestran señales de confianza. El Índice de Optimismo de la NFIB, elaborado por la Federación Nacional de Empresas Independientes de Estados Unidos, subió 2,4 puntos en julio y llegó a 99,8, por encima de su promedio histórico de los últimos 52 años. A su vez, el porcentaje de dueños que prevé aumentar su personal durante los próximos tres meses superó en un 20% al de quienes esperan reducirlo, el nivel más alto desde octubre de 2022. Además, una de cada cuatro pequeñas empresas planea realizar inversiones de capital en los próximos seis meses, la proporción más elevada desde diciembre de 2024.

Mantené la cabeza fría

Warren Buffett, en una de sus famosas cartas a los accionistas, advirtió que "una mente inquieta no toma buenas decisiones". Es una lección que el mercado repitió una y otra vez durante décadas. Septiembre puede poner a prueba la paciencia de los inversores y, en un año de elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, esa tensión puede ser todavía mayor. Sin embargo, una vez que se cuentan los votos y se despeja parte de la incertidumbre política, la atención vuelve a los fundamentos de las empresas y a su capacidad para generar ganancias.

Por eso, la clave pasa por mantener la estrategia de inversión y una cartera diversificada, sin dejar que el ruido mediático previo al 3 de noviembre condicione las decisiones a largo plazo.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.