Los precios de la energía ya no son una amenaza para la inflación, que aceleraría su baja

La desaceleración que viene mostrando la inflación en Argentina dejó una señal adicional que el mercado sigue de cerca: la energía ya no es una amenaza para los precios en el corto plazo. La combinación de una moderación en los aumentos de combustibles y la reciente caída del petróleo internacional contribuye a consolidar un escenario más favorable para el proceso de desinflación.

Los datos más recientes reflejan esa tendencia. Según el INDEC, la inflación de mayo fue de 2,1%, el registro más bajo desde septiembre de 2025, mientras que la inflación mayorista se desaceleró al 2,5% luego del 5,2% que había marcado en abril. Parte de esa mejora estuvo vinculada a una menor presión de los productos energéticos y sus derivados.

Desde IOL destacaron que, en cuanto al IPC minorista, “los combustibles subieron 1,7%, aportando tan solo 0,1 puntos porcentuales al nivel general, frente a los 0,3-0,4 puntos registrados en los dos meses previos”. El dato confirma que uno de los componentes que más preocupación había generado durante los últimos años comenzó a perder peso dentro de la dinámica inflacionaria.

La explicación no se encuentra únicamente en factores domésticos. Durante las últimas semanas, el precio internacional del petróleo mostró una fuerte corrección luego de que se redujeran las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

“Parte de la corrección respondió a la descompresión del conflicto en Medio Oriente y a una menor prima de riesgo geopolítico, algo que rápidamente se trasladó a los precios internacionales”, explicó Leo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC).

Para el economista, esta situación genera un alivio relevante para la economía argentina. “Eso puede ayudar en el margen porque reduce presión sobre combustibles, energía y costos logísticos, y le da algo más de aire al Gobierno para administrar ajustes tarifarios”, sostuvo.

La relación entre el petróleo y la inflación es directa. Cuando el barril sube, aumentan los costos de combustibles, transporte, logística e insumos industriales. En cambio, cuando el crudo baja, esos costos tienden a estabilizarse y disminuye el riesgo de que se produzcan aumentos en cadena sobre distintos sectores de la economía.

 

En este contexto, la caída del petróleo aparece como un factor que ayuda a consolidar la tendencia descendente de la inflación. Una menor presión sobre los surtidores reduce costos de transporte para empresas y consumidores, mientras que un escenario energético más estable también facilita la administración de las tarifas de servicios públicos.

Gerardo Rabinovich, vicepresidente del Instituto de la Energía General Enrique Mosconi, señaló que el impacto del conflicto bélico había generado distorsiones temporales sobre los precios energéticos. “El aumento de precios como consecuencia de la guerra en Medio Oriente distorsionó severamente la cotización del petróleo y de los combustibles en todo el mundo y nuestro país no es la excepción. Es de esperar que con el fin de la guerra y la estabilización macro en nuestro país, los valores se estabilicen razonablemente”, afirmó.

La importancia de esta situación radica en que durante gran parte de los últimos años la energía fue uno de los principales focos de incertidumbre para la inflación. Los shocks internacionales, los aumentos de combustibles y los ajustes tarifarios generaban riesgos permanentes para la estabilidad de precios.

Hoy el escenario luce diferente. La energía ya no aparece como un factor de aceleración inflacionaria y, por el contrario, comienza a actuar como un elemento de alivio. Esto no significa que la inflación esté resuelta ni que desaparezcan todos los riesgos.

De hecho, los especialistas advierten que no debe sobredimensionarse el efecto. La baja reciente del petróleo todavía es muy reciente y necesita consolidarse para generar impactos visibles en los índices de inflación. Además, la dinámica de precios en Argentina responde a múltiples factores que van mucho más allá del valor del crudo.

El mercado no espera un regreso del petróleo a los niveles cercanos a US$ 60 por barril observados en otros períodos. Más allá de la reacción puntual derivada de la menor tensión geopolítica, persisten factores estructurales que sostienen un piso relativamente elevado para los precios energéticos. Entre ellos aparecen las restricciones de oferta global, una demanda que continúa firme y una situación internacional que sigue lejos de una normalización completa.