Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén destinar en conjunto entre US$ 700.000 millones y US$ 725.000 millones a inversiones de capital durante 2026, alrededor de un 75% más que el récord de US$ 410.000 millones registrado el año pasado. El salto responde principalmente a la carrera por ampliar la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.
Solo Amazon proyecta invertir cerca de US$ 200.000 millones. Microsoft espera desembolsar alrededor de US$ 190.000 millones, Alphabet elevó su previsión a entre US$ 180.000 millones y US$ 190.000 millones, mientras que Meta aumentó la suya a un rango de entre US$ 125.000 millones y US$ 145.000 millones. Varias firmas de Wall Street estiman que el gasto conjunto podría superar US$ 1 billón en 2027.
La magnitud de esas cifras convirtió este desembolso en una de las fuerzas más importantes del mercado. Alimenta las ganancias de los fabricantes de semiconductores, modifica las previsiones de la demanda eléctrica e incluso repercute en los mercados de bonos. El presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Kevin Warsh, señaló el mes pasado que la competencia por captar capital para financiar el desarrollo de la IA es uno de los factores que impulsan la suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense.

Para los inversores, la pregunta es qué compañías conseguirán capturar el valor económico generado por semejante volumen de dinero y cuánto de ese potencial ya está incorporado en las valuaciones.
Quiénes se benefician del gasto récord
Los analistas de CreditSights estiman que cerca de tres cuartas partes de las inversiones de capital de los principales proveedores de servicios en la nube se destinarán este año a infraestructura de IA. Ese dinero irá principalmente a GPU, chips desarrollados a medida, servidores, equipos de red y centros de datos.
El resto se repartirá entre terrenos, edificios, sistemas de refrigeración y energía. Esa distribución deja en claro qué sectores están captando buena parte del gasto. Entre los principales beneficiarios aparecen los diseñadores y fabricantes de chips, los productores de memoria y los proveedores de redes.
Los fabricantes de memoria, de hecho, ganaron un peso cada vez mayor. Microsoft atribuye alrededor de US$ 25.000 millones de su presupuesto para 2026 al aumento del precio de distintos componentes.
También se benefician los fabricantes de equipos eléctricos, los especialistas en refrigeración y las compañías de energía vinculadas al crecimiento de los centros de datos. Por eso, una forma de aprovechar el boom de la IA es mirar más allá de las grandes tecnológicas y enfocarse en las empresas que proveen la infraestructura necesaria para sostener esa expansión. Ese enfoque ya impulsó a fabricantes de chips y otros proveedores del sector.

La energía se convirtió, además, en una de las principales limitaciones para seguir ampliando la capacidad de cómputo. Eso elevó las perspectivas de crecimiento de empresas de servicios públicos y fabricantes de equipamiento para redes eléctricas, mientras que los proveedores de transformadores, sistemas de distribución y refrigeración ya acumulan listas de espera que se extienden durante años.
La rentabilidad empieza a quedar bajo la lupa
La gran pregunta es si semejante nivel de inversión ya empieza a generar retornos. Por ahora, las señales son mixtas, aunque algunos datos muestran una mejora.
Microsoft informó que su negocio de IA superó los US$ 37.000 millones de ingresos anuales a comienzos de este año, más del doble que doce meses antes. Google Cloud, por su parte, acumuló una cartera de contratos pendientes superior a US$ 460.000 millones. Estas cifras muestran que existe una demanda concreta detrás de buena parte de las inversiones y que no todo responde a una carrera por ampliar la capacidad. Sin embargo, el impacto varía según el modelo de negocio de cada compañía.
Meta enfrenta un desafío distinto porque no comercializa capacidad de computación en la nube. Para justificar sus inversiones, necesita que la IA mejore otros negocios, principalmente mediante una publicidad más efectiva y una mayor interacción de los usuarios. Las dudas sobre cuánto tardará ese gasto en traducirse en resultados ya generaron fuertes movimientos en Wall Street. Mark Zuckerberg perdió casi US$ 20.000 millones en dos días.

Otro punto clave es el flujo de caja. Se prevé que las inversiones de capital de los principales gigantes tecnológicos absorban este año casi todo el efectivo generado por sus operaciones.
Estas empresas tienen la rentabilidad suficiente para sostener estos desembolsos, pero el cambio modifica la naturaleza de sus negocios. Durante años fueron valoradas por generar grandes cantidades de efectivo con una necesidad de inversión relativamente baja. Ahora destinan cada vez más capital a la construcción y operación de infraestructura.
Ese giro puede presionar sus múltiplos de valuación si los retornos no acompañan el ritmo de inversión. Además, una parte del gasto se financia con deuda, lo que implica un costo adicional en un escenario de tasas de interés más altas.
El riesgo que puede esconder una cartera diversificada
Otro riesgo pasa por la concentración. Muchos inversores pueden tener una exposición a la inteligencia artificial mucho mayor de la que creen.
Un fondo que replica al S&P 500, por ejemplo, ya tiene un peso importante en las grandes tecnológicas que lideran estas inversiones y en los fabricantes de chips que reciben buena parte del gasto. Si además la cartera incluye fondos tecnológicos, productos de crecimiento o acciones individuales del sector, varias posiciones distintas pueden terminar dependiendo de las mismas compañías.

Por eso, el primer paso es revisar cuánto de la cartera está realmente ligado al boom de la IA. También conviene evitar que distintas inversiones, aunque parezcan diversificadas, estén expuestas a los mismos factores de riesgo.
Quienes quieran mantener una posición en esta tendencia pueden repartir la exposición a lo largo de la cadena de valor, en lugar de concentrarla únicamente en las empresas más grandes. Los proveedores de infraestructura, energía y equipamiento también se benefician del crecimiento del sector, independientemente de qué plataforma termine imponiéndose.
La volatilidad también merece atención. Incluso si la tendencia a largo plazo se mantiene, un trimestre con ingresos por debajo de lo esperado o una reducción de los planes de inversión podría provocar fuertes correcciones en las compañías con valuaciones más exigentes.
La historia de otros grandes ciclos de infraestructura muestra que el crecimiento de largo plazo puede convivir con períodos de sobreinversión y fuertes pérdidas. La inteligencia artificial probablemente no sea una excepción.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.