La economía argentina podría estar ingresando en una etapa muy diferente a la que caracterizó los últimos años. Tras un largo período en el que la atención estuvo puesta en la estabilización macroeconómica, la inflación y la recuperación del consumo, J.P. Morgan sostiene que el próximo gran motor del crecimiento será la inversión privada. No es algo que se verifique por ahora en las estadísticas oficiales aunque sí en los sucesivos anuncios de futuros proyectos.
De hecho, el Gobierno anunció esta semana que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) sumó la aprobación de 5 nuevos proyectos vinculados a la minería, la energía y el litio, que fortalecerán el desarrollo productivo, las exportaciones y la generación de empleo en distintas regiones del país.
El proyecto de mayor magnitud corresponde al Proyecto Vicuña, en la provincia de San Juan, impulsado por las empresas BHP y Lundin para la extracción de cobre, oro y plata. La iniciativa contempla una inversión superior a los USD 9.700 millones, exportaciones estimadas en USD 2.600 millones al año y la creación de 31.700 puestos de trabajo.
En el sector agrícola e industrial, Pampa Energía desembolsará USD 2.700 millones para una nueva planta de fertilizantes, cuya construcción generará empleo para 3.500 personas y un impacto positivo en divisas superior a los USD 800 millones anuales. Por su parte, Compañía MEGA invertirá USD 360 millones para ampliar su capacidad de producción de líquidos de gas natural en Vaca Muerta, sumando 800 empleos y exportaciones por USD 190 millones al año.
Por su parte, el litio suma dos grandes hitos en el norte del país. La empresa LIEX invertirá USD 709 millones en el Salar Tres Quebradas, en Catamarca, para producir 40.000 toneladas anuales de carbonato de litio y generar más de 4.400 empleos. Además, la empresa surcoreana POSCO sumó la segunda etapa de su proyecto Sal de Oro, ubicado entre Salta y Catamarca, con una inversión de USD 547 millones para producir 23.000 toneladas anuales de carbonato de litio.
Actualmente existen 21 proyectos oficialmente aprobados, que representan una inversión total de USD 46.700 millones y la creación de 95.158 empleos directos e indirectos. Esos datos alientan a los mercados.
De hecho en un informe dedicado a la estrategia de renta variable para la región andina, JP Morgan planteó que el RIGI es precisamente el diferencial que le permtiirá al país captar una parte significativa del capital que buscará oportunidades en América del Sur durante los próximos años. La entidad enmarca este escenario dentro de un cambio regional más amplio , con Argentina, Chile, Perú y Colombia impulsando reformas capaces de movilizar entre US$250.000 millones y US$300.000 millones. El banco considera que este esquema constituye una de las iniciativas más ambiciosas de la región para atraer capital de largo plazo, al ofrecer estabilidad fiscal y cambiaria por treinta años a los proyectos aprobados.
No obstante, el banco introduce una advertencia que atraviesa todo el informe. Si bien el potencial es considerable, "el desafío ya no pasa por anunciar proyectos, sino por ejecutarlos". La construcción de minas, gasoductos, plantas industriales o terminales de exportación demanda años de trabajo y fuertes desembolsos de capital, por lo que las cifras hoy anunciadas no se traducirán automáticamente en crecimiento económico. El verdadero examen será comprobar que las iniciativas aprobadas logren avanzar hacia etapas concretas de inversión y producción.
Esa confianza se refleja en la magnitud de la cartera de proyectos que analiza la entidad. Según J.P. Morgan, Argentina cuenta con un pipeline cercano a US$150.000 millones, equivalente a alrededor del 21% del Producto Interno Bruto, una dimensión que pocas economías emergentes exhiben actualmente. La mayor parte de esas inversiones se concentra en minería, especialmente litio y cobre, junto con el desarrollo de hidrocarburos vinculados a Vaca Muerta y nuevas obras de infraestructura energética.
El informe también pone el foco en el papel que podría desempeñar el sector energético dentro del nuevo ciclo económico. Para el banco, Vaca Muerta ya no representa únicamente un importante yacimiento de hidrocarburos, sino una plataforma desde la cual Argentina podría alcanzar el autoabastecimiento energético y, posteriormente, consolidarse como exportador de gas natural licuado. Esa evolución, combinada con la expansión de la minería, permitiría diversificar la matriz exportadora y generar nuevas fuentes de ingreso de divisas durante los próximos años.
En ese contexto, J.P. Morgan interpreta la decisión oficial de extender el plazo de adhesión al RIGI como una señal de continuidad de la estrategia para atraer inversiones. A juicio de la entidad, mantener vigente ese marco regulatorio refuerza la percepción de que el Gobierno busca sostener condiciones favorables para proyectos de gran escala, especialmente en sectores con largos períodos de desarrollo y elevados requerimientos de capital.