La discusión sobre el ritmo de la actividad económica, el impacto de la apertura comercial y el futuro de los sectores industriales llegó en los últimos días hasta la Quinta de Olivos. Allí, Javier Milei cenó la semana pasada con Sebastián Galiani, economista, profesor universitario y exviceministro de Economía durante el gobierno de Mauricio Macri.
Galiani, que ocupó la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Hacienda entre enero de 2017 y junio de 2018 bajo la conducción de Nicolás Dujovne, defendió en una entrevista con Infobae en vivo el rumbo económico del actual Gobierno y sostuvo que el cambio de modelo tendrá ganadores y perdedores.
Su argumento central es que la Argentina dejó atrás una economía cerrada y avanza hacia otra con mayor integración internacional, lo que obliga a empresas y sectores completos a competir bajo condiciones distintas.
El economista afirmó que la transformación traerá cierres de compañías que sobrevivieron bajo esquemas de protección comercial, y también rechazó uno de los cuestionamientos más habituales contra la gestión libertaria, que sostiene que la economía argentina no consigue crecer.
Para respaldar su posición, comparó las proyecciones del período de Milei con los resultados registrados bajo las presidencias de Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner, además de contrastarlos con el desempeño de los países de la OCDE.
Galiani defendió el crecimiento de Milei y lo comparó con los últimos gobiernos
Uno de los principales puntos de la argumentación de Galiani pasó por el comportamiento del PBI. Según el economista, afirmar que la economía no arrancó o que permanece sin crecimiento no coincide con las cifras que proyecta para el mandato presidencial.
“Hay un sector de la sociedad y de la prensa que es muy crítica del gobierno. Yo lo miro con una perspectiva analítica, histórica. Para empezar, se dice que la economía no arranca, que no crece. Eso es falso”, aseguró.
Para realizar su cálculo, Galiani tomó como supuesto un crecimiento del 2,5% para este año y otro avance del 2,5% para el año próximo, pese a que señaló que el REM pronostica un 3% para ese segundo período.
Bajo esos supuestos, estimó que la economía argentina acumularía una expansión del 8,3% durante el período de Milei, frente a un crecimiento del 6,1% de la OCDE. La diferencia, según su comparación, sería de 2,2 puntos porcentuales a favor de la Argentina.
El economista contrapuso esos números con los resultados que atribuyó a las tres presidencias anteriores. Señaló que durante el mandato de Alberto Fernández la economía argentina acumuló un crecimiento de algo más del 3%, mientras que la OCDE avanzó alrededor del 7% en el mismo período.
Durante la presidencia de Mauricio Macri, en cambio, calculó que el PBI argentino terminó algo más de un 3% por debajo del nivel registrado al comienzo de su mandato, mientras que las economías de la OCDE crecieron cerca del 6%. Para el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, estimó una expansión acumulada del 1,5%, frente a un avance cercano al 7% de la OCDE.
“La presidencia de Milei va a dar un crecimiento muy arriba de cualquiera de las otras. De hecho, sería la única que daría crecimiento per cápita”, sostuvo.
Galiani consideró especialmente relevante el crecimiento por habitante porque, según explicó, los últimos gobiernos no consiguieron una mejora sostenida bajo esa medición. También sostuvo que la evolución argentina debe compararse con la economía internacional y no analizarse de forma aislada.
La apertura económica y los sectores que crecerán a distintas velocidades
La defensa del crecimiento agregado estuvo acompañada por otra advertencia. Según Galiani, una economía que atraviesa una modificación profunda de sus reglas no puede esperar que cada sector avance al mismo ritmo.
“La economía puede crecer de manera similar en todos sus sectores cuando se mantiene bajo un mismo régimen de política económica durante muchos años”, explicó.
A su criterio, ese escenario no describe a la Argentina actual. El país transita, según su definición, entre un esquema cerrado, con restricciones cuantitativas y mecanismos como las SIRA, y otro con mayor apertura e integración al comercio internacional.
Ese cambio afecta especialmente a aquellas compañías que construyeron sus negocios alrededor de la protección frente a competidores extranjeros.
“En una economía cerrada, existe mucha industria protegida que no va a sobrevivir a la apertura por no ser competitiva; en cambio, se expandirán aquellos sectores donde el país tiene ventajas comparativas. Por lo tanto, la economía tiene crecer a distintas velocidades; eso es, precisamente, lo que tiene que pasar”, afirmó.
Para Galiani, la discusión política sobre la apertura es legítima. Sin embargo, diferenció ese debate de la evaluación sobre los efectos que genera una modificación de las reglas económicas. Según sostuvo, quienes se oponen a una mayor competencia internacional pueden cuestionar la política, pero no deberían interpretar las diferencias sectoriales como una señal de que el proceso funciona mal.
Entre las actividades que mencionó como potenciales motores aparecen la minería, el campo y la industria petrolera. Al mismo tiempo, reconoció un problema todavía pendiente. Esos sectores aún no absorben en cantidad suficiente a los trabajadores que pierden espacio en actividades más afectadas.
En ese grupo ubicó al comercio, la construcción y la industria textil.
Los empresarios que “lloran” y el costo de sostener industrias protegidas
Galiani también habló sobre las críticas empresariales frente a la apertura y sostuvo que las resistencias forman parte de un conflicto habitual cuando un gobierno modifica las reglas bajo las cuales funcionaron determinadas compañías. Según recordó, situaciones semejantes aparecieron durante los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri.
Su explicación apunta a los incentivos económicos. Empresas que destinaron capital durante años a producir dentro de un mercado protegido pueden perder rentabilidad cuando ingresan competidores externos. Para esos empresarios, defender el esquema anterior resulta racional porque una parte de su inversión quedó vinculada a esas condiciones.
Galiani consideró lógico que esos sectores defiendan sus intereses y “lloren”, aunque sostuvo que la sociedad también debe observar el costo que la protección impone sobre los consumidores.
Como ejemplo, mencionó la ropa y cuestionó que una persona deba pagar precios varias veces superiores a los que encuentra fuera del país para sostener determinados esquemas industriales.
Ese choque de intereses, explicó, también termina en el terreno electoral. Una parte de la sociedad puede priorizar la protección del empleo y las empresas existentes, mientras otra puede reclamar bienes más baratos y mayor competencia.
Según su análisis, los datos muestran que dos de los sectores más afectados en la actualidad son el empleo público y la industria textil. Sin embargo, rechazó que el deterioro de determinadas actividades justifique frenar el avance del conjunto de la economía.
Para Galiani, la cuestión decisiva es el crecimiento per cápita. Sostuvo que el estancamiento prolongado termina por deteriorar el salario real y que una expansión sostenida de la producción por habitante constituye la condición necesaria para que los ingresos puedan recuperarse.
El desafío, admitió, aparece en la transición. Los sectores con mayor potencial todavía no crean puestos de trabajo al ritmo necesario para compensar las pérdidas registradas en otras actividades.
Cómo vio a Milei durante la cena en la Quinta de Olivos
La relación entre las ideas económicas de Galiani y el rumbo del Gobierno tuvo un capítulo político durante la cena que mantuvo con Milei en la Quinta de Olivos.
El economista contó que solo vio personalmente al Presidente en tres oportunidades, pero aseguró que durante el último encuentro encontró al mismo Milei de las conversaciones anteriores.
“Respecto a la reunión con el presidente Milei en la Quinta de Olivos, lo vi muy bien. Aunque solo lo he visto tres veces en mi vida, lo noté igual que siempre: una persona reflexiva, al menos cuando se sienta a hablar con otro economista; alguien que escucha, pregunta y habla con muy buen humor, haciendo chistes”, afirmó en Infobae en Vivo.
Galiani también cuestionó las interpretaciones que algunos sectores periodísticos hicieron sobre la situación personal y política del mandatario. “No lo vi para nada como intentan reflejarlo algunos sectores de la prensa. Creo que fue una campaña para desestabilizarlo, por decirlo de alguna manera”, sostuvo.
¿Cuáles son los problemas estructurales de la Argentina?
Más allá de la reunión, el economista planteó que uno de los problemas estructurales de la Argentina nace de los largos períodos de estancamiento. A su juicio, esa experiencia instaló la idea de que empresas, empleos y formas de producción deberían permanecer sin modificaciones.
Para ilustrarlo, recordó el cierre de Toys 'R' Us en Estados Unidos y señaló que desapariciones de compañías históricas forman parte de economías que modifican sus patrones de consumo y producción.
También puso el foco sobre el cambio tecnológico, el aumento de la productividad en el comercio, las transformaciones dentro de la industria petrolera y el avance de la inteligencia artificial dentro de las empresas.
“El problema que veo en Argentina es que, debido a que la sociedad ha funcionado estancada y sin crecimiento durante mucho tiempo, tenemos la visión de que nada debe cambiar y todo tiene que ser mantenido. Ese es un error”, afirmó.
Para Galiani, una economía que aumenta su producción genera recursos que luego pasan hacia otros sectores por medio del consumo y la inversión. Esa dinámica puede crear nuevos puestos de trabajo, aunque no necesariamente en las mismas empresas, industrias o actividades que los perdieron.
Ese punto sintetiza buena parte de su defensa del programa económico que discutió con Milei en Olivos. La apertura implica costos para sectores protegidos y fuerza una reasignación de recursos. Según su lectura, intentar evitar ese movimiento para conservar cada estructura existente condenaría a la Argentina a repetir el estancamiento que caracterizó a buena parte de los últimos años.