Con proyecciones de más inflación y menos crecimiento, los bonos hard dollar pierden algo de atractivo
Durante gran parte de los últimos años, los inversores se refugiaron en bonos hard dollar porque el peso ofrecía rendimientos reales negativos dado que la inflación y las devaluaciones superaban ampliamente a las tasas de interés. Pero el escenario proyectado por el mercado para 2026 es distinto.

Las expectativas que dejó el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) comenzaron a modificar el mapa de inversiones en la Argentina.

El informe correspondiente a febrero de 2026 sugiere un escenario en el que las tasas en pesos se mantendrían por encima tanto de la inflación como de la depreciación del tipo de cambio, una combinación que reduce el atractivo relativo de los bonos soberanos denominados en dólares.

Durante gran parte de los últimos años, los inversores se refugiaron en bonos hard dollar porque el peso ofrecía rendimientos reales negativos dado que la inflación y las devaluaciones superaban ampliamente a las tasas de interés. Pero el escenario proyectado por el mercado para 2026 es distinto.

Según el REM, las consultoras y entidades financieras esperan una inflación anual cercana al 22,4% para 2026, con una desaceleración progresiva en los próximos meses.

Las estimaciones mensuales también reflejan esa tendencia: alrededor de 2,1% para febrero, 2,2% para marzo y niveles inferiores al 2% desde abril, con una trayectoria descendente hacia el resto del año.

En paralelo, el mercado proyecta un movimiento más moderado del tipo de cambio. La mediana de las proyecciones ubica al dólar mayorista cerca de $1.475 en febrero y alrededor de $1.750 hacia diciembre de 2026, lo que implica una variación interanual cercana al 21%.

Cuando estas variables se combinan con el nivel esperado de tasas de interés, aparece el elemento clave para la estrategia de los inversores. El consenso del mercado anticipa tasas en pesos que permanecerían elevadas en términos nominales, lo que implica retornos reales positivos si la inflación continúa desacelerándose.

@@FIGURE@@

Según el informe, los analistas estiman que la tasa TAMAR de bancos privados alcanzará alrededor de 31,3% nominal anual en marzo, equivalente a una tasa efectiva mensual cercana al 2,6%. Para diciembre de 2026, las proyecciones ubican esta tasa en torno al 24% anual. Y hoy en día, los rendimientos de las Lecaps ya superan el 30%.

“En el corto plazo, las tasas deberían mantenerse relativamente elevadas para sostener rendimientos reales positivos e incentivar la demanda por instrumentos en pesos. Actualmente la TAMAR se ubica alrededor del 31% TNA (aproximadamente 2,6% TEM), en un contexto en el que la inflación todavía muestra cierta resistencia a la baja. Esto deja un margen acotado para una rápida caída en las tasas”, comentó Justina Gedikian, estratega de bonos en Cohen Aliados Financieros.

Este escenario tiene implicancias directas para los bonos soberanos hard dollar, que históricamente funcionaron como una cobertura frente a la inestabilidad macroeconómica argentina.

Hoy en día, muchos portafolios comienzan a inclinarse hacia instrumentos en pesos como letras a tasa fija, bonos ajustados por inflación o instrumentos duales, que permiten capturar los altos rendimientos de la política monetaria.

Para los bonos en dólares, no necesariamente significa una caída abrupta de precios, pero sí un menor flujo de demanda incremental, especialmente por parte de inversores locales que comparan rendimientos entre monedas.

“Los bonos soberanos en pesos superaron a los bonos en moneda dura en aproximadamente 7% desde fines de enero, impulsados por la estabilidad cambiaria y un tipo de cambio que se fue desplazando hacia $1.400 por dólar”, indicaron desde Adcap Grupo Financiero.

El cambio también se relaciona con la estrategia macroeconómica actual, que prioriza la estabilidad cambiaria y el control de la inflación incluso a costa de mantener tasas elevadas. La política de tasas altas actúa como ancla financiera, ya que desalienta la dolarización de portafolios y promueve la permanencia en instrumentos en pesos.