Con el petróleo en torno a los US$ 120, el mercado duda por la sostenibilid del "buffer" a los combustibles locales
La prioridad del Gobierno es evitar nuevos factores de presión sobre la inflación, especialmente en un contexto en el que todavía no consigue consolidar una desaceleración.

La escalada del petróleo internacional, impulsada por la prolongación del conflicto en Medio Oriente, vuelve a poner bajo presión la política de precios de los combustibles en la Argentina. Con el barril en torno a los US$ 114 y camino a los US$ 120, los aumentos aplicados por las petroleras locales quedaron cada vez más rezagados frente a la evolución de los valores internacionales. La incógnita es cuánto tiempo podrá sostenerse ese colchón sin trasladar el encarecimiento a los surtidores y qué costo podría tener una eventual corrección sobre la inflación.

Hasta ahora, las compañías realizaron ajustes moderados en comparación con la magnitud de la suba externa. YPF aplicó un incremento cercano al 1%, mientras que el resto de las empresas actualizaron sus precios entre 2% y 5%. Sin embargo, esa recomposición quedó lejos de compensar el salto del crudo y reabrió el debate sobre la sostenibilidad del denominado buffer: el margen que permite amortiguar temporalmente las variaciones internacionales para evitar que impacten de inmediato en los precios internos.

Isaías Marini, analista de Estrategia en One618, advirtió que la brecha entre los precios locales y el barril internacional se amplió considerablemente durante las últimas semanas. Según sus estimaciones, si el crudo se mantuviera en torno a los US$ 114, los combustibles argentinos necesitarían un ajuste superior al 30% para recuperar la relación de precios previa al conflicto.

El impacto potencial sobre el índice de precios al consumidor tampoco sería menor. Marini calculó que una recomposición de esa magnitud tendría una incidencia directa de 1,3 puntos porcentuales (p.p.) en la inflación, aunque el efecto total podría superar los 5 p.p. al contemplar los impactos de segunda ronda sobre los costos de transporte, logística y otros sectores de la economía.

Además, recordó que a principios de octubre el rezago era del 15%, lo que refleja la velocidad con la que se deterioró la relación entre los precios internos y los internacionales.

"Tiene sentido mantener un buffer ante la volatilidad del petróleo. Pero cada día luce más evidente que ese margen no se puede sostener si persiste la presión sobre los precios internacionales", detalló.

La inflación, el principal argumento para postergar los aumentos

Sin embargo, la necesidad de recomponer los precios no implica que las petroleras vayan a trasladar inmediatamente el encarecimiento internacional a los surtidores.

 

En el corto plazo, la prioridad del Gobierno pasa por evitar nuevos factores de presión sobre la inflación, especialmente en un contexto en el que todavía no consigue consolidar una desaceleración.

En esa línea, el economista Martín Polo, de Polomics, consideró que las autoridades y las compañías buscarán sostener el esquema de contención durante algún tiempo más, incluso a costa de resignar márgenes.

"Yo creo que lo van a sostener un poco cueste lo que cueste. Básicamente porque el Gobierno necesita bajar la inflación", señaló. El especialista anticipó que los datos de octubre podrían no mostrar una mejora significativa en la dinámica de precios, por lo que sumar un nuevo aumento de los combustibles representaría una complicación adicional.

En su análisis, YPF continuará desempeñando un papel central en esa estrategia. Polo describió la relación entre la compañía y el Gobierno como un esquema de cooperación en el que la petrolera absorbe temporalmente parte del impacto para evitar que se traslade de inmediato al consumidor.

"Hoy te ayudo yo, mañana me ayudás vos a mí", sintetizó. A su entender, el contexto inflacionario no permite introducir demasiadas presiones adicionales sobre los precios regulados o sensibles para la economía.

YPF todavía muestra fortaleza financiera

La capacidad de sostener esa política también depende de la situación financiera de las compañías. En ese sentido, YPF presentó recientemente sus resultados correspondientes al tercer trimestre de 2026, con números que reflejaron que todavía conserva capacidad operativa y financiera para atravesar un escenario de mayor volatilidad.

La petrolera registró ingresos por US$ 6.557 millones, un crecimiento interanual del 41,2%, y una ganancia neta de US$ 1.196 millones. Además, alcanzó un EBITDA ajustado de US$ 2.503 millones, un incremento del 84,4% frente al mismo período del año anterior, con un margen sobre ventas del 38%.

Otro dato relevante fue la mejora de su posición financiera. YPF generó un flujo de caja libre positivo de US$ 901 millones, redujo su deuda neta a US$ 6.596 millones y llevó su ratio de apalancamiento a 0,8 veces, el nivel más bajo en una década.

La producción de petróleo no convencional también continuó creciendo: el shale oil alcanzó los 224.100 barriles diarios, un avance interanual del 31,8%, y ya representa el 86% de la producción total de crudo de la compañía.