Virginia Porcella Editora
Aunque de cara a los mercados y la comunidad financiera internacional, el superávit fiscal es el logro indiscutido del gobierno de Javier Milei y ancla principal de su programa económico, algo empieza a crujir en ese plan. La lenta reacción del nivel actividad y el consumo masivo en estado vegetativo hacen mella en la recaudación, en la que también impacta la celebrada baja de impuestos. El resultado es inevitable: el pilar sagrado de la política económica del Gobierno, el saldo positivo de las cuentas públicas, empieza a verse afectado. A tal punto que cuando mañana aterrice en Buenos Aires la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, el Presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo, no podrán, por primera vez desde que se firmó el acuerdo, vanagloriarse de haber sobrecumplido el objetivo fiscal. Incluso, deberán recurrir a un waiver o a una revisión de esas metas para acceder al desembolso pendiente de US$ 680 millones.
Esto porque, mientras recibirán efusivos elogios por la compra de divisas del Banco Central y la acumulación de reservas que ya rozan los US$ 50,000 millones otra vez en términos brutos, el otro compromiso clave del primer semestre era de alcanzar un superávit primario equivalente a 1,4% del PBI (unos $6,86 billones) pero las cuentas arrojaron un saldo de menos de la mitad, en 0,6% del producto ($6,3 billones). El desvío, claro está, es relativamente menor si se lo mira con el espejo retrovisor de años de déficit presupuestario que se sucedieron en la práctica sin objeciones por parte del Fondo. De ahí que entre los funcionarios no existe ningún temor a un reproche serio en ese sentido por parte de Georgieva.
Sí, en cambio, el sostenimiento del superávit es un tema en la agenda con el organismo. Si la economía no reacciona y, por ende, los ingresos fiscales no acompañan ¿qué espacio hay para seguir ajustando el gasto? ¿Cómo, a la vez, se puede revertir el evidente impacto recesivo que tiene la motosierra?
“Tras el fuerte ajuste reciente, los márgenes para seguir reduciendo el gasto son más acotados. La discusión ya no pasa sólo por cuánto bajar, sino por qué gasto reformar, dónde están las mayores rigideces y cómo generar espacio para reducir la presión tributaria de manera sostenible”, sostienen los economistas de la Fundación Mediterránea Marcelo Capello y Gustavo Reyna. En un trabajo conjunto, los analistas advierten que después de varios años de ajuste, explorar cuál debería ser el nivel de largo plazo del gasto público es clave para pensar la sustentabilidad fiscal y las posibilidades de reducir impuestos en el futuro.
En 2016, el gasto público consolidado llegó a representar 47,3% del PIB mientras que 2025 se ubicó en 35,4%, casi 12 puntos menos. Es lo que permite mantener un verde el resultado de las cuentas públicas. Sin embargo, ese nivel es hoy 4 puntos mayor al gasto público registrado en 2005. Al repasar cómo se explica ese aumento, quedan expuestos los limites a mantener vivo el ajuste.
Por caso, jubilaciones y pensiones explican 2,5 puntos del PBI más de gasto que hace 21 años mientras que las ayudas sociales +0,8%, los subsidios a la energía 0,4% y las empresas públicas 0,3% del PBI, según detallan Capello y Reyna. El margen para más tijera luce acotado.
Del lado de los recursos, la clave parece está en el parate que sufre parte de la economía. Por caso, la construcción y el comercio, los otrora tradicionales motores de la actividad. Esos propulsores fueron reemplazados, pero sólo parcialmente, por las exportaciones que todavia no logran el dinamismo suficiente para arrastar el conjunto de la actividad. El marco de esa foto es la falta de crédito que estimule el movimiento, tras su abrupto corte hace un año. De ese momento a hoy, el incremento de la morosidad empujó a los bancos a retacear los préstamos por lo que la economía perdió un lubrcante clave.
En cualquier caso, la visita de Georgieva se lee como un espaldarazo a la gestión de Milei al que los mercados prestarán atención. Es que ambos, codependen de que la Argentina pueda pagar su deuda: al FMI le resulta fundamental que el Gobierno se decida a salir a refinanciar vencimientos en el mercado internacional, lo que deja más espacio pagarle al propio organismo y reducir su exposición en el país. Pero a los inversores les resulta imprescindible el inquebrantable apoyo del Fondo para acceder a financiar a la Argentina a tasas razonables.