La inflación argentina volvió a poner a prueba las expectativas del mercado en julio, cuando el índice de precios al consumidor (IPC) avanzó un 2,1%, interrumpiendo la tendencia descendente que se mantenía desde abril. Si bien el dato se ubicó levemente por encima de lo esperado, los principales bancos de inversión consideran que no marca el inicio de una nueva aceleración, sino que inaugura una fase mucho más compleja: la “última milla” de la desinflación.
Para entidades como J.P. Morgan, Goldman Sachs y Banco Mariva, el comportamiento de los precios en julio estuvo fuertemente influenciado por factores estacionales. Las vacaciones de invierno impulsaron rubros como recreación (5%) y hoteles y restaurantes (2,8%), a lo que se sumó un incremento del 7,4% en verduras frescas. No obstante, detrás de esta coincidencia, las proyecciones para lo que resta del año comienzan a bifurcarse, reflejando distintos grados de cautela sobre la velocidad del proceso.
El peso de los servicios y los regulados
Uno de los puntos críticos que revela el dato de julio es la disparidad entre bienes y servicios. Mientras que los bienes avanzaron un moderado 1,6%, los servicios saltaron un 3,1%. Esta dinámica está estrechamente ligada a la corrección de los precios regulados, como el transporte, la electricidad, el gas y la medicina prepaga, que continúan ejerciendo presión sobre el índice general.
Según cálculos de Goldman Sachs, desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, los precios regulados acumularon un incremento del 510%, frente a un 305% de la inflación núcleo. Esta corrección de precios relativos, aunque necesaria, establece un límite a la velocidad con la que el IPC puede descender. Para J.P. Morgan, los regulados, los estacionales y la carne explican casi la mitad de la inflación acumulada en lo que va del año.
El mercado ya no discute si la inflación seguirá bajando, sino a qué ritmo lo hará una vez que el IPC mensual se estabiliza en torno al 2%. Goldman Sachs ha mostrado una mayor preocupación, elevando su proyección de inflación para diciembre al 30,5% y advirtiendo que los riesgos están inclinados al alza.
En contraste, J.P. Morgan mantiene una visión más constructiva. Sus indicadores de alta frecuencia para la primera semana de agosto muestran una desaceleración en alimentos (1,3% mensual), lo que sería compatible con una inflación general del 1,8% para este mes. Su escenario base prevé que la inflación mensual promedie un 1,9% en el tercer trimestre y descienda al 1,5% hacia fin de año, cerrando el 2026 con una variación interanual del 29,5%.
Agosto, la prueba de fuego
La discusión más profunda, sin embargo, pasa por el costo de quebrar la inercia inflacionaria. Banco Mariva advierte que, sin un ancla formal o una guía explícita sobre la trayectoria futura de los precios, la formación de expectativas puede quedar estancada. En este contexto, lograr una desaceleración adicional podría requerir una política monetaria todavía más restrictiva y tasas reales elevadas.
Este escenario plantea un dilema para la actividad económica. Mariva ya redujo su proyección de crecimiento para el próximo año de un 3,1% a un 2,5%, argumentando que cuanto más persistente sea la inflación, mayor será la presión necesaria sobre el consumo y la demanda interna para forzar la baja de precios. A esto se suma la incertidumbre electoral y el comportamiento del tipo de cambio, factores que podrían encarecer el costo de una desinflación rápida.
Argentina ha logrado reducir drásticamente la inflación desde los niveles de crisis, pero el tramo actual exige algo más que dejar atrás grandes shocks. Entran en juego la resistencia de los servicios, la inercia de los contratos y la solidez de la demanda.
Por ahora, el consenso de los analistas es que julio fue una pausa en el camino. No obstante, el dato de agosto será determinante para confirmar si el proceso de desinflación sigue su curso o si la "última milla" resultará, como sugieren los bancos, bastante más accidentada de lo previsto. La economía argentina se encuentra en una encrucijada donde la velocidad del descenso de precios definirá no solo el éxito del programa económico, sino también la profundidad de la recuperación en los meses por venir.