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Macroeconomía

El plan económico de la oposición para 2023: cuando la certeza es la incerteza

Marcos Falcone Politólogo. Fundación Libertad

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La oposición todavía no presentó ningún plan económico. En Juntos por el Cambio persiste el debate entre shock o gradualismo.

29 Julio de 2022 18.09

La renuncia del ex ministro Martín Guzmán y la subsiguiente crisis cambiaria pusieron la mira sobre el gobierno de Alberto Fernández. No es para menos: cualquiera que analice la situación política y económica de la Argentina hoy entiende que la escalada del dólar paralelo no es sino la consecuencia de una serie de malas decisiones tomadas desde la cúspide del poder. Sin embargo, los errores del gobierno y su creciente debilidad ocurren al mismo tiempo que se acercan las elecciones presidenciales del 2023, y al momento de publicarse esta columna estamos casi exactamente a un año de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias: las encuestas indican que si el comicio se celebrara hoy, el Frente de Todos perdería por un amplio margen.

¿Por qué no analizar entonces, en un contexto de incertidumbre electoral, a la oposición? Si el 10 de diciembre de 2023 encuentra a la Argentina con un nuevo gobierno, todos querrán anticiparse a su política económica. Y el principal desafío que tendrá cualquier administración en el frente económico será el excesivo e inflexible gasto público que, aún con altos niveles de impuestos, conduce a un déficit fiscal permanente.

En este contexto, debe tenerse en cuenta que la “oposición” es en realidad un conjunto de actores disímiles y que en muchos casos incluso se odian entre sí. Entre ellos, la izquierda y el liberalismo aparecen como las opciones más extremas. 

Juntos
Juntos

En términos de capacidad para enfrentar una crisis económica, las propuestas de la izquierda con toda seguridad hundirían al país en un pozo aún más profundo que en el que se encuentra. No puede haber otro final para las nacionalizaciones y la emisión aún más desmedida de dinero propuesta desde dicho espacio político. 

El liberalismo, por otro lado, podría aportar soluciones sustentables para devolver el crecimiento económico al país con base en la apertura al mundo, la baja del gasto público, privatizaciones, menos impuestos y menos regulaciones, entre otros. Sin embargo, el escaso caudal electoral de los liberales hace difícil pensar que puedan ganar la presidencia o que, en ese caso, puedan implementar sus políticas.

En realidad, tanto la izquierda como el liberalismo son opciones marginales en comparación con la alternativa de Juntos por el Cambio, que de hecho tiene una amplitud ideológica tan grande que es capaz de albergar su propia izquierda y su propio liberalismo. La fuerza que gobernó el país entre 2015 y 2019 es hoy favorita a hacerlo de nuevo a partir de 2023, y es por esa razón que su interna debe ser observada con sumo cuidado. 

focus - morales - gm-revista-forbes (2)elegida
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Dentro de JxC, existe una sola certeza: la incerteza. La cantidad de precandidatos a presidente todavía no está clara e incluye a nombres como Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Gerardo Morales o Ricardo López Murphy, entre otros. Y si bien las trayectorias de cada uno muestran ciertas diferencias susceptibles de ser programáticas, hasta ahora ningún plan económico ha sido presentado. De hecho, si uno hurga por debajo de los presidenciables, existen economistas asociados a algunas de estas figuras (como Carlos Melconian, Hernán Lacunza o Luciano Laspina) que en teoría están elaborando programas de gobierno de manera separada, pero que se niegan sistemáticamente a marcar diferencias entre sí.

De cara al 2023, y de manera similar al contexto de 2015, es probable que la principal discusión de política económica en JxC gire nuevamente en torno de la dicotomía entre gradualismo y shock. En ese sentido se ve en estos días que, después de la experiencia del gobierno de Macri pero sobre todo de la profundización de las contradicciones inherentes del modelo kirchnerista, los partidarios del shock están mejor posicionados hoy que entonces. Ese posicionamiento, en parte, va de la mano no solamente con la incorporación de López Murphy, el coqueteo con José Luis Espert o el ascenso de Martín Tetaz entre los radicales, sino también con el acercamiento de algunos dirigentes de la coalición a Javier Milei.

Javier Milei
Javier Milei

Sin embargo, incluso si el peso del liberalismo dentro de los equipos de JxC ha crecido en los últimos años, la influencia de sectores no liberales o que se niegan a tomar posicionamientos ideológicos continúa siendo determinante. La necesidad de atacar el déficit parece ser compartida por todos los integrantes, pero la forma en la que dicha tarea se llevaría a cabo no es clara debido a los desacuerdos sobre la forma en que debería gestionarse el Estado. 

Los integrantes de JxC solo han acordado rechazar los últimos impuestos propuestos por el kirchnerismo, pero son claras las diferencias en relación a temas como el proteccionismo, el manejo de las empresas estatales o la gestión y el alcance de los planes sociales, entre otros. En líneas generales, ni la Unión Cívica Radical ni la Coalición Cívica tienen conducciones que estén convencidas acerca de la conveniencia de la libertad económica para reactivar el crecimiento, aunque tampoco los “halcones” del Pro terminan de abrazar ideas demasiado innovadoras.

A medida que la crisis económica se profundiza, se abre cada vez más la famosa “ventana de Overton”: esto quiere decir que se vuelven más aceptables soluciones que en otro momento hubieran sido descartadas. Este hecho explica, por ejemplo, la persistencia en el tiempo de la idea de dolarizar la economía, en la que Milei insiste con el rechazo de gran parte de JxC pero también con un apoyo minoritario dentro de esa propia coalición. Al mismo tiempo, es precisamente la ambigüedad con la que JxC trata propuestas de este tipo la que desnuda la falta de certezas sobre qué hacer y cómo hacerlo a partir del 10 de diciembre de 2023. Hasta que no exista una propuesta de rumbo claro por parte de un presidenciable con chances de vencer al kirchnerismo, las expectativas de los agentes económicos seguirán siendo pesimistas o, en el mejor de los casos, cautelosamente neutrales.

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