De Nueva York a Los Ángeles, el impacto oculto del ruido político en una economía que vive en tensión
Los aciertos del Gobierno en los últimos dos meses que quedan sepultados por el escándalo del Jefe de Gabiente y la preocupación por la capacidad de sostener las reformas.

A dos meses del rotundo éxito que fue en el mundo financiero la Argentina Week en Nueva York, el Gobierno acumula una interesante sucesión de logros para nada menores en materia económica. Una inusual sumatoria de aciertos, podría decirse, que se cierra por el momento con el regreso del Presidente y su comitiva de la Milken Conference de Los Ángeles, desde donde se lanzó la última gran novedad de un nuevo régimen para grandes inversiones recargado y un nuevo proyecto de Chevron para el RIGI.

Sin embargo, la definición se lee, a priori, completamente disociada de la realidad. Es una descripción a contrapelo de la sensación térmica que se vive en “la calle”, donde manda el bolsillo flaco para consumir y en la que el empleo desplaza a los precios en las preocupaciones de la sociedad de acuerdo al consenso de los sondeos de opinión.  

Pero la seguidilla existe y se puede enumerar fácilmente: desde la inédita compra de dólares por parte del Banco Central por unos de US$ 7.500 millones desde que empezó el año y que -finalmente- deja prácticamente a las reservas netas en terreno positivo al acuerdo con el Banco Mundial y bancos para avalar y  refinanciar la deuda hasta la suba de la nota para los bonos argentinos. En el medio, la implementación de la reforma laboral con la entrada en vigencia, particularmente, del RIMI consistente en una fuerte baja de impuestos para las Pymes, la reaparición del crédito hipotecario a tasas más bajas e incluso la desaceleración de la inflación en las últimas seis semanas tras el espantoso dato de marzo. El índice de abril se conocerá en los próximos días y traerá buenas noticias. Que de todos modos no hará la diferencia. Nada, de todo lo mencionado, hizo la diferencia. 

Tampoco el mega anuncio del viernes, en el que el ministro de Economía, Luis Caputo, acompañado por el ultra cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presentó el denominado “súper RIGI”, una iniciativa trascendental que spoileó el propio Milei desde el avión que los traía de regreso de Estados Unidos, donde una vez más los inversores extranjeros -además de Lionel Richie- mostraron gran interés por el Presidente y la economía argentina. Esa iniciativa, en otro contexto, hubiera marcado la agenda de la discusión económica, o al menos parte de ella.  @@FIGURE@@

Pero el contexto hoy es que, desde hace dos meses e in crescendo, el ruido político obtura la posibilidad de “dar vuelta” el mal clima económico, la chance de alimentar expectativas positivas, de generar esperanza, el principal activo de Milei desde que asumió.  “En términos políticos, el Gobierno no puede recurrir a su principal insumo para sostener lo que hasta acá le valió el apoyo, que es la gestión económica”, dice un reconocido encuestador. La síntesis “estoy mal pero voy a estar mejor” se empieza a diluir y la capacidad de acción oficial para evitarlo queda completamente mermada ante la enorme exposición de los escándalos políticos. Es en ese punto donde la respuesta de Caputo a la pregunta de manual sobre “cuánto afecta a la economía el caso Adorni”, se vuelve vidriosa. 

Tal vez sea cierto que no hay una correlación directa con el nivel de riesgo país. Sobran argumentos de los funcionarios y otros expertos para explicar por qué, a pesar de haber hecho a rajatabla todos los deberes, todavía no logra perforar los 500 puntos básicos. Una de esas razones es la volatilidad internacional en el marco de la guerra con Irán. (Dicho sea de paso, también en eso hubo un enorme logro del Gobierno del que, en una situación más cómoda, podría haber sacado pecho por el prácticamente nulo impacto para el país del conflicto más allá de la suba de  combustibles). Otra, una cuestión bien técnica pero fundamental, el mal diseño de los bonos cuando se reestructuró la deuda en 2020 que los vuelven muy poco atractivos para los inversores a los que a partir de ahora apunta la Argentina. Esos títulos dejaron de ser negocio para los fondos de inversión más especuladores, dado que el riesgo país bajó de 2.000 puntos a la zona de 500, pero no lo son todavía para los fondos de “real money” (los que invierten a más largo plazo). En ese limbo de la deuda, Caputo busca bajar “la dependencia de Wall Street”. 

Pero no se trata sólo de riesgo país: se trata de popularidad. Y de la capacidad de impulsar y sostener reformas que emana de ella. Es en ese punto donde, indiscutiblemente, la política está arrinconando a la economía. Así, al menos, empiezan a percibirlo los mercados. La casi inexistente actividad en el Congreso, aun cuando el Poder Ejecutivo envió un ambicioso proyecto y los números son más favorables que el año pasado, es una muestra de esas dudas.

Es que la relación entre la situación económica y la popularidad del Gobierno es un elemento central. Un análisis reciente del banco inglés Barclays  fue categórico: la imagen de Javier Milei todavía se mantiene por encima de lo que sugeriría la experiencia económica promedio de la población. Lo describe como una prima política”, un margen de apoyo que suele existir en los primeros tramos de una gestión pero que no es permanente.  Tiende a achicarse. “Si la mejora económica no llega al bolsillo de la mayoría, el riesgo es que la percepción termine alineándose con la realidad cotidiana. En ese punto, la estabilidad deja de ser suficiente”, dice Barclay´s.

El banco de Wall Street pone el dedo en la llaga: la popularidad de Milei, aunque todavía en niveles aceptables y muy beneficiado por la falta de liderazgos que se lo contrapongan, empieza a resentirse peligrosamente. Los números son similares en todos los estudios de opinión, como el de Atlas Intel, en el que la aprobación del Presidente se encuentra en 35%, su nivel más bajo desde que asumió. El último relevamiento de Udesa ubica ese guarismo en 39%, también en niveles mínimos de su gestión, por citar algunos ejemplos. 

Para todos los gobiernos, desde ya, se trata de un indicador clave. Pero no para todos los gobiernos la economía depende tanto de ese porcentaje. Sí para el de Milei, que hoy decide atarse de manos para revertir “humor social” imperante, aun cuando tiene herramientas a su alcance.