El té sigue siendo la bebida más consumida del mundo después del agua, y las costumbres vinculadas a su consumo se mantienen firmes e, incluso, crecen. “Desde el lapsang souchong chino, intensamente ahumado, hasta el genmaicha japonés con arroz integral inflado, desde el té dulce americano helado hasta el ataya de África Occidental, que requiere mucho tiempo pero es deliciosamente espumoso, el mundo del té está verdaderamente lleno de maravillas”, según la autora Léa Teuscher.
En su nuevo libro 150 casas de té que debés visitar antes de morir, publicado por Lannoo, Léa Teuscher invita a los lectores a descubrir qué se está preparando en distintas partes del mundo: desde un café de moda en Estambul, una plantación histórica en Darjeeling, un hotel elegante en Londres o una ochaya tradicional en Kioto. Con descripciones atractivas y fotografías cuidadas, el libro es ideal para que los viajeros lo exploren en busca de inspiración.
Acá va un anticipo de seis casas de té imperdibles para sumar a tu lista de deseos de 2026.
Casa de té Lao She, Pekín, China
Para muchos occidentales, la palabra "casa de té" remite a un espacio zen y silencioso, pero en Pekín la historia es muy distinta, según explica Teuscher. En la capital china, las casas de té son lugares para charlar, jugar al mahjong y hablar de política mientras se toma té, quizás con un espectáculo de kung-fu o una comedia de fondo. @@FIGURE@@
Son espacios animados, con salones amplios, y uno de los más reconocidos es la Casa de Té Lao She. Teuscher sugiere ir a una función musical por la tarde o a la noche en sus salas principales. La entrada incluye té —servido en una taza tradicional con tapa, por mozos vestidos con qipao y chaquetas Tang— y aperitivos como pipas de girasol, pistachos y pasteles de luna zilaibai.
Casa de té Silk Road, Bujará, Uzbekistán
Una de las rutas históricas de la Ruta de la Seda fue la del Té del Noreste, que atravesaba Asia Central. En una calle muy transitada del viejo Bujará, es posible hacer una pausa en la Casa de Té de la Ruta de la Seda, construida con ladrillos claros de la zona y decorada con alfombras de estampados intensos.
La bebida nacional de Uzbekistán es el té verde puro, pero en esta casa también se pueden probar infusiones especiadas. El dueño, que además es comerciante de especias —su familia lleva más de 600 años en el rubro—, prepara mezclas con cardamomo, canela, clavo, anís estrellado, menta, orégano y bergamota. Los tés se sirven en la tradicional vajilla de porcelana Pahta, blanca y azul, y todos incluyen recargas gratuitas. Se acompañan con dulces orientales como bocaditos de sésamo y almendra.
Raju Ki Chai, Bombay, India
Fundado en 2017, Raju Ki Chai es una versión renovada del clásico chai ki tapri, los puestos callejeros ubicados estratégicamente donde los habitantes de Mumbai se reúnen para tomar té caliente y debatir temas como los últimos estrenos de cine o la política, según cuenta Teuscher. La propuesta de los Sanghvi recupera esa tradición, pero con un giro visual: el local está pintado con colores intensos como amarillo, naranja y rojo. @@FIGURE@@
Acá, el masala chai se sirve en tazas de arcilla mitti kulhad, recipientes tradicionales que todavía se fabrican a mano en torno de alfarero y que, durante años, fueron dejados de lado en favor de vasos de papel o plástico. El menú ofrece decenas de opciones, desde chai jainista con jengibre fresco hasta variedades de tés ayurvédicos. Para acompañar, podés pedir un bun maska —un panecillo suave parsi con manteca y crema— o el clásico sándwich callejero de Bombay, relleno con chutney, verduras, queso y especias.
Mackintosh at the Willow, Glasgow, Reino Unido
En plena calle comercial de Glasgow, Mackintosh at the Willow es el único salón de té que se conserva diseñado por Charles Rennie Mackintosh y su esposa Margaret Macdonald. Nació como una alternativa a los pubs masculinos y abrió sus puertas en 1903. Con interiores Art Nouveau, elegantes y cuidados, ofrece la posibilidad de sentarse en la icónica silla con respaldo de escalera mientras se disfruta de la mezcla de la casa —tés de Sri Lanka y China con pétalos de rosa, inspirados en el motivo de la rosa de Mackintosh— y unas galletas de manteca especiadas.
Campamento Inara, desierto de Agafay, Marruecos
Para los pueblos nómadas del norte de África, las valiosas hojas de té eran tanto una mercancía como parte de una ceremonia sencilla que favorecía las charlas amistosas y los acuerdos comerciales. En el Campamento Inara, el té de menta intenso se ofrece como bebida de bienvenida y también durante las excursiones por el desierto. Es un símbolo clave de la hospitalidad amazigh. Se prepara en una tetera de metal sobre el fuego, con té verde y menta, y se sirve en vasos pequeños.
No se trata de una sola infusión, sino de tres: las hojas se hierven en tres tandas, y en cada una se agrega azúcar, explica Teuscher. “El primer té se llama 'amargo como la muerte', y simboliza un primer paso hacia lo desconocido al conocer a desconocidos. El segundo es 'fuerte como la vida', cuando las relaciones se profundizan con la confianza y la comprensión mutua. El tercero y último es 'dulce como el amor', que representa la nueva amistad y el respeto mutuo”.
Salón de té Atrium del Palacio Al Bustan, Mascate, Omán
Inaugurado en 1985, el Al Bustan Palace —hoy parte de la cadena Ritz-Carlton— fue diseñado para reflejar la cultura y la hospitalidad omaníes. En el centro del edificio se encuentra un salón abovedado de 38 metros de altura, con paredes decoradas con calados islámicos en tonos dorado y granate, y una imponente lámpara de araña como pieza central. @@FIGURE@@
Podés disfrutar un pastel Umm Ali mientras tomás un karak chai, el té especiado típico de la zona: una mezcla de té negro, cardamomo y leche condensada que se encuentra en casi todas las esquinas. Otra opción es pedir el té de la tarde Omani Delight, que incluye dulces como kunafa de pistacho con tiramisú, pastel de dátiles y cardamomo, y baklava. Entre los salados, hay éclairs de za'atar con pepino y un wrap de muhammara.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes U.S