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Centro Cultural Konex

Lo acusaron de matar al tango y terminó haciéndolo inmortal: vuelve Experiencia Piazzolla

Pancho Barreiro

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En el 20 aniversario de Ciudad Cultural Konex, la quinta edición de Experiencia Piazzolla reúne a artistas de distintas generaciones para celebrar la vigencia de una obra que rompió las fronteras del tango y convirtió a Astor Piazzolla en una de las figuras fundamentales de la música argentina.

11 Septiembre de 2026 12.10

Durante décadas, Astor Piazzolla tuvo que explicar qué música hacía. Para buena parte del ambiente tanguero, aquello no era tango; para él, la discusión terminó perdiendo sentido hasta encontrar una definición mucho más amplia: "Música contemporánea de la ciudad de Buenos Aires".

Más de treinta años después de su muerte, aquella discusión parece definitivamente saldada. Piazzolla no sólo ocupa un lugar central dentro de la historia del tango, sino que su obra atraviesa el jazz, la música clásica, el rock y nuevas generaciones de intérpretes que encuentran en sus composiciones un lenguaje todavía abierto a nuevas lecturas.

Esa vigencia será el eje de la quinta edición de Experiencia Piazzolla, que se realizará este sábado 12 y domingo 13 de septiembre en Ciudad Cultural Konex. El festival coincide además con los 20 años de actividad ininterrumpida del Konex, que durante todo 2026 celebra dos décadas desde la apertura de su espacio cultural en el Abasto porteño.

Dos noches y muchas formas de tocar a Piazzolla

Organizado por la Fundación Astor Piazzolla, Fundación Konex y Ciudad Cultural Konex, el festival nació hace diez años y tuvo ediciones presenciales en 2016, 2018 y 2021, además de una versión virtual en 2020. Por sus escenarios pasaron desde Susana Rinaldi, Jairo y Néstor Marconi hasta Pedro Aznar, Julieta Venegas, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu y Lito Vitale, entre muchos otros.

La edición 2026 comenzará el sábado a las 19.30 con un Bandoneonazo dirigido por Néstor Marconi, acompañado por Carlos Corrales, Federico Pereiro y Renato Venturini. A las 21, el Quinteto Experiencia Piazzolla, dirigido por Nicolás Guerschberg, recibirá a Chango Spasiuk, Julieta Laso, Maggie Cullen, Chino Laborde y Mat Alba.

El domingo, a las 18.30, será el turno de An Espil y Cirilo Fernández, con una propuesta atravesada por el jazz y el rock. A las 20 llegará el cierre con Escalandrum y Piazzolla 74, un trabajo que vuelve sobre dos discos decisivos publicados por Astor en 1974: Libertango y Reunión Cumbre.

La diversidad no parece casual. El propio director musical del encuentro, Nicolás Guerschberg, define la propuesta a partir de los cruces generacionales y de géneros —tango, jazz, rock, folclore y música clásica—, una combinación que reproduce algo que Piazzolla hizo durante buena parte de su carrera: tomar elementos de distintas tradiciones para construir un lenguaje propio.

El hombre al que acusaron de matar al tango

Piazzolla había aprendido el tango desde adentro. Tocó con la orquesta de Aníbal Troilo, estudió composición con Alberto Ginastera y, después de viajar a París y trabajar con Nadia Boulanger, regresó a Buenos Aires decidido a hacer algo diferente.

En 1955 formó el Octeto Buenos Aires, una agrupación que incorporaba procedimientos provenientes de la música clásica y el jazz e incluso una guitarra eléctrica, algo prácticamente extraño dentro del tango de entonces. El resultado no pasó inadvertido: hubo enfrentamientos con sectores tradicionalistas y Piazzolla cargó durante años con acusaciones que llegaban a presentarlo como el "asesino del tango".

No era sólo una discusión musical. Piazzolla modificaba las formaciones, complejizaba los arreglos, incorporaba contrapunto, armonías y ritmos que escapaban a las reglas tradicionales y componía una música que muchas veces estaba pensada para ser escuchada antes que bailada. Para una parte del tango, aquello cruzaba una frontera difícil de aceptar.

Por eso empezó a hablar de "música contemporánea de Buenos Aires". La expresión le permitía escapar de una discusión que se había vuelto casi ideológica y, al mismo tiempo, describía con bastante precisión una obra que tenía al tango como raíz, pero no como límite.

Piazzolla más allá del tango

Su vínculo con Buenos Aires tampoco significaba encerrarse dentro de sus fronteras. Piazzolla había crecido en parte en Nueva York, escuchaba jazz, estudió música clásica y construyó una obra donde podían convivir Bach, las orquestas tangueras, Gerry Mulligan y los sonidos eléctricos que dominaron parte de la música de los años 70.

También mantuvo una relación compleja con el rock argentino. Podía criticarlo con dureza, pero al mismo tiempo se interesó por algunos de sus músicos, trabajó con instrumentistas provenientes de ese mundo y tuvo palabras de reconocimiento para artistas como Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar; sus experiencias eléctricas de los años 70 incorporaron, además, músicos vinculados al rock.

La influencia también funcionó en sentido contrario. Integrantes de Almendra reconocieron a Piazzolla entre las músicas que alimentaron el nacimiento del grupo, mientras que años después el propio rock argentino avanzaría sobre territorios de fusión entre tango, jazz y música eléctrica.

Piazzolla terminó haciendo algo todavía más difícil que renovar un género: amplió el territorio en el que el tango podía existir. Lo llevó a salas de concierto, lo cruzó con otras músicas y creó un repertorio que hoy puede interpretar un bandoneonista tradicional, un sexteto de jazz, un cantante de rock o una orquesta sinfónica sin que ninguno de esos formatos parezca fuera de lugar.

Un legado que ya no necesita defensa

La Fundación Astor Piazzolla, creada por sus nietos, trabaja precisamente sobre esa continuidad. Su objetivo declarado es preservar, estudiar y difundir la obra del compositor y acercarla a nuevas generaciones mediante conciertos, publicaciones y proyectos educativos.

Experiencia Piazzolla parte de la misma idea. El hombre que durante años debió defenderse de quienes aseguraban que lo suyo no era tango se convirtió finalmente en un lenguaje en sí mismo; uno que todavía admite ser desmontado, reinterpretado y vuelto a armar.

Quizás allí esté la explicación de su vigencia. Piazzolla no hizo del tango una pieza de museo: lo obligó a discutir con su tiempo. Y varias décadas después, todavía hay en Buenos Aires quiénes siguen discutiendo si es Tango o no… pero mientras tocan y escuchan su música.

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