La era de los blends: vinos que cuentan historias más allá de la botella
Detrás de cada vino de corte hay decisiones, proporciones y una búsqueda particular. Una selección de vinos argentinos que muestran cómo un blend puede expresar la mirada de un enólogo, reinterpretar una tradición o incluso contar la historia de todo un territorio.

En el mundo del vino, un blend es mucho más que la combinación de dos o más variedades. Es, muchas veces, una de las formas más personales que tiene una bodega o un enólogo de construir un vino: elegir qué componentes utilizar, en qué proporción y con qué objetivo para alcanzar un resultado que no existiría de la misma manera por separado.

En buena parte del Viejo Mundo, especialmente en regiones tradicionales de Francia, Italia o España, esta lógica forma parte de la historia del vino. Allí, durante siglos, la identidad estuvo más asociada al origen que a una única variedad y numerosos vinos clásicos se construyeron a partir de cortes destinados a expresar un territorio.

En países del llamado Nuevo Mundo (Argentina, Estados Unidos, Sudáfrica, Australia), en cambio, la comunicación del vino estuvo durante décadas mucho más ligada al varietal: Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay o Merlot se convirtieron en una manera directa de presentar cada etiqueta al consumidor.

Pero cuando una bodega decide elaborar un blend aparece otra capa de decisiones. Puede tratarse de combinar las variedades de una misma finca para mostrar ese lugar de la manera más completa posible; de seleccionar parcelas o barricas determinadas para construir el vino ícono de una casa; o de trabajar con uvas provenientes de distintos viñedos para encontrar un estilo preciso. En todos los casos, detrás del corte existe una búsqueda enológica.

La comparación con una receta de cocina resulta inevitable. Cada componente puede aportar estructura, frescura, perfume, textura, color o capacidad de guarda, pero el resultado depende de cómo se integren entre sí. No existe una fórmula universal: las proporciones y las elecciones terminan funcionando como una firma de quien hace el vino.

Los blends pueden ser tan variados como diferentes entre sí, porque detrás de cada corte hay una decisión, una historia y una manera personal de entender el vino.

Cinco blends para descubrir historias

A Corazón Abierto Gran Corte, A Corazón Abierto

 

Detrás de A Corazón Abierto está el proyecto personal del enólogo Leandro Azin, una propuesta de pequeña escala nacida en Los Chacayes, Valle de Uco. Dentro de esa filosofía, el Gran Corte es su vino más exclusivo: se producen alrededor de 2.400 botellas por añada y, si la cosecha no alcanza el nivel buscado, directamente no se elabora. La cosecha 2020 recibió 97 puntos y medalla Platino en los Decanter World Wine Awards 2026, una distinción que alcanzó apenas el 1,18% de los más de 16.000 vinos evaluados en esta edición.

El vino combina Malbec, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot y propone una reinterpretación propia de un corte de inspiración 100% bordelesa, pero con el Malbec ocupando el centro de la escena. Las uvas provienen de Los Chacayes y se trabaja con fermentación integral en barrica, maceración carbónica en frío y crianza en roble francés. Es, además, un vino pensado tanto para beber hoy como para una guarda prolongada.

Potencia Blend de Escorpio, Bodega del Desierto

 

Hasta el nombre puede formar parte de la construcción de un blend. Potencia Blend de Escorpio, de la línea Desierto Astral de Bodega del Desierto, juega con el universo zodiacal para definir la personalidad del vino. En astrología, Escorpio suele estar asociado con conceptos como intensidad, profundidad, pasión y misterio; atributos que la propia contraetiqueta traslada al vino al hablar de energía, intensidad y una personalidad “singular y misteriosa”.

Es otra manera de plantear el corte: no sólo a partir de las variedades que lo integran, sino también desde una identidad que comienza antes de descorchar la botella. El vino nace en La Pampa, en el norte de la Patagonia argentina, y está compuesto por 45% Cabernet Franc, 45% Cabernet Sauvignon y 10% Syrah. Tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y elaborado por el enólogo Sebastián Cavagnaro, con Paul Hobbs como consultor. A diferencia de otros cortes de la selección, acá no hay Malbec: Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon comparten el protagonismo, mientras que el Syrah completa un ensamble que busca frescura y complejidad.

Wagyu Gran Corte, Carbonero Wines

 

Hay cortes que buscan reinventar una fórmula y otros que parten de una receta reconocible para llevarla hacia un territorio propio. Wagyu Gran Corte, de Carbonero Wines, pertenece al segundo grupo. La bodega familiar mendocina toma como referencia la base del clásico assemblage bordelés, pero cambia el eje: el Malbec ocupa el lugar principal y funciona como la bandera argentina dentro de un corte de clara inspiración francesa.

El blend está elaborado con Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot, tres variedades históricamente asociadas a grandes vinos argentinos de corte. El resultado busca combinar la fruta y el volumen del Malbec con la estructura del Cabernet Sauvignon y la elegancia que aporta el Merlot, en un estilo que mantiene la lógica francesa, pero traducida al lenguaje mendocino.

Ameri Eva Estate Red Blend Orgánico, Domaine Bousquet

 

La familia Bousquet dejó el sur de Francia y encontró en Gualtallary un nuevo lugar para continuar una tradición de cuatro generaciones: en 1997 compró tierras vírgenes al pie de los Andes y comenzó a plantar viñedos en altura. Esa herencia francesa aparece en Ameri Eva Estate Red Blend Orgánico, pero adaptada a una finca mendocina trabajada bajo una filosofía orgánica y sustentable.

La línea Ameri, además, está reservada para uvas provenientes de sectores particulares del viñedo y se embotella sólo en añadas consideradas excepcionales. La cosecha 2023 combina 54% Malbec, 39% Cabernet Sauvignon y 7% Merlot, provenientes de distintos cuarteles de Eva Estate, en Gualtallary, a 1.257 metros de altura, y pasa 12 meses en roble francés. Un vino elegante, potente y de mucha personalidad.

Tinto del Pueblo Las Compuertas, Durigutti Family Winemakers

 

En Tinto del Pueblo el concepto de blend sale de los límites de una finca. Héctor y Pablo Durigutti lo construyeron a partir de uvas de pequeños productores de Las Compuertas, una zona histórica de Luján de Cuyo, Mendoza, en la que desarrollaron gran parte de su proyecto familiar durante los últimos años. Acá, el objetivo no es mostrar una única parcela ni poner el foco en una variedad, sino intentar contar un lugar a través de quienes cultivan sus viñedos.

La propia bodega lo define como un “blend de uvas de Las Compuertas”, donde los varietales pasan a segundo plano. El vino reúne uvas de las fincas de las familias Grosso, Cremasci y Hurtado, provenientes de viñedos plantados entre 1954 y 1966, y funciona como un homenaje a los productores y vecinos que conservaron parte de la historia vitivinícola del lugar.