Durante una semana, José Ignacio deja de ser solo un destino turístico para convertirse en un punto de encuentro singular dentro del mapa audiovisual regional. Ahí confluyen cineastas, productores, financistas, programadores, académicos y un público con alto capital cultural. En ese cruce, el José Ignacio International Film Festival (JIIFF) consolidó, a lo largo de 16 ediciones, un modelo que excede la exhibición cinematográfica y se afirma como una plataforma de generación de valor para la industria.
La nueva edición del festival se celebrará desde este 24 de enero al 1 de febrero con una programación de nueve largometrajes y siete cortometrajes, además de encuentros de coproducción internacional, clases magistrales por expertos y actividades satélite que potencian el desarrollo del sector audiovisual. El hito de esta 16º temporada es la llegada del actor Willem Dafoe para la presentación de la película que protagoniza, The Souffleur, obra del argentino Gastón Solnicki.

La grilla se complementa con La única opción (Park Chan Wook), Woman and Child (Saeed Roustayi), Amelie y los secretos de la lluvia (Mailys Vallade, Liane-Cho Han), Un poeta (Simón Mesa Soto), El agente secreto (Kleber Mendonça Filho, recientemente nominada a los Oscar como Mejor Película y Mejor Película Extranjera), Urchin (Harris Dickinson), Un futuro brillante (Lucía Garibaldi) y Sirāt (Oliver Laxe).
Las funciones tendrán lugar en tres locaciones distintas, siempre con acceso gratuito, en la Bajada de los Pescadores, Bodega Oceánica José Ignacio y Pavilion VIK. Aquellas programadas al aire libre (sábado 24, miércoles 28 y sábado 31, 20:30 horas) no requieren reserva previa; mientras que sí es necesario para las exhibidas en VIK.
Un trueque que resultó en festival
El origen de JIIFF se remonta a 2008, cuando Fiona Pittaluga –hija de Martín Pittaluga, cofundador del emblemático Parador La Huella– despunta su pasión por el séptimo arte montando un cineclub en Bajo el Alma, la casa de su padre en José Ignacio. Para ese comienzo el mismo Pittaluga intercambió con un vecino una valiosa silla por un proyector.
“Cuando arrancamos con el festival, el cine en Uruguay no era una industria. A nadie se le ocurría que podía vivir de eso”, menciona Pittaluga a Forbes Uruguay. También se hablaba de descentralización, porque en ese momento todo ocurría en Montevideo. “Costó el prejuicio de José Ignacio y entender que allí pueden suceder cosas para todo público, no solo para los argentinos que llegan en verano”, dijo.
Los primeros 10 años la evolución fue lenta y constante. A partir de 2020 el festival aceleró su crecimiento sustancialmente. Para entonces ya hacía varios años que el equipo fundador –completado por Mariana Rubio Pittaluga, Pablo Mazzola y Martín Cuinat– había dado el paso decisivo de convertir esa experiencia boutique en un festival de cine al aire libre con una puesta en escena austera pero potente: reposeras sobre la arena y las rocas, mantas de abrigo y una pantalla gigante de espaldas al mar.

“Eso hizo que tuviéramos que tomar decisiones clave relacionadas al crecimiento. Sin dudas la inversión en recursos humanos es prioridad; se necesita un gran equipo trabajando todo el año para llevar adelante el proyecto”, explicó la directora del festival.
A su vez entendieron que el crecimiento del proyecto también pasaba por crear una plataforma de industria. “Nos empezamos a dar cuenta que la demanda estaba sucediendo particularmente en el sector de la industria cinematográfica, de manera tal que quienes más elegían el festival, además de las audiencias que se iban construyendo, eran los mismos hacedores de cine”, explicó, por su parte, Pablo Mazzola, director del área de industria, llamada Working JIIFF, que funciona en paralelo al festival.
El crecimiento que Working JIIFF tuvo durante los últimos años dialoga con un contexto favorable para la industria audiovisual uruguaya que se consolida como escenario de producciones internacionales impulsadas por plataformas como Amazon, Netflix y HBO Max. Este proceso se aceleró durante la pandemia, cuando Uruguay fue uno de los pocos países que permitió rodajes con relativa normalidad, además de sumar un incentivo estatal que alcanzó los US$ 12.000.000.
En ese escenario, JIIFF cumple un rol complementario: no capta rodajes, pero sí posiciona talento, ideas y proyectos a través de su plataforma de industria que acompaña tanto a productores locales que inician su carrera como a obras terminadas y proyectos en desarrollo.
Estos últimos integran la categoría JIIFF Lab, desde la cual pueden aplicar a distintos apoyos, entre ellos el Fondo Pfeffer del Sur valuado en US$ 50.000. El fondo surge a partir de la implicación creciente de María y John Pfeffer, un matrimonio extranjero residente en José Ignacio que comenzó siendo público habitual del festival y se convirtió en main benefactor, impulsando lo que hoy es considerado el mayor fondo privado del sector en América Latina.
“Además de impactar de forma decisiva en un proyecto de la región, este fondo posiciona a Uruguay como un socio atractivo a nivel internacional porque es un mont muy alto para la etapa de desarrollo inicial de un proyecto”, explicó Martín Cuinat. A este esquema se suman otros dos premios, también de US$ 50.000 cada uno, el Musitelli y el Colour, concebidos para el acompañamiento estratégico y sostenido de proyectos en diferentes instancias de desarrollo.

En 2023, la familia Pfeffer también hizo posible la expansión internacional de JIIFF al Festival de Cannes a bordo de un barco, iniciativa que se sostiene ininterrumpidamente desde entonces. “¿Cómo lograr visibilidad internacional desde un país pequeño que nunca fue relevante en la industria?” fue la pregunta que se hicieron los socios fundadores a la hora de pensar la proyección a otra escala. La respuesta –en palabras de Pittaluga–: “encantando a un director de cine de cierto país con una copa de vino nacional, mientras prueba un plato de La Huella”.
Así, como si fuera una embajada uruguaya flotante en aguas francesas, el barco de JIIFF funciona cada año como una oficina para generar vínculos institucionales, potenciar la coproducción regional y dar a conocer Uruguay al mundo.
La filantropía estratégica como modelo de negocio
Detrás del crecimiento sostenido del José Ignacio International Film Festival hay una estructura de financiamiento que articula visión cultural y compromiso privado.
“Cuando iniciamos esto sin duda fue un acto de construcción de deseo cultural y artístico; de querer ver cine en un entorno tan hermoso como es José Ignacio”, recordó Mazzola. “De eso se apropió la gente local y esa misma gente decidió acompañar el festival como una experiencia privada, que en términos de festivales no es común”.
Así se crea el programa Benefactors en diciembre de 2020 a partir de la participación de la familia Pfeffer, ampliando hoy su alcance a un grupo diverso de referentes del mundo empresarial, cultural y creativo.
Entre ellos la familia Kofler (austríacos propietarios de Posada Ayana), el director y productor ganador del Oscar Armando Bo, la familia Englebienne (con Guibert, cofundador de Globant, a la cabeza), Carrie y Alexander Vik (propietarios del grupo VIK), Sandra y Ricardo Torres a través de Fundación Diciembre, Daniela Coll (dueña de La Esteña), y las familias Klenik, Ricagni, Mihura, Aráoz y Madrid Solnicki.

En cuanto al modelo de negocio que permite la sostenibilidad del festival, Mazzola advirtió la necesidad de distinguir lo que es JIIFF, de Working JIIFF como espacio de industria. “El festival está muy sostenido en la filantropía de la comunidad”, comentó acerca de que el mayor ingreso que lo impulsa viene por gestión privada.
En cambio, la experiencia de industria en general emerge desde las políticas públicas, basada en una búsqueda permanente de relaciones institucionales, programas de incentivo audiovisual y alianzas con sponsors.
Un modelo exportable
A 16 años de su primera edición, JIIFF se presenta como algo más que un festival de cine. Es una plataforma híbrida que conecta cultura, industria y desarrollo económico, y que demuestra que es posible construir ecosistemas profesionales de alto nivel fuera de los circuitos tradicionales.
No es casual que la latitud elegida para esta apuesta sea un pueblo pesquero como José Ignacio que, además –según Mazzola– “tiene esa particularidad de ser un polo culturalmente muy creativo”. “Creo que, desde la industria, el valor diferencial tiene que ver con el tiempo; de pensar juntos, de macerar ideas, de crear en comunidad sin que nadie corra”, dice.
Sobre las oportunidades de crecimiento de JIIFF y la posibilidad de escalar sin perder esta identidad tan particular, Mazzola dijo: “Una identidad, entendida como algo constitutivo de la experiencia, siempre se modifica. Pero el tema es si se conserva la esencia o la poética inicial, que es justamente lo que queremos que no se pierda. Seguimos bregando siempre por una película, el atardecer, el mar”.