Durante años, hablar de Pilar como plan de fin de semana remitía casi inevitablemente a countries, golf y grandes espacios verdes. Todo eso sigue ahí, pero el mapa se amplió. Al crecimiento de la zona se sumaron hoteles, nuevos polos de gastronomía y diseño y una escena gastronómica cada vez más ambiciosa, capaz de convivir con algunos restaurantes que forman parte de la identidad del lugar desde mucho antes de que Panamericana concentrara buena parte de su movimiento.
La distancia juega a favor. A menos de una hora de la Ciudad de Buenos Aires es posible, por ejemplo, dormir frente a un campo de golf, pasar por el spa, salir en bicicleta, dedicarle varias horas a una cena de autor o perderse entre gastronomía, diseño y verde. Y también volver a una trattoria que sirve mucho más que pastas desde 1943.
El resultado es un Pilar donde lo nuevo y lo histórico empiezan a construir una escapada con identidad propia.
Hilton Pilar: dormir, jugar al golf y bajar un cambio

Hilton Pilar concentra buena parte de los ingredientes de una escapada dentro de un mismo lugar. Ubicado sobre el kilómetro 60,5 de Ruta 8, en el entorno de Pilar Golf Club, el hotel tiene lógica de resort: grandes superficies verdes y suficientes actividades como para pasar buena parte del fin de semana sin volver a subirse al auto.
El gran diferencial es, naturalmente, el golf. Pilar Golf Club cuenta con 27 hoyos distribuidos en tres recorridos de nueve, además de driving range, alquiler de carros, pro shop y club house. Para quienes quieren armar la estadía alrededor del golf, el hotel ofrece un paquete específico, a partir de $520.000, que incluye alojamiento para dos personas, desayuno, dos green fees, acceso a Eforea Spa y piscina climatizada, además de gimnasio y bicicletas.

La propuesta funciona también en clave familiar. Los fines de semana y feriados hay Kids Club para los más chicos y distintos paquetes admiten modalidad Family Plan. El Paquete Enjoy, por ejemplo, parte de $359.000 e incluye una noche con desayuno, acceso al spa y piscina climatizada, Kids Club, bicicletas, playroom, gimnasio y estacionamiento.
Uno de los grandes diferenciales de Hilton Pilar es su programación propia, que refuerza la lógica de resort. A lo largo del año, la agenda va sumando experiencias que amplían la estadía más allá del alojamiento: clases de coctelería, talleres de arte para chicos, yoga, cenas temáticas y otras propuestas de bienestar y entretenimiento.
Mess: una cena que justifica el viaje

Para entender cuánto cambió el mapa gastronómico de Pilar basta sentarse a cenar en Mess, ubicado en Skyglass 3, dentro del creciente polo de Ayres Vila. El restaurante de Celeste Rizian y Guido Casalinuovo partió de los sabores de Medio Oriente (y de las raíces armenias y griegas de ella), pero nunca buscó reproducir literalmente una cocina tradicional.
Desde el comienzo, cuenta Guido, la idea fue hacer una cocina de Medio Oriente que puliera algunas de sus aristas más rústicas y las llevara al lenguaje de un restaurante contemporáneo, con más equilibrio, técnica y trabajo sobre las texturas.
La apuesta también implicaba desafiar ciertas costumbres de la zona: durante los primeros meses, una propuesta basada en pequeños platos para compartir resultaba disruptiva en una zona históricamente más asociada a pastas, parrillas y pizzas. Con el tiempo, el público respondió y Mess se consolidó como "restaurante de destino", una ambición que estaba presente desde el comienzo.

Hoy la experiencia puede recorrerse de tres maneras: a la carta, que sigue siendo el corazón del proyecto; con un menú degustación corto enfocado en platos más nuevos o a través de un recorrido más extenso que recupera preparaciones convertidas en clásicos.
Hay, además, un gesto que completa la experiencia: Mess no trabaja con doble turno. "A mí me gusta que la gente venga y se quede todo lo que quiera", resume Guido. En tiempos de mesas cronometradas, el tiempo también puede ser parte del lujo.
En la carta actual aparecen desde shawarma de hongos, falafel y arayes de cordero, hasta una tartelette de paté de pato, cebollas y café u ojo de bife al bastermá con boniatos y chimichurri oriental. El baklava, hoy de avellanas y acompañado por un helado elaborado a partir del propio postre tradicional, es uno de los conceptos que permanecen prácticamente desde el comienzo.
La Aldea: un paseo con diseño, verde y brunch

En el kilómetro 44 de Panamericana, La Aldea propone un paseo abierto que reúne gastronomía, moda, diseño y decoración. Sus distintas áreas (Experiencia Sabor, Look & Feel y Deco & Design, entre otras) permiten estirar la visita más allá de una comida puntual.
Dentro de ese circuito, Culto Cocina, uno de los proyectos gastronómicos de Grupo Dobleve, reabrió este año después de su etapa en Vila Center. El nuevo espacio reforzó su perfil de restaurante para todo el día: abre desde las 8.30 hasta la medianoche y los sábados, domingos y feriados suma brunch de 10 a 15.
La apuesta del grupo por La Aldea no termina ahí. Como parte del crecimiento del predio, próximamente también se sumará Locale: una propuesta que trabajará con producción diaria en pequeñas partidas, obrador a la vista y una carta estacional que irá cambiando según el mejor momento de cada ingrediente.
Fettuccine Mario: el clásico que estaba antes que todos

Aunque buena parte del atractivo actual de Pilar pasa por sus nuevas aperturas, sería injusto contar su gastronomía solamente en presente. Fettuccine Mario está en la zona desde 1943 y aporta al recorrido algo que ningún proyecto nuevo puede fabricar: más de ocho décadas de historia.
Sus fundadores, Mario Bianchi y su esposa Ana, abrieron el restaurante cuando Pilar tenía muy poco que ver con la ciudad extendida de hoy. El plato que terminaría definiendo a la casa nació casi por casualidad: Florindo, hijo de la pareja, amasaba pasta para el personal cuando el polista Julio Menditeguy llegó y pidió comer lo mismo. Así comenzaron a hacerse conocidos los fettuccine al ragú.

Hay incluso un detalle que ayuda a explicar su lugar en la historia de Pilar: cuando a comienzos de los años 90 llegó el momento de mudar el restaurante, la familia eligió permanecer en el centro en vez de trasladarse al kilómetro 50, que comenzaba a concentrar buena parte del nuevo desarrollo de la zona.
Pilar cambió mucho en los últimos años, pero sin perder algunos de sus clásicos. Y esa mezcla es, justamente, parte de lo que hoy permite pensarlo como destino para una escapada, incluso estando a menos de una hora de Buenos Aires.