Tras 22 años en el espacio y un rescate fallido, un telescopio de la NASA se prepara para regresar a la Tierra
El observatorio Swift dejó de funcionar después de más de dos décadas dedicadas al estudio del universo. La NASA intentó prolongar su vida útil mediante una misión de US$ 30 millones, pero los problemas técnicos frustraron la operación. Ahora, su reingreso a la atmósfera es cuestión de días.

Después de casi 22 años en el espacio, el Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA llegó al final de su misión. Lanzado en noviembre de 2004 para estudiar algunas de las explosiones más poderosas del universo, realizó su última observación el 20 de octubre de 2026. Ahora se prepara para reingresar a la atmósfera terrestre, donde se espera que gran parte de su estructura se desintegre.

El aumento de la actividad solar aceleró el descenso de Swift. Las capas más altas de la atmósfera se expandieron y comenzaron a frenar al satélite, que fue perdiendo altura cada vez más rápido. Según informó la NASA, el observatorio terminó a menos de 275 kilómetros de la Tierra, donde ya no podía apuntar sus telescopios con la precisión necesaria para continuar sus observaciones.

Como el observatorio no tenía motores para recuperar la altitud por sus propios medios, la NASA organizó una misión de rescate para llevarlo a una órbita más alta y prolongar su funcionamiento. Sin embargo, el operativo fracasó y la agencia no pudo evitar que el satélite continuara acercándose a la Tierra.

El rescate de US$ 30 millones que no logró salvar al telescopio

En septiembre de 2025, la NASA adjudicó un contrato de US$ 30 millones a Katalyst Space, una empresa estadounidense encargada de desarrollar una nave capaz de acercarse a Swift y elevar su órbita. El objetivo era prolongar el funcionamiento del observatorio, que llevaba más de dos décadas estudiando el universo.

La empresa construyó LINK, una nave equipada con brazos robóticos que despegó el 3 de julio de 2026 a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman. Sin embargo, poco después del lanzamiento aparecieron los primeros problemas. Una falla en el sistema que controlaba su orientación dificultaba mantenerla estable, algo fundamental para realizar una maniobra de este tipo.

Los técnicos intentaron solucionar el inconveniente, pero no lo lograron. Finalmente, el 19 de agosto la NASA y Katalyst anunciaron la cancelación del rescate. Aunque LINK continuó realizando pruebas y llegó a acercarse a una distancia de entre 12 y 15 kilómetros del observatorio, nunca pudo completar la operación. El 25 de septiembre, la nave reingresó a la atmósfera terrestre.

Mientras tanto, Swift había suspendido temporalmente sus observaciones para intentar frenar la pérdida de altura. Tras el fracaso del rescate, volvió a funcionar, aunque retomar su actividad también aceleró el descenso. Finalmente, el 20 de octubre realizó su última observación y entró en modo seguro. Ese mismo día, el equipo de operaciones de la Universidad Estatal de Pensilvania envió la orden que puso fin a la misión.

Cuándo regresará a la Tierra y qué puede pasar con sus restos

El regreso de Swift podría darse en los próximos días. Aunque la NASA había señalado inicialmente que el observatorio reingresaría a la atmósfera en las próximas semanas, las estimaciones más recientes apuntan al miércoles 4 de noviembre. Según los cálculos de The Aerospace Corporation, todavía existe un margen de incertidumbre de 26 horas, por lo que la fecha podría cambiar a medida que el satélite continúe perdiendo altitud. 

Tras el fracaso del rescate, Swift retomó sus observaciones científicas, aunque eso también aceleró su descenso hacia la Tierra. (Foto: Laboratorio de Imágenes Conceptuales del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA)

El telescopio pesa alrededor de 1,5 toneladas y se espera que gran parte de su estructura se desintegre por las altas temperaturas que alcanzará al atravesar la atmósfera. Sin embargo, algunas piezas podrían resistir el reingreso y llegar a la superficie terrestre, entre ellas ciertos componentes de tungsteno y partes de los espejos del observatorio.

Aunque lo más probable es que los fragmentos terminen en el océano, la franja de posible reingreso también incluye regiones de África, Australia, Asia, América Central y del Sur. Todavía no se sabe dónde podrían caer los restos, aunque se considera que el riesgo para la población es bajo.

Un observatorio que superó diez veces su vida útil prevista

Cuando Swift fue lanzado, el 20 de noviembre de 2004, la NASA esperaba que funcionara durante apenas dos años. Su principal objetivo era estudiar los estallidos de rayos gamma, algunas de las explosiones más potentes del universo, que pueden producirse cuando mueren estrellas de gran tamaño o cuando se fusionan dos estrellas de neutrones.

Hasta entonces, estudiar estos fenómenos era muy complicado porque algunos duraban apenas unos segundos. Swift permitió cambiar esa situación gracias a su velocidad de respuesta. En aproximadamente un minuto, podía detectar una explosión, determinar dónde había ocurrido y dirigir sus telescopios hacia ese punto. También enviaba la ubicación a otros observatorios para que pudieran seguir el fenómeno antes de que desapareciera.

En 2018, la NASA rebautizó la misión en homenaje a Neil Gehrels, su primer investigador principal, fallecido un año antes. (Foto: NASA)

Uno de sus primeros grandes logros llegó en mayo de 2005, cuando detectó el resplandor dejado por una explosión de rayos gamma de apenas 0,03 segundos de duración. El descubrimiento aportó nuevas pruebas a la teoría de que algunos de estos estallidos se producen cuando dos estrellas de neutrones chocan y se fusionan.

Con los años, Swift amplió sus investigaciones y terminó superando ampliamente las expectativas de la NASA. Durante su funcionamiento, registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y estudió más de 1.400 supernovas, explosiones que ocurren al final de la vida de determinadas estrellas. También observó cómo los agujeros negros pueden destruir a las estrellas que se acercan demasiado. Sus datos contribuyeron a la publicación de aproximadamente 7.000 artículos científicos.

Aunque el observatorio ya no está en funcionamiento, sus registros seguirán disponibles para futuras investigaciones. A lo largo de casi 22 años, reunió más de 1,5 millones de imágenes con su telescopio ultravioleta y óptico, además de otros datos científicos que conforman un archivo público de aproximadamente 12 terabytes.

La pérdida de Swift también obliga a la NASA a buscar nuevas formas de estudiar fenómenos que aparecen repentinamente en el universo. Por ahora, la agencia analiza cómo utilizar sus telescopios actuales para continuar esas observaciones, mientras evalúa el desarrollo de futuras misiones. De esta manera, aunque el satélite esté a punto de desaparecer, la información que recopiló durante más de dos décadas seguirá siendo útil para la comunidad científica.