Del Banco de Bangladesh a Binance: cómo Corea del Norte se convirtió en una potencia mundial del cibercrimen
Los hackers respaldados por el régimen acumulan robos multimillonarios contra entidades financieras y plataformas de criptomonedas. Sin embargo, rastrear los fondos y llevar a los responsables ante la justicia sigue siendo un desafío para las autoridades.

El hackeo a Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo, tuvo una enorme repercusión internacional. Los atacantes, presuntamente vinculados a Corea del Norte, robaron más de US$ 6.300 millones y protagonizaron el mayor robo de criptomonedas de la historia. La cifra supera ampliamente los US$ 1.500 millones sustraídos durante el ataque a Bybit, otra plataforma del sector.

Las autoridades lograron identificar y congelar US$ 3.000 millones, pero recuperar el resto del dinero fue mucho más difícil. Los delincuentes realizaron numerosas transferencias y conversiones entre distintas criptomonedas para ocultar el origen de los fondos robados. Para cuando se detectaron estas operaciones, miles de millones de dólares ya habían pasado por tantos movimientos que era prácticamente imposible recuperarlos.

Sin embargo, el ataque a Binance no fue un caso aislado. Los hackers vinculados al régimen norcoreano acumulan un largo historial de robos millonarios. En 2025, atacaron Bybit y, un año antes, robaron US$ 308 millones de la plataforma DMM Bitcoin. En 2022, también se apropiaron de US$ 620 millones de Ronin Network, una red de videojuegos basada en tecnología blockchain.

Las transferencias entre distintas criptomonedas dificultan el rastreo del dinero y reducen las posibilidades de recuperarlo. (Foto: Pexels)

Según datos de Chainalysis, los hackers norcoreanos robaron aproximadamente US$ 2.000 millones en criptomonedas en 2025, lo que representó el 60% del dinero sustraído mediante este tipo de ataques a nivel mundial ese año.

Robos a bancos

Los ciberataques vinculados a Corea del Norte no se limitaron al robo de criptomonedas. Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2016, cuando hackers norcoreanos robaron US$ 81 millones del Banco de Bangladesh mediante el uso fraudulento de SWIFT, la red internacional que utilizan los bancos para transferir dinero. 

Los delincuentes lograron enviar los fondos desde el Banco de la Reserva Federal de Nueva York a cuentas en Filipinas, donde posteriormente los lavaron a través de casinos. El robo pudo haber sido mucho mayor, pero un error ortográfico en la palabra "foundation", incluida en una de las órdenes de transferencia, despertó sospechas y motivó una revisión manual. Gracias a esa verificación, las autoridades descubrieron el fraude y lograron frenar las transferencias restantes.

El ataque al Banco de Bangladesh tuvo una enorme repercusión internacional, pero no fue el único de su tipo. Los hackers norcoreanos también estuvieron detrás del robo de US$ 12 millones al Banco del Austro de Ecuador en 2015 y de US$ 60 millones al Far Eastern International Bank de Taiwán en 2017. Un año después, en 2018, atacaron al Cosmos Cooperative Bank de la India y se llevaron otros US$ 13,5 millones.

El caso del Banco de Bangladesh mostró cómo una revisión de seguridad puede evitar pérdidas millonarias incluso tras detectar un fraude. (Foto: Pexels)

Estos grupos también fueron responsables de WannaCry, uno de los ataques de ransomware más conocidos de la historia. En 2017, este programa malicioso infectó alrededor de 300.000 computadoras en 150 países y se convirtió en uno de los ciberataques de mayor alcance a nivel mundial. 

¿Quiénes son los hackers?

Los responsables de estos ciberataques reciben formación especializada desde jóvenes. El gobierno de Corea del Norte identifica a estudiantes con habilidades destacadas en ciencias y matemáticas y los prepara para llevar a cabo operaciones de ciberguerra. 

Según un informe del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte, la Universidad Moranbon de Pyongyang cuenta con un programa de cinco años en el que los estudiantes reciben formación militar y aprenden técnicas de hackeo. Parte de esa preparación también se centra en el análisis de sistemas de cifrado, mientras que algunos alumnos continúan su capacitación en China y Rusia.

¿Qué se puede hacer para reducir estos delitos?

Uno de los principales atractivos de las criptomonedas es que están sujetas a menos regulaciones que los bancos tradicionales. Sin embargo, esa menor supervisión también puede dejarlas más expuestas a los ataques informáticos. Para reducir estos riesgos, las plataformas de intercambio podrían adoptar las mismas medidas de seguridad y controles que deben cumplir las entidades bancarias.

Cuanto más tiempo pasa desde un robo, más difícil resulta identificar y recuperar los fondos. (Foto: Pexels)

Entre las medidas que ayudarían a mejorar la seguridad se encuentra el uso de claves físicas de autenticación, como las FIDO2, que permiten verificar la identidad de los usuarios. También sería importante restringir el acceso a las funciones más sensibles de las plataformas y exigir que las transacciones de mayor valor cuenten con la autorización de varios empleados. A esto se suma el uso de firmas criptográficas para verificar que las operaciones sean legítimas.

Otra medida sería mejorar la cooperación entre las plataformas de intercambio, los emisores de stablecoins y las autoridades. Compartir información sobre movimientos sospechosos permitiría detectar antes los robos y congelar los fondos antes de que los delincuentes consigan ocultar su origen. Esto facilitaría la recuperación del dinero. De hecho, en el caso de Binance, la rápida detección del ataque permitió recuperar US$ 3.000 millones en criptomonedas.

Una vez que roban las criptomonedas, los hackers intentan dificultar su rastreo mediante transferencias entre miles de billeteras digitales. También convierten los fondos a otras criptomonedas y utilizan servicios diseñados para ocultar su origen. En muchos casos, el dinero transita por distintas redes blockchain, lo que complica aún más su seguimiento. Una regulación más estricta de estos servicios y sanciones más severas contra quienes participan en el lavado de activos podrían ayudar a frenar estas operaciones.

¿Cómo logró Corea del Norte cometer estos delitos sin enfrentar mayores consecuencias?

Mientras que los hackers vinculados a países como China o Rusia suelen realizar ataques informáticos con fines de espionaje, los grupos norcoreanos buscan principalmente obtener dinero. Según un informe de las Naciones Unidas, la ciberdelincuencia genera aproximadamente la mitad de los ingresos en divisas de Corea del Norte.

La selección y formación de hackers desde jóvenes evidencian el nivel de organización que existe detrás de las operaciones norcoreanas. (Foto: Unsplash)

Uno de los principales obstáculos para combatir estos delitos es que los hackers cuentan con el respaldo del propio gobierno norcoreano, que se niega a extraditarlos para que enfrenten a la justicia de otros países. En 2021, por ejemplo, Estados Unidos acusó formalmente a tres hackers de Corea del Norte de participar en una serie de ciberataques, pero no logró llevarlos ante sus tribunales.

Las sanciones económicas tampoco parecen ser una solución efectiva. Corea del Norte tiene una participación muy limitada en el comercio internacional y ya enfrenta numerosas restricciones. Por eso, imponer nuevas sanciones tendría un impacto limitado en las actividades de estos grupos.

Una intervención militar tampoco se presenta como una alternativa viable. Además de ser una respuesta desproporcionada ante este tipo de delitos, podría provocar una escalada del conflicto y aumentar el riesgo de un enfrentamiento nuclear.

¿Qué se puede hacer entonces?

Una de las principales alternativas es mejorar la seguridad de las plataformas de intercambio de criptomonedas y reforzar la cooperación internacional para perseguir a quienes facilitan el lavado de dinero proveniente de robos. También es importante que las autoridades puedan identificar y congelar los fondos con mayor rapidez, antes de que los delincuentes logren ocultar su origen. Estas medidas podrían dificultar los ataques y aumentar las posibilidades de recuperar el dinero.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.