Antonella Ambrosini Forbes Staff
En Argentina la mitad de los tumores se detecta tarde y, en esos casos, el 80% de los pacientes muere antes de los cinco años. El dato lo dice Marina Simian, que investigó el cáncer durante más de dos décadas. En 2021, junto con su colega Adriana de Siervi, decidió atacar ese problema desde otro lado.
Las dos investigadoras del CONICET convirtieron años de trabajo en Oncoliq, una biotecnológica que desarrolla un análisis de sangre para detectar los principales tipos de cáncer en etapas tempranas.
El salto a emprender
Simian se recibió de bióloga, hizo un doctorado en Estados Unidos y volvió al país para dedicarse a la investigación. Desde 2006 dirigió su propio grupo en el CONICET, con becarios, subsidios y decenas de papers sobre cáncer de mama. De Siervi, en paralelo, dirigía su laboratorio en el IBYME. La pandemia les dio un respiro para pensar.
“Uno con la vida va progresando y llega un punto donde quiere nuevos desafíos”, cuenta Simian en diálogo con Forbes. En febrero de 2021, de Siervi la llamó con una propuesta: convertir en empresa una investigación que las dos venían trabajando desde 2014 en el laboratorio del IBYME.
Se tomaron seis meses para aprender un idioma nuevo. “Hay todo un lenguaje propio del venture capital y de las startups que nosotras no conocíamos”, explica. En 2022 llegó la primera inversión. El año pasado, Simian se desvinculó del CONICET para dedicarse por completo a Oncoliq.
Qué detecta el test y qué no
Oncoliq mide microARN, moléculas presentes en todas las células que regulan sus funciones y también circulan en la sangre. Cuando un órgano empieza a desarrollar un tumor, el patrón de esos microARN cambia. “Eso es lo que nosotros detectamos”, dice Simian. El dato se procesa con algoritmos de machine learning y el resultado es binario: positivo o negativo.
“Nosotros no curamos. Lo único que hacemos es detectar temprano y dar mayores posibilidades de sobrevida”, aclara. La versión anterior del test alcanzó 82% de sensibilidad y 83% de especificidad. Ahora termina una nueva iteración, con mejores métricas según Simian, que espera cerrar en unos dos meses.
En Argentina, el cáncer de mama es el tumor más frecuente, con unos 22.000 casos nuevos por año, según el Instituto Nacional del Cáncer (INC). El primer producto, Oncoliq Mama, complementa la mamografía y apunta sobre todo a mujeres sin acceso cercano a centros de imágenes.
El segundo será para cáncer de pulmón. La idea de fondo es más ambiciosa: “Que vos, así como te controlás el colesterol, puedas controlar todos tus órganos para los principales tipos de cáncer”.
El modelo de negocio y el mercado
El plan comercial arranca desde un laboratorio propio y centralizado, ya montado en el centro porteño y en trámite de habilitación con el Ministerio de Salud. Simian describe tres tipos de clientes: instituciones, como obras sociales y gobiernos; clínicas privadas, en un esquema B2B; y venta directa al consumidor.
La empresa ya factura. Vende soluciones para HPV y cáncer colorrectal con tecnología de terceros, y hace tamizaje de HPV en la provincia de Chubut. El test propio costará alrededor de US$ 70 a precio minorista, antes de negociar volúmenes. La plataforma, automatizada con robots, procesa hasta 60 muestras por día y entrega resultados de un día para el otro.
El primer mercado es Latinoamérica y México asoma como segundo destino, tras dos viajes de Simian. “Queremos llevar la detección del cáncer afuera de las grandes ciudades”, comenta a Forbes. En el interior, argumenta, el acceso a los centros de imágenes es más difícil que en las capitales.
Capital, competencia y la ciencia argentina
El mercado de la biopsia líquida movió unos US$ 4.000 millones en 2025 y se proyecta que llegue a US$ 7.000 millones en 2030, según la consultora MarketsandMarkets. La detección temprana es uno de los segmentos que más traccionan.
Oncoliq está por cerrar una ronda puente de US$ 1,5 millones, anterior a una Serie A prevista para el año que viene. Su ronda seed de 2025 fue una de las mayores del sector biotecnológico argentino. Sin embargo, admite que el acceso al capital no está fácil: en el mundo hay entre 10 y 15 empresas enfocadas en detección temprana no invasiva. GRAIL, la referente del sector, reunió cerca de US$ 2.000 millones; Freenome, más de US$ 1.300 millones. Oncoliq levantó US$ 4,2 millones. La brecha define las reglas del juego.
La diferencia, plantea Simian, pasa por el costo. Su competencia usa tecnologías más caras y, según ella, sin mejores métricas. La ventaja de Oncoliq: nadie aborda estos tipos de cáncer en la región. Ve la salida de la empresa como una adquisición o fusión con una compañía estadounidense grande.
Sobre la Argentina, pide reglas más claras para pasar de la ciencia al mercado. “Argentina tiene la mejor base de capital humano científico de Latinoamérica”, afirma. El paso de la ciencia al negocio, agrega, todavía choca con trámites y con la burocracia de la propiedad intelectual.
El laboratorio que montaron cambió las pipetas por robots: hoy nadie hace la PCR a mano, algo que Simian, después de años en la mesada, todavía cuenta con asombro. La cabeza también cambió de lógica. “Acá, si la cosa no va rápido, hay que dar un volantazo”, dice. El volantazo más grande ya lo dieron: que ese análisis de sangre llegue a la gente a tiempo, antes de que el cáncer siga siendo, la mitad de las veces, una noticia que llega tarde.