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Campo Bit: las últimas tecnologías que revolucionaron el sector

Manuel Parera

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Una nueva ola tecnológica irrumpió de lleno en el agro. Desde sensores hasta la incipiente robótica, los desarrollos se multiplican y florecen, pese al “clima inestable”.

16 Septiembre de 2020 09.00

Así como la aliada y fiel chata, la libreta de anotaciones y la calculadora de bolsillo históricamente acompañaron al ingeniero agrónomo o productor agropecuario en sus recorridas  por los campos. Amigos fundamentales para analizar información, recolectar datos y tomar decisiones, su uso puede estar quedando en el camino. Hoy la era digital comienza a imponer sus normas. Aunque con limitaciones, todo lo relacionado con el clima, la siembra, la cosecha, la fertilización, la pulverización y hasta la logística y comercialización pueden ser atendidas con tecnologías.

El INTA ya lo percibe. Según una encuesta reciente, ocho de cada diez productores o asesores usa apps y plataformas de gestión remota de datos a diario en la producción agropecuaria, y solo un 21,8% afirma que no las incorpora como herramientas de decisión. 

¿Tiene esto que ver con las Agtech? Sí y no. La tecnología siempre acompañó al agro. No solo eso: definió su evolución. Desde hace 30 años, tecnologías embebidas en insumos, productos  o maquinarias como las semillas genéticamente modificadas (GMO), agroquímicos de acción selectiva, la siembra directa, maquinarias más precisas y mejor equipadas tecnológicamente o vacunas para animales han contribuido a aumentar la productividad agrícola y ganadera. El “paquete tecnológico” fue la base de la “revolución verde”, principalmente en la agricultura extensiva (cultivos como soja, maíz o trigo), que permitió a países como Argentina multiplicar sus producciones. Pero, en la actualidad, nos encontramos con un “nuevo paquete tecnológico”. Y el nudo principal a desatar reside en mejorar las tecnologías de manejo, es decir, las prácticas agropecuarias tradicionales, para hacerlas más eficientes y rentables. 

Las Agtech ocupan ese espacio. Los datos del INTA marcan que un 66,8% de los encuestados adoptó nuevas tecnologías porque mejoraron la eficiencia en sus actividades, incrementando su rentabilidad. Y un 44,8% entiende que utilizar una aplicación en su celular es fundamental para  gestionar  información de más de 1.500 hectáreas. ¿Para qué? Para controlar clima, maquinarias en tiempo real, pulverización, siembra, fertilización, cosecha, diferentes tipos de monitoreo y hasta la comercialización de productos. “Lo que hoy hay en Agtech es mucha iniciativa y poca terminación. Por un proceso natural de cómo suceden las cosas. Ha tenido un envión enorme en los últimos cinco años, apoyado por instituciones y empresas privadas, y en algún punto también por el Estado, como la Ley de Emprendedurismo, que permitía la constitución de SAS (Sociedad por Acciones Simplificada), que ahora quieren cambiar”, destaca Sebastián Salvaro, cofundador de la consultora AZ Group y productor agropecuario. 

Su visión es que lo que más está funcionando, en las producciones extensivas, es el análisis de imágenes satelitales, que confluyen en interpretación a través de Inteligencia Artificial (IA). O ingeniería para siembras variables para hacer más eficiente el uso de insumos, como semillas o agroquímicos. “Lo que se busca es la sostenibilidad en términos de utilizar menos para producir y ser más eficientes”. 

En este punto, florecen tecnologías lanzadas por emprendedores que “ven la veta”, hasta grandes empresas que innovan y propician la “transformación digital” de los productores. Plataformas como FieldView de Bayer,  Xarvio de BASF  o la recientemente lanzada Dr. Agro, de Syngenta, el primer asistente virtual comandado por voz, impulsado por Inteligencia Artificial y enfocado en el tratamiento de semillas. El INTA diferenció hasta 160 apps, la mayoría con funcionalidades similares, que utilizan los productores. 

Del lado emprendedor, plataformas como Auravant (de monitoreo de cultivos a través de imágenes satelitales o drones para análisis y generación de prescripciones variables de insumos), SIMA (solución para digitalizar y facilitar la carga de datos directamente en el lote en pos de la planificación de cultivos), BoosterAgro (app climática) o S4 (servicio que con imágenes satelitales provistas por la NASA o la Agencia Espacial Europea genera índices climáticos que cubre de los efectos negativos de sequías e inundaciones, a través de coberturas en el mercado de capitales, en base a metodologías de deep learning e Inteligencia Artificial) son desarrollos que ya asoman consolidados en los campos. 

Ocho de cada diez  productores o asesores usan apps y plataformas de gestión remota de datos a diario en la producción agropecuaria.

¿Por qué estas tecnologías concentran la mayor atención? La respuesta es sencilla: porque muestran beneficios reales. “No todas las tecnologías tienen una propuesta de solución tan clara. Eso conspira contra su adopción”, afirma Gabriel Tinghitella, responsable del Área de Innovación de CREA. 

Por caso, si una tecnología promete ahorrar hasta el 90% en el uso de un insumo, su tasa de adopción obviamente será alta. Es lo que sucede con los sensores de aplicación selectiva de herbicidas para el control de malezas. “Antes se fumigaba todo el lote, en temporada de barbecho (tierra sin sembrar), pero la adopción de sensores que permiten una aplicación selectiva cambia el panorama”, afirma. 

Desarrollos como el Eco Sniper, de Milar, es un claro ejemplo. Fundado hace tres años en Tres Arroyos (ganador del premio Ternium Expoagro 2019), se basa en un sistema selectivo de aplicación de herbicidas que trabaja en barbecho mediante cámaras ópticas. El dispositivo da la orden de apertura de los picos solo ante la presencia de malezas, y permite ahorrar hasta un 80% del insumo. 

También se puede mencionar en este rubro a Deep Agro, una de las ocho finalistas del Zurich Innovation Championship (ZIC), que se realizará en octubre, y que convocó desde principios de año a más de 1.400 participantes. La startup argentina, oriunda de Casilda y Rosario y formada por egresados de la Universidad Nacional  de  Rosario,  avanza  con un sistema inteligente para detectar malezas, no solo en barbecho sino también en presencia de cultivos, mediante  la aplicación selectiva de herbicidas, basado en inteligencia artificial y computer vision. “La computadora por medio de la cámara ve una maleza, la identifica y envía una señal para aplicar agroquímicos solo sobre esa maleza, y no en todo el lote”, destaca Juan  Manuel  Baruffaldi, CEO de la firma que ya trabaja, aunque por ahora como prototipo, en asociaciones con distintas firmas para que incorporen la tecnología en sus equipos. “En Argentina, con la poca gente que tenemos dedicada a Inteligencia Artificial, estamos muy bien. Se están haciendo cosas muy interesantes. En cuanto a inversores, es cierto que la cantidad que hay  no es la de otras regiones.   La estabilidad económica es clave”, destaca, y agrega que la firma está en búsqueda de inversión.

Se mueve

“El ecosistema  agroemprendedor argentino está firme y tomando impulso”. Así lo define Pablo Hary, cofundador y director de Nesters, bautizada como la primera potenciadora argentina de startups Agtech. “Las Agtech que más cotizan hoy son las que logran hacer más eficientes los procesos y prácticas tradicionales. Aquí se incluyen desarrollos más hard, como sensores o robótica, o puramente digitales, que incluyen imágenes satelitales y cruces de información. En estas últimas, las barreras de adopción son más elevadas por lo cultural, pero también por incluir una propuesta de valor más sofisticada”, afirma. 

La aceleradora lanzó el año pasado una alianza estratégica con CREA y la Sociedad Rural (SRA), denominada Red de Potenciación de Startups, que ya inviritó en ocho compañías de la región (en alianza con The Yield Lab Latam), y durante 2019 realizó siete encuentros, con 14 compañías potenciadas. “Es un camino largo, pero vino tomando im- pulso en los últimos cinco años. Lo veo en movimiento, con Brasil como líder regional”, afirma. 

Según Hary, las principales falencias obviamente se marcan por el lado de la inestabilidad económica, la falta de acceso a capital de riesgo (“diferencia abismal con Estados Unidos”) y la infraestructura de comunicaciones (conectividad). También percibe una “falta de integración” de las distintas soluciones y actores. “Hay mucha oferta, y muchas soluciones se solapan o no se integran. Es complejo porque en el agro, por cuestiones de tiempos biológicos, es difícil testear de manera veloz”, afirma.

Tomás Peña, director de The Yield Lab Latam, aceleradora de empresas, destaca a Rosario, Pergamino y Río Cuarto como ciudades agrícolas donde se están desarrollando ecosistemas “interesantes”, replicando polos como Piracicaba o Londrina, en Brasil, o St. Louis en Estados Unidos. “Hay una enorme oportunidad para el crecimiento de las Agtech en la Argentina. El mercado está más atrasado que en otros países, pero el talento está”, apuesta. 

La compañía va por su tercera edición del programa de aceleración para firmas de la región, al que se presentaron más de 250 emprendimientos, de los cuales quedarán cinco, que recibirán hasta US$ 100.000 cada uno, y asesoramiento para el desarrollo del negocio. Ya invirtieron en Agtech como Agree Market, Kilimo y Eiwa, de la Argentina, que ya tienen expansión internacional, así como Circular y Digirodeo, recientemente. Según sus datos, en la región hay actualmente un abanico de 650 startups potenciales para invertir, la mitad en Brasil. “Para ser más competitivos se requiere un ecosistema integrado y en red, donde los productores se puedan vincular con las startups y empresas. También que los ingenieros agrónomos sean expertos en tecnología, aunque hoy el sistema no los prepara”, afirma. 

Algo parecido cree Tinghitella. “El talento sin dudas está, pero en el sistema académico no hay cultura emprendedora. Al menos el sistema no está aceitado y falta integración entre las piezas”, afirma. Por eso, desde CREA, en 2017  lanzaron  el área de Innovación, que busca dar soporte y mentoría a iniciativas para llegar al testeo y validación. “Se busca dar el seguimiento a los emprendedores y difusión. Estos proyectos ya son riesgosos per se, y más en un país que tiene un 50% de inflación. No está allanado el camino, pero igual así surgen ideas y desarrollos que primero se basaron en sensores o imágenes satelitales, y llegan hasta lo más nuevo, como robótica y automatización”. 

Las disruptivas

Las  tecnologías  que  ganaron más terreno en adopción son las “de eficiencia”.  Precisamente, las que van alineadas a gastar menos: “En los últimos tres años, se adoptaron mucho más rápido que en los últimos 20. Y claramente está zonificado. En el norte, NOA y NEA la adopción es más rápida por dos características: una es la edad del productor o empresario, que es más joven; y otra es la extensión de los campos. Si te vas a lugares donde hay campos más chicos, como en el centro de la provincia  de Buenos Aires o Entre Ríos, por ejemplo, cuesta un poco más”, destaca Salvaro. 

Pero ¿cuáles surgen como tendencias último modelo? Salvaro las cataloga como “disruptivas”, y refiere a aquellas tecnologías que tienen que ver con el Big Data, la Inteligencia Artificial o Internet de las Cosas, en primer lugar (aquí se incluyen por ejemplo las aplicaciones selectivas de herbicidas, con un uso ya considerable), u otras que empiezan a surgir basadas en automatización y robótica (todavía incipientes), hasta trazabilidad (blockchain). De estas remarca que su uso aumentó rápidamente a partir de la pandemia, pero que todavía “no está claro cuánto valor están agregando a la actividad productiva”. 

ZoomAgri es un claro ejemplo de un desarrollo disruptivo. La compañía desarrolla soluciones para la determinación de calidad de commodities agrícolas, por medio de Inteligencia Artificial y procesamiento de imágenes. Básicamente, la aplicación le saca una foto a una muestra de grano, en el lugar de recepción o descarga, y en tiempo real mediante algoritmos logra determinar la calidad, de manera precisa y a bajo costo. Por ejemplo, determinar la pureza varietal de una muestra de cebada antes tomaba un proceso de cinco días, mediante muestra de ADN. Ahora se puede resolver en tres minutos. 

Fernando Martínez de Hoz, cofundador de la compañía, afirma que en plena pandemia el negocio se aceleró y que en los últimos dos meses lograron  cerrar  veinte  contratos en Europa, donde están por comenzar la cosecha. La aplicación tiene dos años y medio de vida, sus soluciones   ya pueden ser adquiridas en once países, y el objetivo es diversificarse. “Estamos avanzando en  soluciones  para soja, maíz, trigo y sorgo. Notamos que en esta pandemia muchas personas dentro de las compañías están con más tiempo para pensar y predispuestas a analizar estas nuevas soluciones digitales”, destaca. 

También están las que ganan por el contexto. La herramienta Smart Silobag, de la firma Wiagro, nació como un diseño pensado en el control de la calidad granaria dentro de los silobolsas (mide temperatura,  humedad y dióxido de carbono de los granos en el bolsón). Lo hace a través     de sensores, pero la realidad se impuso y hoy su principal difusión viene por el lado de la prevención de hechos de vandalismo. “A raíz de lo que está ocurriendo en los campos, la funcionalidad de protección pasó a ser la estrella.

Ni bien detecta un desplazamiento de grano o rotura, se envía un mensaje directamente al productor, de forma instantánea, al Whathsapp o al correo electrónico”, afirma Martín Cordasco, CEO de Wiagro. 

La solución tiene cinco años, y la firma todavía no recibió capital externo, pero se mantiene con las ventas: “Ahora a raíz del flagelo del vandalismo tenemos una gran demanda, y la necesidad de tratar de captar fondos para producir los sensores. Estamos exportando a Brasil, próximamente a Estados Unidos y Uruguay”, cuenta. 

Otra clasificación podría ser todo lo relacionado con la automatización y robótica. “En robótica se está avanzando un montón porque se aplicó a niveles muy micro, pero ya    lo están llevando a grandes sembradoras. Estamos en los primeros pasos de una pendiente disruptiva”, dice Salvaro. 

Es algo que  Tinghitella t también cree que llegará  del  corto a  mediano  plazo.  “Ya  existe  en  cultivos  intensivos  y en pequeñas escalas, como en viñedos o los robots de ordeñe en los tambos, pero va a llegar a la siembra, pulverizaciones o control de malezas. La tecnología ya está disponible pero falta la legislación”. Comenta que en Alemania, en la feria Agritechnica, la más grande del mundo bajo techo, multinacionales como CASE o John Deere ya presentan modelos de tractores, fertilizadoras o sembradoras totalmente autónomos. 

Por último, otra veta que está surgiendo fuerte, y que los especialistas mencionan, se relaciona con el desarrollo de las foodtech. “Hay un potencial muy grande en la producción de alimentos a base de proteínas vegetales y alternativas. Tiene gran relación con toda la nueva tendencia en     la alimentación que está habiendo, como con el caso de las carnes celulares”, comenta Hary. También menciona iniciativas como Tomorrow Foods o Polynatural (Chile), que innovó con un polímero comestible para recubrir frutas y conservar sus propiedades por más tiempo.

Transformación eficiente 

De acuerdo con el informe “El campo argentino en números”, elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (FADA), el sector agropecuario representa un 9,92% del PBI argentino. Empresas como la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) son un fiel reflejo del agro. Formada por más de 140 cooperativas agropecuarias distribuidas por todo el país, y como una de las más representativas en la recepción de granos, la necesidad de ser eficiente se impone. Recientemente innovó con tecnología Citrix SD-WAN para dejar atrás los fallos en la conectividad que entorpecían sus actividades, sobre todo en los campos alejados de los grandes centros poblacionales. “La fluidez de operaciones y la experiencia de empleados y clientes que alcanzamos es un logro en el contexto desafiante que presentan las localizaciones remotas en términos de conectividad. La solución de Citrix cumplió y superó nuestras expectativas: no solo implicó un ahorro de costos, sino que acercó estabilidad a nuestro negocio y al de todas las cooperativas implicadas”, afirmó Gustavo Costa, responsable de Infraestructura y Soporte de ACA.