Una problemática unión monetaria

“La desigualdad entre economías, pudiendo escoger de ejemplo a las dos que la impulsan, podría acabar siendo un lastre.”

Hace unas semanas hablábamos sobre la nueva moneda que tratan de impulsar economías como Brasil y Argentina. El sur, que sería el nombre de la divisa que nace de esta nueva unión monetaria, es un proyecto que trata de fomentar, aún más, las relaciones entre las economías latinoamericanas. Con el objetivo de facilitar el comercio, la nueva divisa se presenta como la alternativa al dólar en acuerdos comerciales como Mercosur, y eso, atendiendo a esa dificultad que tienen estas economías para acceder a la divisa norteamericana, da alas a una idea que hoy se encuentra en vías de desarrollo.

De ver la luz, hablamos de la segunda unión monetaria más importante del mundo, y esto alimenta las ganas de unos presidentes como Luiz Ignácio Lula da Silva y Alberto Fernández, que hasta han celebrado una cumbre para presentar y debatir el proyecto.

Lula y Alberto Fernández (Télam)

Y hemos de señalar que en la cumbre citada se invitó al resto de economías latinoamericanas a unirse al proyecto, en tanto en cuanto la moneda se presentaba como una moneda para toda Latinoamérica y no, pese a lo que podía parecer, para Brasil y Argentina únicamente.

Sin embargo, pese a que hablamos de un proyecto que, en teoría, puede sonar fenomenal, hemos de señalar que hablamos de un proyecto que, en la práctica, no solo costaría ponerlo en marcha, sino que, de la misma manera, presentaría grandes problemas tras su implantación. Los beneficios, que se materializan en el comercio entre estas economías, se conocen. Brasil supone casi el 20% de las exportaciones argentinas y el 15% de sus importaciones. Y de la misma manera, la primera economía de América Latina exporta alrededor del 5% de sus bienes y servicios a su vecino del sur; y esta moneda facilitaría el comercio entre estas economías, pudiendo incrementar el volumen.

Asimismo, es importante recordar lo citado al inicio. Pues la inaccesibilidad de Argentina al mercado de dólares también es un gran incentivo para apoyar esta iniciativa.

No obstante, pese a los beneficios que tendría esta moneda para la economía brasileña y, en especial, para otras economías con problemas inflacionarios, la misma problemática que atraviesan algunas de estas economías, debiendo señalar la gran desigualdad entre las economías que conforman la región, serían un gran problema en la implantación de la nueva moneda. De los programas que han tratado de implantarse en el Mercosur, en la práctica, pocos han tenido éxito. Y esos problemas inflacionarios que viven muchas de estas economías, tras la implantación, podrían acabar contagiando a otras economías más sanas que quedarían afectadas tras la apertura de esta nueva vía de contagio.

 

Atendiendo a diversos papers que tratan de analizar el comercio generado a través de Mercosur, en 2019, pese a la implantación de un sistema similar, que también trataba de fomentar el comercio entre las economías que conforman el tratado, solo el 5% de las exportaciones brasileñas, y el 2,5% de las importaciones de Argentina, pasaron por este sistema. La intención del presidente brasileño, así como la del argentino, es cambiar la situación en este nuevo intento de unión, pero no sabemos hasta qué punto podríamos llegar si se implantara el que ahora debatimos

Pero, con todo, este es el menor de los problemas que encuentra la nueva moneda. La desigualdad entre economías, pudiendo escoger de ejemplo a las dos que la impulsan, podría acabar siendo un lastre para aquellas economías más saneadas, que podrían acabar contagiándose por esta nueva vía de cooperación que se establecería. Con una inflación cercana al 100%, Argentina atraviesa un severo problema monetario, y el peso es una moneda muy, pero que muy devaluada. Y Brasil, por otro lado, presenta una inflación que no llega al 6%, y una moneda más estable.

Esto, en la práctica, y con una moneda que pretende basarse en un sistema de tipo de cambio fijo, significa que, en caso de seguir devaluándose el peso respecto a la moneda brasileña, que pasará, Argentina seguiría manteniendo el tipo de cambio, aprovechándose en la compra de bienes y servicios a un precio mucho más bajo. Para Brasil, como podemos imaginar, significa exportar con un menor beneficio, contagiándose de una problemática que, tras la implantación, empobrecería a todo aquel que utilizase esta nueva divisa. 

 

Como podemos apreciar, el análisis nos dice que hablamos de una moneda que presenta ventajas, especialmente para Argentina por no tener acceso a los mercados internacionales de capitales desde que incumplió el pago de su deuda por novena vez en 2020, y desventajas. Sin embargo, es muy probable que la nueva moneda acabe siendo lo que es en este momento, un proyecto, y que, tras el debate, muchas economías se opongan a un proyecto que precisa una mayor igualdad, y mucho más trabajo, para su implantación.