Ganar un Best in Show en los Decanter World Wine Awards ya es un logro reservado para muy pocos. Repetirlo al año siguiente es otra historia. Y Rutini Wines volvió a conseguir la máxima distinción del certamen británico con su Rutini Single Vineyard Gualtallary Malbec 2023, que obtuvo 97 puntos y se convirtió en el único vino argentino incluido entre los 50 mejores vinos del mundo seleccionados por Decanter.
La dimensión del reconocimiento ayuda a entender su relevancia. En la edición 2026, los Decanter World Wine Awards reunieron cerca de 17.000 etiquetas de las principales regiones vitivinícolas del planeta, evaluadas a ciegas por Masters of Wine, Master Sommeliers y especialistas internacionales. Sólo un grupo extremadamente reducido alcanza la categoría Best in Show, considerada la máxima distinción del concurso.
Para Rutini, además, el premio tiene un significado especial. La bodega ya había alcanzado ese reconocimiento con la cosecha 2021 del mismo vino y ahora vuelve a conseguirlo con la añada 2023, una continuidad poco habitual que habla de consistencia más que de casualidad.
La mejor cosecha de premios para el vino argentino
El logro de Rutini tampoco llega de manera aislada. La edición 2026 de los Decanter World Wine Awards fue la de mejor desempeño histórico para la Argentina: el país obtuvo 367 medallas, entre ellas ocho Platino, 52 Oro, 179 Plata y 127 Bronce. En ese contexto, el reconocimiento conseguido por Rutini representa el punto más alto de una actuación que volvió a posicionar al vino argentino entre los grandes protagonistas del escenario internacional.
"Nuestro objetivo nunca es elaborar un vino para ganar un concurso, sino hacer el mejor vino posible, respetando la identidad del viñedo y el carácter de cada añada”, afirma Santiago Ribisich, CEO de Rutini Wines, agrega: “Haber obtenido el Best in Show en dos años consecutivos es una enorme satisfacción porque confirma la consistencia de un trabajo que lleva muchos años. Lo vivimos más como una responsabilidad de mantener nuestros estándares de calidad que como la obligación de repetir un premio".
Pero el impacto de un galardón de esta magnitud también trasciende lo simbólico. En un mercado internacional cada vez más competitivo, donde miles de etiquetas buscan captar la atención de importadores, distribuidores y, sobre todo, consumidores, un reconocimiento de Decanter funciona como una poderosa carta de presentación.
"Los premios como Decanter tienen un valor enorme porque actúan como una validación independiente y altamente respetada a nivel internacional. En mercados cada vez más competitivos, una distinción como un Best in Show ayuda a generar confianza, abrir puertas y acelerar conversaciones comerciales. Lo verdaderamente importante es construir una identidad sólida y mantener una calidad consistente a lo largo del tiempo", sostiene Ribisich.
Innovar respetando la historia
Con más de cien años de trayectoria, Rutini enfrenta un desafío que va más allá de elaborar grandes vinos: preservar una reputación y trayectoria con un mercado en continuo movimiento.
"El legado de más de un siglo de Rutini nos aporta experiencia, conocimiento y una filosofía de trabajo basada en la búsqueda permanente de la calidad. Al mismo tiempo, la innovación es indispensable para seguir evolucionando”, remarca el CEO y agrega: “Innovamos en el conocimiento de los terruños, en las prácticas vitícolas, en la tecnología aplicada a la elaboración y en nuestra capacidad para interpretar cada lugar de una manera más precisa, pero siempre con un objetivo claro: expresar mejor el origen y la calidad del vino sin perder nuestra esencia".
Gualtallary, el origen detrás del reconocimiento
Detrás de la botella premiada hay otro protagonista: Gualtallary. Ubicado en el norte del Valle de Uco, este terroir de montaña se consolidó como uno de los grandes nombres de la vitivinicultura argentina gracias a su combinación de altura, suelos complejos y condiciones naturales capaces de dar origen a vinos de enorme precisión.
Los propios jueces de Decanter destacaron que el vino logra expresar "la naturaleza salvaje de Gualta" sin que la crianza en roble opaque el carácter del lugar. En su evaluación describieron un Malbec de color púrpura profundo, con aromas de grosella negra, mora, flores y cáscara de cacao, una marcada impronta mineral y taninos finos que sostienen un perfil intenso, fresco y equilibrado.
Para Juan Pablo Murgia, enólogo de Rutini Wines, ese equilibrio es precisamente el mayor desafío. "Coincido con esa apreciación, aunque sumaría a esa descripción de naturaleza salvaje el equilibrio y la fineza que logra expresar este vino. Son cualidades que, en apariencia, podrían resultar antagónicas, pero cuando se consigue domar ese carácter, el resultado es un vino extraordinario".
Según explica, ese perfil no responde a una receta sino a un trabajo de interpretación permanente del viñedo. "En vinos tan especiales como este no existen fórmulas. Lo que hay es un seguimiento extremadamente minucioso de las parcelas, desde la poda hasta la cosecha, siempre con el equilibrio como objetivo principal. La sensibilidad para interpretar cada decisión es clave en este tipo de vinos".
Murgia sostiene que ese respeto por el origen fue determinante para que el vino sobresaliera entre miles de etiquetas degustadas a ciegas. "Como condición indispensable encontraron un gran vino, capaz de emocionar por su fuerza, su energía y su equilibrio. Pero aquello que lo convierte en un Best in Show es su profundo sentido de pertenencia y su carácter distintivo, que lo transforman en una expresión auténtica de un lugar único: Gualtallary".
El desafío: conquistar al consumidor
Más allá del premio, el reconocimiento también deja planteada una pregunta que atraviesa hoy a toda la industria: ¿qué es más difícil, hacer un gran vino o convencer al mundo de que realmente lo es? Tanto Ribisich como Murgia coinciden en que ambos desafíos están íntimamente ligados, aunque construir reputación suele demandar incluso más tiempo que elaborar un vino de excelencia.
"Hoy es un poco más difícil convencer al mundo de que es un gran vino. En un mercado global con miles de etiquetas de excelente calidad, construir reputación, generar confianza y lograr que consumidores, críticos e importadores reconozcan ese valor lleva años de trabajo consistente", sostiene Santiago Ribisich.
Juan Pablo Murgia coincide con ese diagnóstico: "Creo que ambas cosas van de la mano. Sin embargo, diría que es un poco más difícil lo segundo. Aunque vamos por muy buen camino: hoy el mundo ya reconoce que Argentina produce vinos de clase mundial".
En una industria donde las grandes etiquetas se miden por su capacidad para sostener resultados durante décadas, el segundo Best in Show consecutivo de Rutini representa mucho más que una medalla. Es la confirmación de que una bodega con más de un siglo de historia puede seguir construyendo prestigio sobre la innovación, la lectura del terroir y una calidad consistente. Y, al mismo tiempo, vuelve a colocar al Malbec argentino en el lugar donde pertenece: entre los grandes vinos del mundo.